Quinto Día

Pulso Firme: una operación que entrena el alma de la Fuerza Aérea Uruguaya

El polvo se levanta con cada despegue. En el corazón del país, entre los llanos de Durazno, la pista de tierra de “La Carolina” se convierte por unos días en un campo de maniobras aéreas de máxima exigencia. Entre el lunes 24 y el miércoles 26 de noviembre, la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) desplegó uno de sus ejercicios más completos y exigentes: Pulso Firme. Más que una simulación, se trata de un entrenamiento integral que condensa lo técnico, lo doctrinario y lo humano. Un ejercicio donde se respira profesionalismo, compromiso y una constante búsqueda de superación. El martes 25 se permitió la presencia de periodistas.

Pulso Firme es un ejercicio anual, pero su significado va más allá de la simple repetición en el calendario. Representa el cierre de un proceso formativo clave: la planificación estratégica de misiones que llevan adelante los mayores de la Escuela de Comando y Estado Mayor Aéreo (Ecema). Durante meses, estos oficiales han recibido formación intensiva en doctrina, organización de operaciones aéreas y liderazgo. Ahora, ese conocimiento se pone a prueba en condiciones reales, bajo presión, con objetivos complejos y en un escenario simulado de combate.

El Brigadier General Aviador Alejandro Trujillo, comandante del Comando Aéreo de Operaciones, es claro al explicar el propósito de este ejercicio. “Lo que van a ver es el resultado de un proceso que comenzó a fines de agosto. Es un entrenamiento donde los oficiales aprenden a planificar misiones bajo un enfoque que prioriza lo más difícil: la misión bélica. Esa complejidad les permite después aplicar la misma estructura de pensamiento a cualquier operación, ya sea un rescate, una misión humanitaria o un ejercicio conjunto con otras fuerzas”.

La elección de la misión bélica no es casualidad. Dentro de la planificación militar, estas misiones son las más complejas porque implican múltiples factores: coordinación inter-unidades, ejecución simultánea en tierra y aire, logística, control del espacio aéreo, respuesta ante imprevistos, inteligencia previa y comunicaciones seguras. Todo esto se articula dentro de una doctrina estandarizada: la doctrina OTAN. En base a ella, cada parte del ejercicio sigue un lenguaje común con otras fuerzas aéreas occidentales, lo que garantiza interoperabilidad en escenarios internacionales.

Este año, el escenario planteado fue el siguiente: un país enemigo –denominado “país verde”– toma control de una porción del norte del “país rojo”, que representa al norte del territorio nacional. La ocupación llega hasta el límite entre Tacuarembó y Paysandú. La misión de la Fuerza Aérea es recuperar ese territorio y liberar un campo de prisioneros. El país invasor ha desplegado sistemas antiaéreos, radares, pistas de aterrizaje y otras defensas. Para hacerle frente, se estructuran operaciones aéreas en paquetes coordinados de aeronaves, conocidos como Comao (Composite Air Operations).
Cada Comao representa una ofensiva distinta, con aeronaves que cumplen roles específicos: ataque, vigilancia, transporte, paracaidismo, apoyo aéreo cercano, recuperación de pilotos caídos, y control del espacio aéreo. Trujillo los describe como “paquetes de vuelo”, donde cada avión tiene una función asignada que debe ejecutar con precisión milimétrica.

Durante tres días, se realizaron cuatro Comao. Una el lunes, tres el martes (mañana, tarde y noche) y una final el miércoles al mediodía. En cada una, la sincronización fue absoluta. En tierra, tropas especiales se desplazaban con igual disciplina, en una coreografía que mezcla táctica, adrenalina y conocimiento técnico. Las misiones incluyeron tiro real con bombas, cohetes y Minigun, lanzamiento de paracaidistas, extracción de unidades aliadas, simulacros de rescate de pilotos (C-SAR), y vigilancia aérea activa.
La escala del ejercicio también impresiona. Desde la Brigada Aérea Nº1, participaron aeronaves como el Lockheed KC-130H Hércules, varios CASA C-212 y helicópteros Bell 212 y AS365N2 Dauphin. La Brigada Aérea Nº2 aportó con aviones de combate jet Cessna A-37B Dragonfly y Pilatus PC-7U turbohélice. A esto se sumaron aeronaves de la Escuela Militar de Aeronáutica y de la Dirección Nacional de Aviación Civil, así como la presencia destacada del radar móvil Indra Lanza 3D, operado por el Escuadrón de Vigilancia Aérea.

