Se cumple en el día de hoy un nuevo aniversario de aquel lejano 8 de junio de 1863, fecha en la cual Paysandú fue declarada ciudad. Durante estos 160 años nuestra ciudad ha cambiado radicalmente su fisonomía reflejando en su estampa los cambios sociales, urbanísticos, culturales y políticos que se produjeron durante ese lapso. A pesar de todos esos cambios, resulta importante valorar aquellos símbolos que nos han identificado a lo largo de varias décadas, tal como sucede con el escudo de nuestro departamento, el cual fue aprobado el 25 de julio de 1928 y cuyo creador fue Salvador Puig, artista nacido en Montevideo en 1875 y fallecido en Paysandú en 1944.
Nuestro hermoso escudo ha sobrevivido los embates de los distintos intendentes departamentales quienes, sin importar el partido político al cual pertenezcan, han tratado de perdurar su gestión suplantando el mismo por diversos logos alusivos a la respectiva administración, tratando de emular en forma bastante risueña a los emperadores romanos cuyos triunfos eran celebrados mediante la construcción de arcos, así como de estatuas o grandes edificios en su honor. Si en muchos casos los mencionados emperadores han sido olvidados y tan sólo se recuerda el nombre de algunos de ellos (mucho menos sus obras y sus supuestos logros) qué podemos esperar para los intendentes municipales, limitados temporalmente en su mando aún en caso de reelección.
En este sentido, es importante recordar que, en el año 2008 y de acuerdo a lo informado por nuestro diario en esa ocasión, “la Intendencia de Paysandú reconoce ante la Junta Departamental que debe usarse el Escudo de Paysandú en toda papelería oficial”, lo que el deliberativo le reclamó en su momento y más concretamente, motivó el oficio 0304/2008 por la vigencia del decreto Nº 975 del año 1927. Esta inquietud fue planteada por la oposición política pero una vez tratada en sala, tuvo el voto afirmativo por unanimidad de las tres bancadas. En la nota remitida con la firma del intendente Julio Pintos y secretaria general Helena Heinzen, se reconoce que el uso del símbolo “es preceptivo, sin perjuicio de su complementación con un logotipo que identifique a la presente administración, conforme a lo aconsejado por la Comisión de Legislación y Apelaciones de ese cuerpo. Al respecto indicamos que dada la vigencia del decreto 975/1927, debe utilizarse el escudo en todas las dependencias municipales, membretes de comunicaciones y oficios, sellos y en todo aquello que sea del resorte comunal. Ello no es obstáculo –se aclara– para que junto a dicho escudo se use el logo que actualmente identifica a la presente administración”. Agregan que “la Unidad de Comunicación Corporativa (servicio de prensa) de esta comuna, está estudiando la forma en que el Escudo Departamental sería incorporado junto con dicho logo. Actualmente se vienen empleando ambos –escudo y logo– en toda la papelería oficial (hojas membretadas, sobres, memorandos, formularios), así como en publicaciones referidas a decretos, resoluciones, etcétera”.
El escudo de Paysandú que hoy la actual administración rescata de las cenizas había caído en el olvido, ya que no se lo recordaba como el símbolo que otrora nos representaba con orgullo, aunque ciertamente mantuvo más vigencia que el himno original, que fue tan olvidado que hasta se encargó uno nuevo sin saber que Paysandú ya tenía un himno. El que se usa actualmente y que recientemente cumplió 30 años es el segundo, en tanto el original en los papeles sigue siendo oficial. Afortunadamente a ningún intendente se le ha ocurrido aún realizar un llamado para la creación de un nuevo escudo, pero nunca podremos estar librados de esa posibilidad porque si algo ha sido el común denominador de los gobernantes locales es inventar la rueda cada vez que asumen el poder en lugar de mantener aquellas cosas que son buenas, funcionan o nos representan sin importar de qué partido político es el intendente que las llevó a cabo. Pero claro… eso demandaría políticas de estado.
Sin perjuicio de tales consideraciones, los sanduceros tendríamos que preguntarnos si las palabras “Paz, Trabajo y Progreso” de nuestro escudo siguen siendo tan representativas del “ser sanducero”, cuando muchas veces cuestionamos hasta por deporte todo aquello que antes se veía como progreso para la calidad de vida de nuestros coterráneos, trabajo para su gente. Y si nos referimos a la paz estaremos haciendo mención a un bien muy deteriorado en los últimos tiempos donde en las redes sociales se libra una guerra política sin cuartel en la que nadie sale ileso. Si pensamos en “trabajo”, en nuestro departamento hay muy poco para conmemorar o sobre lo cual alegrarse: con un alto nivel de desempleo y una economía local actualmente destrozada por las compras en los comercios argentinos la situación dista mucho de ser buena.
Desde estas páginas hemos advertido en muchas ocasiones sobre las consecuencias de esta “primavera cambiaria” que dejará efectos que permanecerán durante muchos años y de la cual costará recuperarse. Mientras tanto… “siga el baile siga el baile” como cantaba el artista argentino Alberto Castillos y que el último apague la luz. En cuanto al progreso… a ese señor hace bastante tiempo que no se le ve por Paysandú. Con seguridad se habrá mudado a otro departamento en el cual lo busquen con mayor interés y lo traten con más cariño. Y esto viene a colación porque los sanduceros criticamos todo, ahora hay hasta quienes se la agarran contra la Torre de la Defensa, cuando precisamente los edificios de altura que se construían en los ‘50 y ‘60 eran motivo de orgullo para todos, sin distinciones políticas. Y ante cualquier inversión que sin dudas significaría más “trabajo y progreso”, de inmediato aparecen los cuestionamientos con una virulencia que sorprende: quién se beneficia con eso, cuánto van a pagar, si va a afectar la paz del vecindario –como las críticas al uso de chips de madera para generar electricidad en Azucarlito, casi la única muestra que queda de aquel Paysandú glorioso que con estas inversiones trata de evitar terminar como las demás industrias sanduceras–, entre un sinnúmero de trancas. ¡Y eso cuando la primera preocupación debería ser bajar la desocupación y aumentar los puestos de trabajo, en lugar de intentar destruirlos!
A pesar de todo ese negativismo tan sanducero como las puestas de sol, su olvidado escudo o sus dos himnos oficiales, muchas mujeres y hombres de esta hermosa tierra siguen mirando el futuro con optimismo y construyendo el futuro todos los días, haciendo oídos sordos a los que ya han instalado una fábrica de palos en la rueda y tienen un problema para cada solución. Impedirán todo, bloquearán lo que sea, se opondrán a lo que rompe los ojos pero después de lamentarán cuando no haya trabajo, paz ni progreso ni para ellos, ni para sus hijos, ni para sus nietos.

