Detectan sustancia que provoca el Mal del Río, que afecta a las abejas

Una sustancia natural, generada por un insecto en un árbol nativo, es el causante del Mal del Río, una enfermedad que afecta a abejas y a la industria apícola, según determinó una investigación llevada adelante por las facultades de Química y de Ciencias de la Universidad de la República (UdelaR), Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y el Instituto Clemente Estable.
La existencia del mal se conoce hace más de 70 años y durante todo este tiempo se ignoró su origen. “Durante décadas, se desconoció el porqué de la muerte masiva de larvas de abejas mielíferas de colonias ubicadas próximas a ríos y arroyos con abundante vegetación ribereña”. La investigación, en la que participaron investigadores de las instituciones mencionadas permitió comprender que, detrás de este fenómeno, que genera pérdidas importantes en la industria apícola, hay una causa química, un árbol autóctono y un insecto involucrado.
Como Mal del Río se conoce a esta enfermedad que afecta a las colonias entre el final de la primavera y el comienzo del verano. Si bien en 1951 se mencionó por primera vez en un artículo en el periódico La Mañana, los apicultores la desconocieron. La situación cambió en los últimos años, a partir del reporte cada vez más frecuente de la afectación de colonias que se encuentran próximas a cursos de agua de las cuencas de los ríos Uruguay, Negro y Cuareim.
La enfermedad se detecta a partir de la muerte masiva de larvas de abejas al poco tiempo de eclosionados los huevos. Si bien al comienzo las larvas logran continuar con su ciclo vital, el Mal del Río avanza rápidamente y puede generar la pérdida total de las poblaciones. De esta forma, las colonias pasan a tener excesivas reservas de miel y polen —probablemente por no ser utilizados— y eventualmente se despueblan, porque no hay reemplazo de las abejas viejas que mueren. Así, al final del verano, las colonias experimentan pérdidas importantes que repercuten en el ambiente —por el rol que juegan las abejas como agentes conservadores de la biodiversidad— y también en la economía, en la producción de miel.
El equipo de investigadores halló que las abejas forrajeras (que se encargan de llevar polen y néctar a la colonia) recogen las excreciones, en forma de mielecilla, de un insecto saltahojas (Epormenis cestri) que se alimenta de los árboles sarandí colorado y sarandí negro. Al observar que las larvas de abeja de primer estadio alimentadas con esa mielecilla morían, los investigadores identificaron que los néctares de las colonias afectadas por la enfermedad tenían una toxina natural llamada xantoxilina. Esta sustancia fue encontrada en las partes aéreas de los sarandíes, así como en la melaza excretada por el insecto que se alimenta de esos árboles. Este hallazgo entrega información fundamental para orientar la toma de medidas para controlar el Mal del Río y la afectación de colmenas.