Con la mira puesta a dos años

El año 2022 comienza con la mirada puesta en el 2024. Tanto el gobierno como la oposición tienen en su horizonte el año electoral y las decisiones que se adopten en los meses siguientes se harán con el horizonte puesto en las reacciones del otro lado.
El 2021 finalizó con debates cerrados en el Parlamento, que instalaron temas polémicos y cruces dentro de la coalición de gobierno. El último tema fue la ley forestal, pero vendrán otros y la mayoría opositora se prepara para esas jornadas.
Con el veto presidencial sobre esa iniciativa, se marca la cancha para el escenario político que se retomará, luego de escasas vacaciones. Porque se viene el referéndum sobre 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) que será el último domingo de marzo. Y, a pesar de que durante el año que culminó, el Poder Ejecutivo ignoró una campaña que comenzó con grandes dificultades a raíz de la pandemia de COVID-19, sus resultaron adquirieron fuerza y relevancia, hasta que ganaron los titulares.

El Gobierno se dio un baño de realidad cuando se contabilizaron casi 800.000 firmas, de las cuales la Corte Electoral validó las necesarias para efectuar una consulta popular.

Hoy, con el diario del lunes, no es muy difícil especular sobre lo sucedido si el mandatario hubiera encabezado la campaña a mediados del año. Sin embargo, no respondió ante ese escenario planteado y prefirió continuar en medio de una contingencia que apuraba el paso a otras decisiones sanitarias y de política social.
Cuando el panorama se abría a la “nueva normalidad”, ya finalizaba la recolección de firmas y se aguardaban otras etapas. Después de la resolución de la Corte, comenzaron la planificación de sus respectivas estrategias y el año nuevo promete contener un primer trimestre que quitará a la clase política de la siesta veraniega.

Pero, también, el año dejó a un oficialismo dividido que deberá recomponerse detrás de un objetivo que contiene 135 artículos fundamentales para el programa de gobierno y olvidarse de los constantes cruces públicos que tuvieron los socios de la coalición con la ley forestal.
De igual modo, el oficialismo palpa una campaña contra el Gobierno en vez de un plebiscito respaldado por la acción ciudadana. Y, porque no da lo mismo un resultado que otro, sino todo lo contrario.

Si gana el NO, adquiere una mayor fuerza el gobierno y sus oponentes deberán buscar otros temas para confrontar. Si gana el SI, la fuerza será menor y la expectativa hacia el 2024 aumentará su presión sobre los liderazgos que se posicionen para ese año electoral. Esos liderazgos que aún no están visibles y que componen la gran enseñanza que dejó la campaña electoral pasada.

En forma paralela, habrá una lidia sin tregua –al menos hasta el año electoral– con las organizaciones sociales y la fuerza política en la oposición, que no dejará flanco sin cubrir. Y, a pesar de sus constantes reclamos por mayor visibilidad en los medios de comunicación, son tan habituales sus presencias como panelistas en programas así como en el desarrollo de las noticias.

Tanto sus representantes legislativos como la clase dirigente de sus sindicatos, adquieren relevancia a través de las redes sociales, durante la campaña por la LUC o en entrevistas, donde acostumbraron a teledirigir sus discursos, con fuerte énfasis en sus demandas.
A pesar de que las encuestas dan como favorito al Gobierno, se deberá tener en cuenta que esa es una foto de la realidad de este momento, sin salir aún a la cancha.
Mientras ocurre esto, el presidente de la República apurará el paso para concretar algunos asuntos que fueron la punta de lanza de su campaña electoral y que, pandemia mediante, debió postergar. Como por ejemplo, la erradicación de los asentamientos y el objetivo de regularizar al menos uno por departamento.
El Gobierno se apoya en los buenos números de popularidad sobre la gestión de la pandemia, cuando en realidad recaen sobre la la figura del presidente de la República y, específicamente, en el asunto sanitario.

Como sea, el país se destaca en medio de un contexto regional y global complicado, con casos positivos en aumento y un mundo que vuelve a blindarse como si dos años no fueran nada.
Aquella “libertad responsable” tuvo esa consecuencia de mirada positiva, en comparación con aislamientos obligatorios y una salida hacia el empleo, que se recupera “a la uruguaya”. Porque ahora, la meta es la recuperación de guarismos previos a la pandemia y mejorarlos a partir del crecimiento de la inversión, con la creación de nuevas fuentes de empleo.

En medio de esta escena, existen detalles que no son menores y no cuentan al momento de exponer un debate político, como la estabilidad política, jurídica y económica que prevalece en el país a pesar de las circunstancias y las diferencias.

Y eso, en cualquier caso, es mérito de la matriz genética de un país que ha atravesado por las circunstancias más severas. A pesar de la gritería de quienes no están de acuerdo.
Porque esto, que parece un asunto menor, no se consigue en las cercanías de este gran barrio que es Latinoamérica. No es común, conseguir líderes que generen confianza y optimismo en países que tienen mayores territorios y posibilidades de salir de una crisis.

Una prueba de esto, es el incremento de las inversiones extranjeras y la presencia de quienes pueden invertir en sus propios países, pero lo hacen sobre este pequeño país latinoamericano.

Pero nada nos llegó desde arriba, sino que fue una construcción histórica, capitalizada por esos mismos liderazgos que transcurrieron en el tiempo y forjaron lo que somos.

Todo lo demás, son declaraciones altisonantes que desentonan ante un mundo complejo y de variadas realidades.
El 2021 no fue el fin del mundo, aunque algunos respondan que faltó muy poco para eso. El 2022 será un año importante para definir roles y forjar protagonismos. La responsabilidad, sin embargo, sigue siendo de todos.