Es una realidad? ¿Una relación por conveniencia? ¿A quién perjudica? ¿A quién beneficia?
Son algunos de preguntas que podemos hacernos inicialmente al relacionar estos dos vocablos tan fuertes y significativos de contenido y acción.
Hablar de Patrimonio en la actualidad, no sólo se refiere a la administración territorial de los bienes culturales, sino también a la puesta en valor y activación de ellos.
El Patrimonio cultural que está en permanente cambio se entiende como una invención y una construcción social.
En los ’80 del siglo pasado , los economistas consideraron al Patrimonio como un activo, le dieron valor económico, estableciendo una vinculación directa con el Turismo.
El río Uruguay como verdadero “espinazo de la región rioplatense”, al decir del investigador Rene Boretto Ovalle, es un marco espacial de referencia para reflexionar sobre la singularidad y la significación de este binomio.
En la región denominada “Bajo Río Uruguay” – sus últimos 400 km- la riqueza y perspectivas del enorme y variado Patrimonio cultural, desde el histórico al industrial, nos inquieta a investigar y promover desde nuestro país.
En el siglo XXI el Turismo se ha convertido en una actividad económica relevante y a ritmo creciente, generando ingresos a un mayor número de personas implicadas, con efectos tangibles en territorio y sociedades porque se ha diversificado a nivel planetario con nuevos segmentos turísticos. Ahora se habla de “otros turismos” además del tradicional pero siempre vigente “sol y playa”.
Tanto públicos como privados, en el “Bajo río Uruguay” tiene para ofrecer estos “otros turismos” como el turismo histórico- cultural, el industrial, de Patrimonio funerario, el gastronómico, entre otros más.
La muy rica variedad de Patrimonio Industrial que este espacio geográfico posee, se visualiza en establecimientos fabriles, algunos de ellos aún en funcionamiento y otros solo en ruinas edilicias pero con un fuerte Patrimonio intangible. También atracaderos, muelles y por supuesto, ciudades-puertos, que fueron la “boca de entrada” de miles de inmigrantes que le han dado un Patrimonio gastronómico diferencial con otras regiones del país, además de celebraciones y eventos. Tal el caso de la colonia rusa San Javier y el girasol o el de Young y el Raid, a modo de ejemplos.
En la ciudad de Fray Bentos, encontramos el que sin lugar a dudas es uno de los más trascendentes sitios de Patrimonio Industrial en la región platense: el Paisaje Cultural Industrial Fray Bentos, que en el año 2015 recibió la Declaratoria de UNESCO como Patrimonio de la Humanidad consolidando así su valor.
El Museo de la Revolución Industrial, nos trae los recuerdos y vivencias del Saladero Liebig’s y de Liebig’s Extract of Meat Company Limited (LEMCO)-Frigorífico Anglo, como un enclave cultural de la “gran cocina del mundo”, que recibe miles de visitantes por año.
Por su lado en el departamento de Paysandú las propuestas agroalimentarias de Saladeros, Frigoríficos, Viñedos y Molinos hasta la hoy gastronomía patrimonial que tiene sus orígenes en el reconocido mundialmente “postre Chajá” llegando a la combinación de sabores actuales y saberes tradicionales.
Elementos identitarios que van desde los Iracundos a Aníbal Sampayo, desde la Semana de la Cerveza a su rico Patrimonio industrial iniciado a mitad del siglo XX con el “paymilagro”. Variado y no por ello menos significativos junto a la Meseta de Artigas y las ruinas del Saladero Guaviyú o el histórico Frigorífico Casa Blanca.
La propuesta múltiple que nos ofrecen las estancias turísticas , desde la historia- como la Estancia La Paz y su origen inglés con Richard B. Hughes y el primer alambramiento interno en Uruguay , con la naturaleza y manufacturas rurales en distintas zonas del departamento sanducero.
Salto por su parte nos ofrece nada menos que los viñedos con la cepa tannat de Pascual Harriague, un ícono vitivinícola del Uruguay actual. La producción citrícola con obras del Ing. Dieste forman una dupla que acrecienta su bella arquitectura y decoración urbana en la que se ve una impronta art nouvou y art decó en edificios públicos y privados.
Los cementerios de cada una de las poblaciones del Bajo río Uruguay son “Museos a cielo abierto” , de notoria valoración patrimonial , donde se encuentran el ayer y el hoy en dialogo permanente como forma de identidad de cada una de sus comunidades. Naturaleza y arte que crean una alianza de paz y respeto, de la mano de relevantes artistas uruguayos y europeos.
Esta ha sido una muy apretada síntesis que lleva a enunciar a modo de conclusión que el Patrimonio y el Turismo debe pensarse en función de la región, con un necesario trabajo interdisciplinario , buscando la integración turística regional y nacional desde lo local , porque los recursos no son competencia sino deben lograr la complementariedad , para hacer conocer más y mejor cada una de sus respectivas comunidades.
