Estados alterados al volante
En el marco de este evento se presentó un estudio realizado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) —del que dábamos cuenta en la víspera en la sección de información Nacional— que reveló un mayor consumo de marihuana que de alcohol entre los jóvenes antes de manejar vehículos. De acuerdo con este informe, el 23% de los encuestados admitió haber conducido tras consumir marihuana, mientras que entre un 10 y un 12% lo hizo después de beber alcohol. Uno de los investigadores detrás del estudio de la ANII, Paul Ruiz, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, señaló al respecto que existe una percepción de riesgo más baja respecto al consumo de marihuana al volante en comparación con el alcohol. “Está visto de una forma mucho más flexible fumar y manejar que tomar y manejar”, afirmó, según cita un artículo publicado en la web de Medios Públicos. Además refirió a la importancia de mantener políticas estrictas de tolerancia cero respecto al consumo de alcohol al conducir, ya que cualquier margen de permisividad puede inducir errores en la población. Según el informe los adolescentes tienden a minimizar los riesgos asociados tanto al consumo de marihuana como de alcohol en el tránsito y esto forma parte de un problema más amplio, relacionado con el consumo de drogas en esta población, que requiere un enfoque integral más allá del tránsito. Ruiz también advirtió sobre las dificultades para estimar de manera precisa el impacto del alcohol en el organismo e insistió en que la tolerancia cero es la medida más segura.
Radío, en su mensaje de apertura del seminario, expresó que la baja percepción de riesgo al conducir y el consumo de drogas conllevan prácticas imprudentes, pero aclaró que el tema no afecta solamente a la juventud, sino que se produce en todas las franjas etarias, y los hombres son quienes participan en más accidentes. El secretario nacional de drogas citó un estudio del año 2020, realizado en Madrid, que concluyó que “el cumplimiento de las normas de tráfico depende de dos factores, en primer lugar del grupo de referencia y sus creencias con respecto a la normativa, y en segundo lugar de la aceptación moral de los preceptos formales, es decir, de la interiorización de la norma como adecuada social e individualmente”. En esto claramente tenemos un conflicto, o varios, que comienzan por los mensajes contradictorios que desde hace un buen tiempo se emite desde las autoridades, dejando entrever que un consumo es menos perjudicial que otro y promoviendo flexibilizaciones a la norma, cuando la postura debiera ser unánime en cuanto a que no hay niveles seguros de consumo de cualquier sustancia que altere el ánimo cuando se está detrás del volante. Y esto es válido también para los psicofármacos, no referidos en el estudio de la ANII, y la cocaína, por ejemplo, que traemos a colación a raíz de un reciente episodio que protagonizó un obrero del volante en Montevideo, registrado consumiendo este estupefaciente a bordo de la unidad, en un caso que debió volverse el centro de una discusión de la que ya nos olvidamos y eso que ocurrió hace menos de tres meses –y no hablemos de la deplorable postura del sindicato, que se manifestó en apoyo del trabajador frente a tan irresponsable acto–.
Por su parte, el presidente de la Unasev, consideró como “resultados alentadores” los de los controles de consumo de alcohol, en la medida que menos del 6% de las alcoholimetrías son positivas. Se entiende que alude a que se trata de un número bajo, pero para quienes les ha tocado cruzarse con alguno de esos positivos, ese menos de 6% podría convertirse en 100. Sí debemos coincidir en que es necesario mantener la capacitación permanente de los funcionarios fiscalizadores de tránsito y la actualización de equipamiento los controles. Pero también, sobre todo viéndolo desde el punto de vista que plantea el informe citado por Radío, con un enfoque social del asunto, debemos admitir que hay un problema en el discurso, más referido al castigo, a evitarse la multa, que a la prevención de incidentes, porque al fin y al cabo el mayor riesgo al que cualquiera se expone al conducir con la percepción alterada por cualquier sustancia no es el tener que pagar 5 o 10 unidades reajustables o que se le retire la libreta por un tiempo determinado o en forma permanente, sino el de sufrir lesiones serias y perder la vida, o peor, provocar esto a otra persona y destrozar dos familias al mismo tiempo.
Mañana jueves, a las 20, en la Sociedad Suiza de Paysandú (Florida 1022), tendrá lugar una clase abierta donde se presentarán los alumnos de arpa de la profesora Ruth Vaucher, y los de guitarra del profesor Mateo Fernández. La velada, que funcionará como un cierre de año, reunirá e integrará musicalmente a los alumnos de ambos talleres. “La idea es hacer una clase abierta donde mostremos y compartamos lo trabajado durante el año”, explica Mateo Fernández, destacando que la velada será abierta al público en general. “La idea es que los alumnos inviten a sus familias y conocidos. Y obviamente, quien vaya pasando, o se entere, también es bienvenido a compartir”.
Hoy a las 19.30, el historiador y escritor Andrés Oberti Rual presentará el segundo tomo de su Historia de la ciudad de Paysandú en la sala Maestro Héctor Ferrari del Cenur (entrada por calle Florida). Este segundo volumen, titulado En disputa, llega tras el lanzamiento de Quiénes somos, presentado en agosto, y continúa el análisis de los momentos históricos que marcaron el desarrollo de la ciudad.
El estado de los puentes General Artigas y Libertador General San Martín no presenta problemas estructurales y por lo tanto se continuará con el mantenimiento de rutina de ambos tendidos binacionales, en tanto, debido a la edad de las estructuras, las inspecciones pasan a ser cada cinco años, en lugar de diez, de acuerdo al informe recibido por la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) de la empresa que tuvo a su cargo la tarea de inspección correspondiente.
En dos salas continúa hoy el festival de teatro independiente Festín, organizado por ARAS, del que participan todos los grupos de Paysandú, además de dos de Buenos Aires y uno de Colonia. El costo de las entradas es de 200 pesos, que pueden adquirirse en cada sala desde una hora antes del espectáculo, o solicitarse por el 091039250.