La historia sin fin

El país futbolero vivió una nueva fiesta clásica con la disputa del encuentro entre Nacional y Peñarol en el estadio Gran Parque Central, que volvió a recibir un evento de este tipo por una competencia oficial después de varias décadas. Podría decirse que fue en otro país que se jugó un partido en estas condiciones. Sin embargo había recientes antecedentes muy preocupantes, una larga lista, para justificar todas las medidas de prevención que se aplicaron y que fueron anunciadas en las horas previas por el Ministerio del Interior, junto a las autoridades de la AUF y los dos clubes intervinientes, como si en vez de tratarse de un partido de fútbol lo que se estuviera haciendo fuese la prevención de algún incidente criminal. Obviamente que esto es necesario, porque se trata de resguardar la seguridad de esas personas que concurren con la idea de ver un espectáculo deportivo, que afortunadamente todavía son las más, y terminan yendo a ver el paupérrimo espectáculo de unos cuantos desubicados que se dedican a promover la violencia bajo la excusa de que un grupo de deportistas viste determinado color de camisetas al que estos absurdos personajes dicen jurar su amor. Pero también es necesario garantizar la seguridad todo aquello que se ponga a su paso, porque cuando se lo proponen, aún celebrando, son como una plaga de langostas que se llevan por delante todo lo que encuentran a su paso.
Sería hasta gracioso, en cierto punto, si no fuese porque se trata de elementos verdaderamente peligrosos, que han puesto de manifiesto reiteradamente su letalidad, que además celebran con cánticos y banderas, como volvió a ocurrir el pasado domingo.

El operativo de seguridad fue enorme y costó un montón de dinero, por más que de ello nada se hable, porque supone una movilización masiva de recursos, tanto en efectivos policiales como en vehículos y medios de apoyo, y no es que se limite a las casi dos horas que dura el partido. No, el operativo comenzó a ejecutarse el día antes, a la hora 23.00, en el barrio La Blanqueada y en la zona del Mercado Modelo. También supuso un día atípico para los vecinos de una amplia zona de más de 450.000 metros cuadrados, que desde las 6 no pudieron desplazarse en vehículos y que a partir de las 11:30 (el partido se jugó desde 15:30) ya no pudieron siquiera entrar o salir de sus domicilios, muchos de ellos directamente pasaron el día fuera. Y eso que a los “hinchas” visitantes los ómnibus los trasladaron hasta la puerta misma de la tribuna, para evitar males mayores.

Luego, durante el partido, pretendieron una vez más robarse el espectáculo, daba la impresión que lo que buscaban era que no se siguiera jugando, cosa que resulta inexplicable tratándose de gente que supuestamente abonó una entrada para ir a ver ese encuentro.
El repertorio fue completo, los cánticos nunca faltan, es que se insultan aun cuando no juegan uno contra otro, aun cuando celebran conquistas propias dedican sus pensamientos al otro equipo; pero también ingresaron elementos ofensivos como letreros recordando a sus propias víctimas, vanagloriándose de los crímenes, de los homicidios que han cometido y de los que llevan la cuenta. No es que sea parecido a la apología del delito, es apología del delito. Artículo 148 del Código Penal uruguayo: (Apología de hechos calificados como delitos) El que hiciere, públicamente, la apología de hechos calificados como delitos, será castigado con tres a veinticuatro meses de prisión. No admite dos lecturas. Se supone que hay cámaras dotadas de inteligencia artificial que permiten reconocer los rostros de las personas que ingresan a las tribunas, que además están registrados en una lista. Las cámaras con su software, recordemos, costaron varios millones de dólares.

El encargado del operativo, Assael Arcos, en una conferencia de prensa posterior, evaluó el operativo como un éxito y de la misma forma se expresaron autoridades del Ministerio del Interior.

La persona más cuerda que ha hablado sobre el tema fue el fiscal de Flagrancia de 9° Turno, doctor Fernando Romano, quien viene llevando adelante la investigación del caso, y opinó en una entrevista con el informativo del Canal 10 que lo que más la preocupa es que se siga “jugando con hinchada en los campos de juego de Nacional o de Peñarol” y sugirió que estos partidos se tendrían que disputar únicamente en el Estadio Centenario o directamente jugarse sin parciales visitantes.

Sobre todo además cuestionó esa calificación de “exitoso” y consideró como “preocupante” que no se detectaran los elementos que se ingresaron al estadio con el único fin de provocas más violencia. Pero se quedó corto, muy corto el fiscal, porque si hay algo de lo que no se puede hablar es de éxito. ¿Qué es el éxito? No murió nadie. Apenas hubo algunos daños en las instalaciones y destrozaron varios ómnibus. Todo un éxito para un partido de fútbol. Así venimos transitando el siglo XXI. Los patrullajes en la zona prosiguieron hasta el día después de terminado el partido; más costos, siga sumando.
Al final si se juega sin público identificado con el visitante se podrán ahorrar algunos cientos de efectivos policiales en el operativo, pero igual habrá que andar cuidándolos, porque no olvidemos que hace no tanto un joven perdió la vida baleado durante los festejos por la obtención de un campeonato.
Está bien, nos gusta el fútbol, no se puede desconocer, pero se nos fue de las manos. El fútbol no es esto, no debería ser esto, es bueno recordarlo para que no terminemos asimilando todo esto como una situación “normal”.