Solicitada: El drama social de la pornografía

La sexualidad humana engloba las dimensiones genética, física, psicológica y espiritual del individuo: por tanto no está gobernada por el instinto sexual.
La pornografía en cambio, es un fenómeno que sólo afecta a la genitalidad desordenándola, a los deseos y no las necesidades.
La pornografía es un multibillonario, triste y miserable negocio, una plaga destructiva mundial que abre las puertas al abuso, la violencia y el tráfico sexual.
La expansión de este negocio ha sido exponencial, los ingresos de la industria pornográfica ascendieron a 1,1 billones de dólares en el año 2023 (IBIS World, 2023) y desgraciadamente van en aumento.
Es una epidemia de proporciones devastadoras: una oferta sin límites con Internet, aplicaciones concretas en los teléfonos móviles, vídeos, fotos, grabaciones verbales, programas televisivos, otros.
La pornografía es asequible (la mayor parte del consumo es gratuito), accesible (siempre que quieras, donde quieras), anónima (no hay que ir al kiosco o videoclub), aceptada y agresiva.
Más del 80 por ciento de los jóvenes del mundo civilizado ven pornografía casi a diario.
Según ABC News de Estados Unidos (2019), la pornografía comienza en los niños entre 6 y 7 años y los marca de por vida. La asignatura Educación sexual muchas veces sólo refiere a técnicas sexuales y pocas veces tienen un fundamento psicológico y moral.

Hoy en día la educación sexual en la mayoría de los niños entre 10 y 12 años (los más vulnerables de la sociedad) está en manos de la pornografía, que inunda el cerebro y el corazón de los niños con la visión más egoísta, narcisista, hedonista, agresiva e irresponsable de la sexualidad.
Los padres con criterio y responsables deben explicarle a sus hijos el significado de la sexualidad, darles una adecuada formación del carácter, la capacidad para gestionar las emociones, la educación de la mirada, cuidar su inocencia e intimidad, protegerlos de las redes pedófilas.
Investigaciones rigurosas mencionan que la adicción a la pornografía es más grave que la dependencia a la cocaína porque afecta a circuitos cerebrales más complejos, es “un narcótico” inyectado directamente al cerebro a través de los ojos.

La pornografía en la adolescencia y primera juventud produce daños bastante duraderos, en esta etapa están descubriendo su sexualidad y despiertan la curiosidad por estos temas.
El relativismo, la permisividad y la revolución sexual global hacen ver normal esta conducta, especialmente en los jóvenes que no visualizan este fenómeno como enfermizo y patológico.
La pornografía degrada al ser humano, es una ciencia ficción sobre el sexo, ofrece una imagen utópica, irreal, que convierte a la persona en una adicta, placer sin alegría, gozo sin felicidad y detrás un vacío enorme donde la adicción esclaviza, dependiendo de la frecuencia e intensidad de ese consumo. Parece libertad, pero es un espejismo.
Un joven que pasa horas en su habitación con su computadora y aislado del mundanal ruido es fácil que se entregue a la pornografía: la soledad, la tensión y el aburrimiento son aliadas. Esto destruye su persona aunque él no lo reconozca o lo niegue.

Pornografía y masturbación van de la mano, se busca sexo rápido, inmediato, pero que a la larga incapacita para tener una relación de pareja sana, positiva y madura.
Por otro lado, muchas de las mujeres víctimas de ese trabajo porno sufren de tráfico sexual, son pobres y sin recursos, sin posibilidades de estudios, desde pequeñas utilizadas en esto, terminan en la prostitución, mundo sórdido, agresivo y denigrante.

La pornografía cambia la idea sobre la mujer, crea una ilusión falsa que se ha demostrado científicamente lleva a comportamientos sexuales disfuncionales, enfermizos, patológicos. El joven que ve pornografía quiere practicar sexo y esto lleva al acoso sexual en las escuelas, trato vejatorio hacia las chicas, embarazos adolescentes y abortos. La pornografía enseña a ser egoístas, a pensar solo en sí mismo, surgen dificultades para hacer vínculos y pérdida de interés por el cortejo.
Ciertas mujeres consumen porno porque piensan que deben mostrarse más atractivas, y en algunas de ellas más débiles e inseguras causa daños colaterales: trastornos alimenticios, obsesiones estéticas y complejos de inferioridad.

La pornografía distorsiona cómo los usuarios perciben la sexualidad, no entiende de mundos emocionales femeninos y no respeta sus tiempos de excitación, daña la confianza y la intimidad de las parejas: la crisis conyugal, la infidelidad y la ruptura son el destino de muchas de ellas.
La trata de personas, la prostitución y la pornografía van de la mano: el 90% de los clientes de la prostitución viene de la pornografía.
Este “veneno masivo” es dominación, discriminación, abuso, violencia, exhibición obscena, cosificación y desapego.

Los expertos también advierten que los consumidores de pornografía presentan más síntomas de depresión y ansiedad, una calidad de vida menor y una salud mental más pobre.
Hay que dejar la pornografía y recablear el cerebro: actuar siempre en los dos niveles, reducir la demanda y la oferta, como con cualquier adicción; es un problema de salud pública.
El orden público, proveedores de servicios de Internet y sociedad civil debemos tomar cartas en el asunto para restringir el acceso a contenidos sexuales en Internet.
La investigación y la experiencia han demostrado que los efectos negativos de la pornografía pueden revertirse. La sinceridad y solicitar ayuda para dejar el consumo son una opción que puede ayudar a mejorar muchos otros aspectos de la vida. Fomentar la comunicación en familia es fundamental, adelantar las conversaciones, hablar del sexo como algo placentero, generoso y respetuoso, hacerlo con los padres de amigos para estar en la misma onda y conocer el entorno, cuidar los dispositivos por la noche en la habitación, enseñar a observar con respeto a los demás, enseñarles a elegir (no todo vale), crear aficiones sanas, educar en la belleza, la elegancia y la delicadeza son aspectos claves.

Una relación íntima ideal en la vida conyugal implica igualdad entre la pareja, respeto mutuo, honestidad, poder compartido y amor romántico (ilusión por el encanto de la seducción).
Está en juego toda una visión de la mujer, del hombre y de la sexualidad que apuesta por proteger la dignidad de cada persona en un contexto de relaciones estables y sanas.

Ing. Agr. José Francisco Ramos Peralta