Viejos problemas para un nuevo gobierno

Recientemente, y ante el inicio del nuevo período de gobierno, las principales cámaras empresariales alinearon sus propuestas para este período, sin que se reflejara en esta instancia ningún elemento removedor que no estuviera sobre el tapete en instancias anteriores, incluso en los sucesivos gobiernos que ha tenido el país desde hace más de una década.
Precisamente el temario incluyó la competitividad, las relaciones laborales y el objetivo de lograr un crecimiento económico más acelerado, entre otros temas, a la vez que paralelamente hasta ahora no hubo anuncios del gobierno que hayan generado preocupaciones, sobre todo porque en realidad todavía no los ha habido en general, y solo se cuenta con algunas pautas procedentes de dirigentes que emitieron su postura personal sobre determinadas problemáticas.

Esa fue la conclusión de los presidentes de la Cámara de Industrias, Comercio, Construcción y Asociación Rural (Leonardo García, Julio César Lestido, Alejandro Ruibal y Patricio Cortabarría, respectivamente), e incluso hubo coincidencias con el objetivo de mayor crecimiento de la actividad o con el planteo –no oficial– del ministro de Economía, Gabriel Oddone, de recorrer el camino de la desindexación en la próxima ronda de Consejos de Salarios. El secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez y los ministros Oddone, Juan Castillo (Trabajo) y Fernanda Cardona (Industria) escucharon las voces empresariales en la mesa principal del almuerzo en el que participaron junto a los empresarios. Así, el discurso de Cortabarría mencionó los costos productivos y el endeudamiento del sector. En el primer caso apuntó a los combustibles y marcó que el gasoil y la nafta tienen los precios más altos de la región, impulsados en parte por la carga impositiva. “Esos sobrecostos erosionan la capacidad de competir”, indicó el presidente de la Asociación Rural. En segundo término, expuso que el endeudamiento del sector agropecuario había atravesado por una fase de estabilidad durante seis o siete años. En ese período las deudas se habían mantenido en el entorno de los U$S 2.000 millones, para pasar ahora a los U$S 4.000 millones, señaló.

Por su lado el titular de la Cámara de Industrias (CIU), Leonardo García, expuso que la gremial comparte un diagnóstico con el actual Poder Ejecutivo. “Uruguay tiene un problema de crecimiento que viene desde hace mucho tiempo. Y también un problema de competitividad”, precisó, al poner sobre el tapete una problemática que a esta altura ya es un déficit crónico del Uruguay, que ha sido trasladado a todos los gobiernos, solo que las respuestas hasta ahora han sido insuficientes por condicionamientos de la economía y cortoplacismos que no han permitido avanzar en estos intentos.

De todas formas, los empresarios se preocuparon de transmitir en la oportunidad su visión de que no puede existir un país que crezca sin una industria desarrollada y fuerte, y que para eso es necesario mejorar aspectos que contribuyan a mejorar la competitividad, como la rebaja de las tarifas públicas, la mejora de la eficiencia estatal y los incentivos fiscales.

Otro capítulo estuvo dedicado a las relaciones laborales. “Tanto los empresarios como los sindicatos tenemos que cambiar el paradigma de cómo nos relacionamos. No podemos seguir trabajando en una conflictividad permanente”, afirmó García, para acotar que la CIU defiende que en la negociación salarial se diferencien las posibilidades de las pequeñas y medianas empresas en comparación con las compañías de mayor porte.
Lestido, por la Cámara de Comercio, también reivindicó un viejo reclamo empresarial: que los Consejos de Salarios se limiten a la fijación de los salarios mínimos por rama de actividad y las categorías laborales y que los sobrelaudos y otras condiciones de trabajo se negocien de manera bipartita.

Otro punto de coincidencia fue sobre la reducción de la jornada laboral. “Es imprudente pensar en reducir la carga horaria semanal. Provocaría un impacto negativo tanto en la competitividad como en el empleo”, dijo García. En la misma línea opinó Lestido. Desde su visión, la reducción de 48 a 40 horas de trabajo semanales sin pérdida de empleo resultaría en un aumento de costos para las empresas. “Algunas podrán trasladar (la reducción) a los precios, afectando el poder de compra de los consumidores. Muchas, sin esa posibilidad, verán comprometida su sustentabilidad y podrían volcarse a la informalidad”, sostuvo. También se mostró de acuerdo en avanzar en la desindexación salarial.
Ruibal, por la Cámara de la Construcción, expresó que el plan del actual gobierno se sustenta en el crecimiento económico y recordó que tanto Oddone como Cardona se refirieron a ese aspecto en sus discursos de asunción como ministros.

Más allá de algún reparo que pueda haber para alguno de estos puntos, en general hay coincidencia entre los economistas –no así en los políticos, más proclives a jugar para la tribuna y pensando en la siguiente elección– en cuanto al diagnóstico de los principales problemas de la economía del país, porque no hay elementos nuevos, solo que hasta ahora, salvo algún retoque menor, no se ha salido del diagnóstico y de algunas medidas aisladas que solo han arañado la cáscara de los problemas.

Las coincidencias sobre la falta de competitividad, los combustibles caros, el valor agregado caro en dólares, la ineficiencia del Estado, son todos argumentos en los que no hay discrepancias, pero las respuestas siguen faltando a la cita, y pasan los años y el país se debate en la inercia de lo que hay que hacer pero no se hace y las soluciones que se siguen dilatando.

En estos temas incursiona asimismo el economista Ignacio Munyo, director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), en artículo del semanario Búsqueda, quien da cuenta sobre todo de la gran incidencia del escenario global sobre nuestra economía. Y sostiene que Uruguay creció cuando básicamente el viento soplaba a favor, “cuando sopló fuerte en contra sufrimos recesión y cuando el viento no sopló y fue neutro y hubo que remar, el crecimiento promedio es un uno por ciento anual, o sea estancamiento, que es de hecho, el de la última década”.
Es decir, por encima de la gestión de gobierno, siempre ha incidido el escenario internacional, como el viento a favor que tuvimos hasta el año 2014 aproximadamente, y luego el común denominador ha sido el estancamiento en una fase neutra, lo que da cuenta de los graves problemas estructurales del país, que prácticamente siguen sin tocarse.

Es este por lo tanto el gran tema, el del país caro que no tiene competitividad por una diversidad de aspectos que siguen vigentes, entre ellos el tamaño e ineficiencia del Estado, que es uno de los grandes factores estructurales que no puede desmontarse de la noche a la mañana, y que quiérase o no, es el gran obstáculo que van a tener Oddone y su equipo para el éxito de su gestión, como la han tenido los gobiernos anteriores.
Lo que nos deja como conclusión que, más allá de gestiones mejores o peores, cuando la economía de Uruguay creció, fue, como señala Munyo, solo porque tuvimos viento internacional a favor como contrapeso de nuestros serios problemas estructurales. Que están hoy presentes, como siempre, lamentablemente.