Enseñar a nadar

Fue una de esas noticias que pasan bajo el radar, de las que hay tantas a diario, porque a la postre no son más que firmas de acuerdos entre jerarcas, cuyos efectos incluso no se ven en el corto plazo, y esta en particular la primera reacción que despierta es cómo puede ser que ya no se hubiera hecho antes. Se trata de la firma de un convenio que trata de fomentar el emprendedurismo en la educación media superior, en este caso en la educación técnica profesional. Tal vez la mayor institución formadora de emprendedores en nuestro país. Y es que lo relevante no es el acuerdo en sí, que trata sobre una cooperación entre la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) y la Dirección General de Educación Técnico Profesional (DGETP-UTU), que tiene por objetivo “llevar a cabo acciones interinstitucionales conjuntas en todo el país”, entre las que menciona “capacitaciones, actividades, programas y proyectos para fomentar la cultura emprendedora en la educación media superior”. De esta firma participaron Federico Perdomo y Martín Ambrosi, directores de ANDE, junto al director general de Educación Técnico Profesional, Juan Pereyra de León.

Para Perdomo es “un avance en la educación en lo que tiene que ver con la cultura emprendedora, no solo educar para ser empleados, sino también educar para emprender, en todos los aspectos de la vida. Este acuerdo busca también generar valores al ecosistema emprendedor”. Mientras que Ambrosi agregó que “este tipo de herramientas sirven para seguir apostando a la educación de los jóvenes en lo que es la cultura emprendedora, para generar esas capacidades que hasta ahora no se enseñaban, a tener su propio negocio”. En el mismo sentido se manifestó Pereyra, quien calificó este acuerdo como algo muy importante, en tanto “la educación, el emprendedurismo y el desarrollo van de la mano. Es cierto que hay que pensar para qué estamos educando a nuestros jóvenes. Muchas veces no apuntamos a que tengan un negocio propio y trabajar para sí mismo. Hay que trabajar en los programas, hay nichos para ser emprendedor. Y también hay que capacitar a nuestros docentes para llevar adelante ese objetivo”.

El ecosistema emprendedor uruguayo ha sido destacado a nivel internacional. El entramado de instituciones y organizaciones puestas al servicio del desarrollo del emprendedurismo, en relación a la población de nuestro país, posiblemente no se encuentre en muchos más países. Dado que no existe en la educación formal al menos una instrucción básica sobre cómo adentrarse en estas aguas, resultan llamativos datos como los que mostró el Monitor Global de Emprendimientos GEM (por sus siglas en inglés de Global Entrepreneurship Monitor), que indicó que “la Tasa de Actividad Emprendedora (TAE) durante el 2023 se ubicó en 26%, mostrando estabilidad con respecto al 2022 cuando fue de 26,3%”. Esto, destaca el informe, “indica que el 26% de las personas de entre 18 y 64 años cuenta con un emprendimiento o ha iniciado algún tipo de actividad emprendedora en nuestro país”. Incluso más, se destacaba que en el interior del país la proporción de personas que emprenden aumentó de 27,4% a 27,9%. A la vez que también aumentaron las personas emprendedoras mayores de 25 años. Todas estas personas, llegado el punto, se descubren a sí mismas como emprendedoras, o, como se insistía mucho en los comentarios de los lectores a la nota, cuando se publicó este informe en páginas de EL TELEGRAFO, la mayoría son emprendedores por obligación más que por vocación.

¿Acaso esto –que podría ser fácilmente comprobable en futuros estudios– invalida de alguna manera lo significativo del dato? ¿Por el contrario, si más de la cuarta parte de la población tiene, o ha tenido, un emprendimiento, y buena parte de ella lo ha hecho por no encontrar otra forma de insertarse en la vida económica, no es acaso una mayor razón para que se les dé, o al menos se les ofrezca las herramientas necesarias para achicar en la medida de lo posible los márgenes de fracaso? Esto incluye, por ejemplo, saber detectar nichos en el mercado en los que poder insertarse, o aprender a evaluar costos y riesgos de ponerse al frente de un emprendimiento.

También ayudaría que se eduque en detectar promesas falsas, o directamente estafas, como los esquemas piramidales, que están siempre al acecho de desprevenidos, o vínculos de dependencia “disfrazados”.

Todo esto iría, en alguna medida, en el mismo sentido que la iniciativa que está llevando adelante el Banco Central del Uruguay con los organismos de la educación pública, llevando una instrucción para que los jóvenes no salgan luego a la vida adulta sin conocer al menos las reglas básicas del mundo en que se van a insertar.

Recordemos que la Encuesta Nacional de Capacidades Financieras de Uruguay, realizada por el Banco Central del Uruguay (BCU) y CAF, reveló que “el 60% de los uruguayos exhiben adecuadas capacidades financieras, aunque hay diferencias según el grupo poblacional. Sin embargo, los índices de comportamiento y actitud financiera óptimos son más bajos (37% y 38% respectivamente)”. Qué no podemos decir de quienes, obligados por las circunstancias, se aventuran en las aguas del mercado a bordo de un emprendimiento, y sin salvavidas.