De los festejos a la tragedia: conocido vecino de San Javier falleció en incendio

San Javier, el pueblo rionegrense que ayer festejaba con algarabía el triunfo de Uruguay ante Rusia, se vio hoy golpeado por la tragedia cuando un voraz incendio cobró la vida de un apreciado vecino.
Próximo a las 10 de esta mañana, José María Duque Ferreira, de 77 años, se encontraba en el estar de su casa de calle 18 de Julio en San Javier, lindera a la de su hermana, quien en ese momento había salido a hacer unas compras. Como todos los días, había dejado encendidas varias velas en la ventana frente a la casa y en una mesa de luz de una habitación, en ofrenda al Gauchito Gil.
Viudo desde hace cuatro años, Duque se había hecho traer una capilla de la imagen religiosa desde Argentina, la que ubicó frente a su hogar, al lado de la puerta de entrada, y mantenía velas encendidas en su honor.
El fuego fatídico se inició en la ventana del dormitorio que da a la calle, al tomar el cielorraso, construido de cartón, con paja y viruta de madera como aislante térmico, así como antiguos muebles de madera y un par de colchones de la cama. Probablemente Duque, que se encontraba en la habitación contigua y tenía visión limitada debido a que era ciego de un ojo, no habría notado el incendio, hasta que la magnitud fue tal que un espeso humo tóxico invadió el ambiente donde se encontraba, intoxicándolo.
Las llamas consumieron todo el mobiliario de las dos casas contiguas, hasta que con el esfuerzo de más de 60 vecinos y personal del municipio se logró controlar la situación, utilizando baldes con agua que aprovisionaban de una cisterna atmosférica que se destinó a tal fin.
Posteriormente, Bomberos del destacamento de Young extinguieron el fuego que aún quedaba y enfriaron el edificio.
José María Duque Ferreira era un apreciado vecino de San Javier que vivió toda su vida en la localidad, con estrechos vínculos sociales en Paysandú. Hijo de Hermenegildo Santos Duque, apodado “Lea”, reconocido pescador que habitaba anteriormente en la isla Paso Montaña frente a la localidad, vivía en la casa que desde hacía casi 80 años ocupaba su familia, en un predio del Instituto Nacional de Colonización.
Su deceso produjo gran congoja en San Javier, así como en Paysandú, donde era conocido tanto por sus vínculos sociales como a través de sus hijos y familiares directos, algunos de los cuales tuvieron una prolífica carrera en la fuerza policial sanducera.