En varias ocasiones la página editorial de nuestro diario ha destacado la importancia que tendría para el departamento contar con una zona franca como elemento disparador y diversificador de su actividad económica, muchas veces anclada con nostalgia en un pasado industrial que nunca volverá.
En relación con este tema, el 21 de marzo del presente año señalábamos en esta página editorial que “es importante tener en cuenta que en las zonas francas puede desarrollarse cualquier tipo de actividad: comercial, industrial o de servicios y pueden ser explotadas por el Estado o particulares debidamente autorizados. Las privadas son administradas por particulares y autorizadas por el gobierno, que las supervisa y controla a través de la Dirección de Zonas Francas del Ministerio de Economía y Finanzas. Para la instalación de una Zona Franca en Uruguay es necesaria una resolución gubernamental en la que se detallan datos tales como: período de autorización de explotación, superficie ocupada por la Zona Franca, la inversión mínima que se compromete a realizar el o los explotadores y el canon que estos deben pagar, entre otros. El interesado en realizar actividades en Zona Franca deberá presentar al Poder Ejecutivo la solicitud de autorización acompañada de un proyecto de inversión que demuestre la conveniencia para el país”.
Creadas en el año 1923, de acuerdo con Uruguay XXI, “las zonas francas tienen un importante rol en la captación de inversión, la generación de empleo calificado y la diversificación de las exportaciones. (…) Estos recintos se utilizan como centros logísticos, actuando como destino intermedio de las exportaciones de granos o de determinados productos farmacéuticos y también funcionan como locaciones de procesamiento industrial, como es en el caso de la producción de celulosa y concentrado de bebidas. (…) En efecto, “las ventas al exterior totalizaron US$ 13.385 millones en 2022 y crecieron 17% en términos interanuales. Este incremento se dio en buena medida por los altos niveles de los precios internacionales de muchos de los principales bienes exportados por Uruguay, como carne, soja y celulosa. De este total, el 32% fue exportado desde zonas francas (U$S 4.268 millones), ya sea porque se produce o porque se utiliza a la zona franca como destino intermedio. Los principales bienes exportados desde zonas francas son celulosa, granos desde Zona Franca Nueva Palmira, concentrado de bebidas y productos farmacéuticos. China y la Unión Europea son los principales destinos de las exportaciones de las zonas francas, superando el 60% de las ventas totales de bienes desde estas áreas”.
En el editorial mencionado hacíamos hincapié que “las zonas francas son, asimismo, creadoras de trabajo bien remunerado y de calidad. “De acuerdo con los últimos datos publicados por el MEF, el personal ocupado en zonas francas se situaba en 16.578 en 2020. En las zonas francas se ubican 1.094 empresas, las cuales realizan en su mayoría actividades de comercio y servicios globales. El 65% de las empresas en zonas francas son exportadoras. Uruguay XXI destaca asimismo que nuevas zonas francas se están instalando en Uruguay.
A modo de ejemplo, “en junio de 2021 se aprobó la instalación de una zona franca de servicios en Punta del Este: World Trade Center Punta del Este. La nueva zona franca supone una inversión de entre U$S 35 y 40 millones y procurará atraer compañías de todo el mundo para que se instalen en uno de los destinos turísticos y de convenciones más destacados de la costa uruguaya.
La zona se encuentra en una torre de 25 pisos ubicada en la principal avenida de la ciudad (Avenida Gorlero y calle 23 El Corral). Se iniciaron las obras para la construcción de una torre de oficinas que ocupará más de 28.000 metros cuadrados. Su construcción generará más de 200 puestos de trabajo directos durante un período de 32 meses. Se espera que esta zona franca emplee a más de a 1.000 personas y que tenga una oferta variada con empresas vinculadas a sectores tecnológicos, financieros y comerciales, así como profesionales que trabajen brindando servicios a otros países”.
Paysandú, como tantas ciudades y regiones del mundo, ha dejado atrás su ADN industrial y busca posicionarse en un mundo que se mueve cada vez más rápido y más lejos en torno a una economía basada en servicios que crece sin pausa. Hacia ese sector de servicios es adonde debe apuntar Paysandú y sin dudas la creación de una zona franca sería un espaldarazo de gran importancia para dibujar un nuevo horizonte sin chimeneas, pero con hombres y mujeres dejando atrás la actual situación de desempleo e informalidad. Como sociedad tenemos la responsabilidad de concretar soluciones que apunten hacia el futuro, generando riqueza en productos y servicios de valor agregado que tengan demanda en la actualidad y en el futuro cercano.
No podemos seguir apostando a una economía industrial que lentamente desaparece o se traslada a países cuyos regímenes con más competitivos. La triste experiencia de Paylana y de su continuadora, la cooperativa Tessamerica debe servirnos como un recordatorio de que no basta con las buenas intenciones del cooperativismo y alguna que otra “velita al socialismo”, como dijera el expresidente José Mujica. Al fin y al cabo, se trata de “velitas” que iluminan poco y por tiempo muy limitado, pero cuyas quemaduras permanecen como cicatrices indelebles que sufre “Juan Pueblo”, eterna víctima de este tipo de aventuras carentes de sustento o estudios de factibilidad que las respalden.
En cuanto a una de las posibles ubicaciones para la referida zona franca, en nuestro editorial del 5 de junio de 2022 hacíamos referencia a la propuesta del hoy presidente de la Junta Departamental, Dr. Marcelo Tortorella, señalando que “resulta de vital importancia la propuesta del edil nacionalista Marcelo Tortorella, quien sugirió la realización de un llamado a expresiones de interés para la construcción y explotación con destino a zona franca, puerto logístico fluvial y/o planta de hidrógeno verde en un predio propiedad de UTE (concretamente el padrón rural 10.050 en el Departamento de Paysandú, zona de Casa Blanca) (…) La iniciativa de Tortorella no podía ser más pertinente y oportuna. Pertinente porque el predio de la UTE posee la ubicación, superficie y características apropiadas para la instalación de una zona franca y oportuna porque siempre es el momento correcto para comenzar a revertir la situación creada por el cierre o el achicamiento de las industrias que en el pasado conformaron un paisaje ciudadano de importantes y sustentables fuentes de trabajo”.
Ante toda esta evidencia, solo resta preguntarnos qué estamos esperando para avanzar para contar con una plataforma de negocios de estas características, cuyo primer paso podría ser la creación de una Comisión pro-Zona Franca, tal como sucedió hace muchos años con el comité que impulsó y obtuvo la construcción del puente internacional General José Artigas entre las ciudades de Paysandú y Colón. Paysandú posee una sociedad civil fuerte y organizada cuyos liderazgos sectoriales deben estar presentes en dicha comisión, cuyo esfuerzo debe ser encabezado por el gobierno departamental, principal impulsor del desarrollo departamental. Hace cien años que Uruguay cuenta con una ley de zonas francas, pero al parecer en Paysandú aún no nos hemos dado por enterados.