Ese radar, ubicado estratégicamente, es un componente clave en la misión. Su capacidad de despliegue le permite adaptarse a la necesidad del mando, brindando control táctico en tiempo real. El Mayor González, comandante del Escuadrón de Vigilancia Aérea, explicó con claridad su función: “Este equipo nos permite ejercer control aéreo en zonas de alta congestión. Desde aquí dirigimos el tránsito de las aeronaves, garantizando que cada una sepa dónde ir, cuándo actuar y qué hacer. Todo debe estar perfectamente coordinado. Parece que el cielo es grande, pero los aviones se pueden cruzar. Nuestro trabajo es que eso no ocurra”.

González también agregó que este tipo de ejercicios permite entrenar al escuadrón en condiciones operativas reales, lejos de la comodidad de una base fija. “Cada vez que desplegamos el radar, buscamos ser autosuficientes. Por eso llevamos carpas, camiones, generadores y todo lo necesario para operar sin depender de terceros. Somos como un centro de control aéreo portátil”.
En paralelo a las operaciones aéreas, se desplegaron misiones terrestres. Uno de los momentos más destacados fue la operación de rescate del campo de prisioneros, ejecutada por la Escuela Militar de Aviación, que se sumó como fuerza terrestre a la simulación. Esta participación permite a los futuros oficiales experimentar un escenario realista, donde el aire y la tierra trabajan en conjunto.

El diseño de Pulso Firme está pensado para eso: reproducir la complejidad real de una operación militar. Durante el ejercicio, los participantes deben interpretar mapas operativos, leer códigos, aplicar doctrina, mantener comunicación segura, coordinar medios, liderar grupos humanos y responder ante cambios del escenario. Nada se deja librado al azar.
La preparación previa también es parte clave del éxito. Meses antes del despliegue, los alumnos de Ecema comienzan el diseño de la operación: analizan el entorno, el enemigo simulado, los medios disponibles, los tiempos de ejecución y los posibles escenarios de contingencia. A lo largo del proceso, son acompañados por instructores que supervisan y guían la toma de decisiones. Pero la responsabilidad final es de los alumnos: ellos dirigen la operación.
Ver despegar un avión desde La Carolina es también ver despegar una decisión tomada con criterio y visión estratégica. Cada vuelo representa no solo un ejercicio físico, sino la culminación de un ciclo de aprendizaje. En ese sentido, Pulso Firme no entrena solo al músculo operativo de la Fuerza Aérea, sino su cerebro doctrinario.

El ambiente en el destacamento es de constante movimiento. Entre vehículos tácticos, puestos de comunicaciones, carpas de mando, zonas de alimentación y puntos de vigilancia, todo está dispuesto como si la misión fuera real. La organización logística es otro de los aprendizajes: saber vivir, operar y sostenerse en el terreno durante varios días, sin afectar la calidad de la operación, es también parte del entrenamiento.
Pulso Firme es también una demostración de cohesión. Participan oficiales, suboficiales, soldados, personal civil y alumnos. Todos tienen un rol. Todos son parte del engranaje. Desde el operador de radar hasta el piloto de combate, desde el paracaidista hasta el técnico de mantenimiento, la misión se construye entre todos.
En su conjunto, este ejercicio refleja la visión moderna de la FAU: una Fuerza entrenada para operar en diversos escenarios, adaptable, integrada a estándares internacionales y comprometida con la defensa del país y la cooperación internacional. En palabras del Brigadier Trujillo, “esto no es solo un ejercicio. Es una muestra del nivel al que estamos operando. Nos preparamos con rigor porque entendemos que la preparación es lo único que no se puede improvisar”.

En un mundo donde las amenazas cambian, las tecnologías evolucionan y las misiones requieren rapidez de respuesta, la Fuerza Aérea Uruguaya parece dispuesta a mantener su pulso firme. No solo en el aire, sino también en su compromiso con la formación, la interoperabilidad y la excelencia operativa. Porque entrenar no es repetir: es prepararse para lo inesperado. Y eso, en definitiva, es lo que mantiene viva la esencia de la Fuerza.

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