Al tercer día

ESPACIO CONTRATADO

Estamos aun celebrando la Pascua del Señor, su triunfo sobre el poder de la muerte. Este es el centro de la fe cristiana, el Señor ha resucitado, ha vencido a la muerte, en él vivimos y existimos. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Les anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús.

La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz”. Sin la resurrección de Cristo, primicia de la resurrección de los muertos, la fe cristiana cae, no se mantiene.

Lo afirma san Pablo con absoluta claridad: “si Cristo no ha resucitado de entre los muertos, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe”. El teólogo, primero luterano y después converso al catolicismo, Heinrich Schlier (1900-1978) resume lo que el Nuevo Testamento entiende por “resurrección de Cristo” con estas palabras: “en la resurrección de Jesucristo, Dios arrebató del dominio de la muerte a aquel que murió en la cruz y fue sepultado, y lo resucitó al poder y a la gloria de la vida donada por Dios, que es la vida en su forma absoluta, sin adjetivos.

La resurrección de Jesucristo es la ascensión de Jesucristo muerto al poder vivificante de Dios”. “Al tercer día”; cada domingo, el Señor vivo sigue viniendo al encuentro de los suyos: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”.