El pasado 25 de mayo CW 35 Radio Paysandú cumplió cien años. Se trata de un acontecimiento doblemente especial, ya que fue la primera radio del Interior y la segunda en todo el país. Durante los festejos organizados por dicho medio, y de acuerdo con la crónica de nuestro diario “fueron presentados los nuevos estudios de la radio, la primera del Interior del país, ubicados en el segundo nivel de Mac Center Shopping Urbano. En el Centro de Convenciones de dicho shopping se realizó el acto conmemorativo, en el que hicieron uso de la palabra, además, Eliseo Roux y Francisco Debali. La emisora homenajeó a Ney Beltrán Belzarena, que con 46 años de labor ininterrumpida es el de mayor trayectoria. En el auditorio estuvieron presentes, entre otros, el subsecretario de Industria, Energía y Minería, Walter Verri, el secretario general de la Intendencia, Fermín Farinha, y los exintendentes Walter Belvisi y Bertil Bentos”.
Con legítimo orgullo el personal, directivos y propietarios de esa importante radio se reunieron para disfrutar un merecido momento donde se combinan mirar hacia atrás, valorar el presente y tomar impulso para el futuro. A todos los sacrificios que deben enfrentar los medios de prensa, los del Interior suman una importante cantidad de dificultades tales como mercados más pequeños, alcance geográfico más limitado, competencia de radios argentinas y un Estado que sigue sin tener en cuenta a los medios que no son de Montevideo. A pesar de todos los avances tecnológicos y de carreteras en mejor estado y con mejores autos u ómnibus, el centralismo montevideano se hace sentir y mucho. Si se cumpliera el centenario de una radio de la capital nacional, otro gallo cantaría; se llevarían a cabo importantes festejos en los cuales estarían presentes todas las autoridades nacionales. Como el festejo fue a 370 kilómetros del “ombligo de Uruguay”, las autoridades nacionales no pudieron hacerse de un rato para recordar que “el Interior también existe”. En este marco, resulta de justicia mencionar a Walter Verri por haberse hecho presente en ese homenaje.
Toda esta actitud centralista no es nueva ni se terminará mañana: es el reflejo inveterado y constante de un desconocimiento absoluto del Interior (lugar al cual se vienen a buscar votos, pero cuya realidad, problemática y búsqueda de soluciones poco importan a esos vendedores de humo), mezclado con una falta de interés que se refleja en esa frase tan común que usan los capitalinos cuando viajan al Interior: “me voy para afuera”. ¿Afuera de qué? ¿Acaso se piensan que los habitantes del Interior vivimos en otro país o en el espacio? ¿Hasta cuándo nos seguirán imponiendo costumbres y horarios que no se adaptan a nuestra realidad, como por ejemplo la atención al público de las instituciones bancarias en horas de la tarde?
Es por ello que la notoria ausencia de autoridades nacionales en los festejos de la radio sanducera no se puede tapar con un dedo, al tiempo que dejan en claro el nulo interés por la historia del país más allá de lo que pasa en Montevideo. Sin dudas que la fundación de la primera radio en el Interior fue un hecho trascendente para el país, porque por primera vez se escuchaba una voz con la visión propia del Interior. Por fin “los canarios del Interior” podían hacer escuchar su voz, de la misma forma que permanecen bregando por los intereses de nuestra comunidad, por las cosas que suceden en nuestro departamento y que forman de nuestra historia más rica y necesaria. A pesar de que los montevideanos no lo entiendan, el mundo no se termina en el río Santa Lucía.
En definitiva, estamos hablando de radios que durante décadas han cumplido (como lo supo y sabe hacer CW 35 Radio Paysandú) una función social fundamental, como por ejemplo el servicio de los famosos radiotelegramas, seguramente recordado por los mayores. Hace un tiempo el periodista maragato Jaime Clara junto con los también periodistas Miguel Arregui, María Angélica Dini y Miguel Nogueira recordaron esta época en radio Sarandí: “Hace tres o cuatro décadas, en tiempos de escasez de teléfonos, las radios del Interior prestaban un servicio esencial llamado “radiotelegramas”. Las personas de la ciudad enviaban mensajes breves a sus parientes y clientes de la campaña, del tipo: “Va camión esta tarde a levantar la lana. Enviar tractor para pasar el bajo del tajamar”. O bien: “Voy en la ONDA de las cinco de la tarde. Esperame con el sulky en la portera”. Se trata nada más y nada menos que comunicación de cercanía, cargada de inmediatez y de cosas, personas, lugares y formas de expresión que nos son familiares. Es allí donde nos (re)encontramos con nosotros mismos, con nuestros iguales y con la comunidad como cuerpo social, algo que nunca encontraremos en medios de comunicación de otros departamentos y mucho menos en el caso de medios capitalinos.
Esa cercanía posee un valor agregado tan invisible como invalorable que no solamente nos retrata, sino que también nos rescata, nos explica y nos conserva. Como ha señalado la periodista Olga Lucía Lozano, “cuando se habla de periodismo a cercanía, se está hablando del detalle, de la especialización, de leer a una sociedad de las maneras más profundas y en relación directa con la gente, que a la vez es fuente y a la vez receptora de esa información” (…) Los múltiples emprendimientos de años recientes de medios independientes dirigidos a nichos específicos, o iniciativas de periodismo local e hiperlocal tienen que ver con esa búsqueda de volver a los orígenes, al trato directo con las personas. Volvemos a entender que lo que más necesita la gente es saber qué está pasando al lado de su casa para luego así entender qué está pasando en el mundo”.
Como ha expresado la Organización de Naciones Unidas (ONU) la conmemoración del Dia Mundial de la Radio el 13 de febrero de 2024 “pone de relieve imborrable historia de la radio y su poderoso impacto en las noticias, el teatro, la música y los deportes. También reconoce su valor práctico como red de seguridad pública relativamente gratuita y portátil durante emergencias y cortes de energía provocados tanto por desastres naturales como por el ser humano, como tormentas, terremotos, inundaciones, olas de calor, incendios forestales, accidentes y guerras. Además, continuo valor democrático de la radio, como catalizador de base para la conexión de grupos desatendidos, incluidas poblaciones inmigrantes, religiosas, minoritarias y afectadas por la pobreza”.
En este contexto de revalorización del papel de la radio y del periodismo de cercanía en general, la omisión de las autoridades nacionales resulta más evidente, flagrante e injustificable. Como en tantas cosas que suceden en el Interior, “a los genios de Montevideo” se les volvió a “escapar la tortuga” y volvieron a demostrar que los medios de comunicación del Interior somos de segunda, así como lo somos todos los que no vivimos en Montevideo. Seria bueno que las autoridades nacionales tengan en cuenta la omisión en la cual han incurrido en el caso de CW 35 para evitar nuevas situaciones de este tipo.
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