Unidad de Gestión Ambiental estudia cambio en el modelo de recolección de residuos

Matías Casco, director de la Unidad de Gestión Ambiental y Cambio Climático.

La Unidad de Gestión Ambiental y Cambio Climático tiene entre sus principales objetivos transformar el modelo de recolección de residuos y avanzar hacia el cierre definitivo del vertedero.

Matías Casco (31), director del área, aseguró que la Unidad enfrenta “grandes desafíos”. El primero de ellos es el sitio de disposición final de los residuos, sobre el que ya se viene trabajando: “Hay que ponerle el moño a ese trabajo y finalizarlo. Que el vertedero deje de ser lo que es y se transforme. El sistema de encapsulamiento está funcionando y hay un avance hacia la disposición final de los residuos”, indicó.
Un segundo desafío es cambiar el modelo de recolección. “Paysandú cuenta con un plan aprobado por el Ministerio de Ambiente. Ese plan es la base para una transformación importante”, explicó.

Casco ingresó a la Unidad en julio pasado. Posee un diploma internacional en Gestión Ambiental y es estudiante avanzado de Relaciones Internacionales. Anteriormente trabajó en el Ministerio de Ambiente como coordinador en Paysandú. Actualmente integra el equipo junto a Martín Appratto, “quien aporta su experiencia técnica”.

“Hay que aplicar políticas concretas y rápidas en la implementación del cambio de sistema, para dar respuesta a una problemática evidente. El nuevo modelo incluirá componentes de educación ambiental. Nuestra tarea será diseñar y ajustar el plan para que la sociedad se involucre y colabore”, sostuvo.

El director destacó que “hoy se realiza una clasificación parcial en destino, cuando los residuos llegan al sitio de disposición final, antes del encapsulamiento. Existen casos de éxito, como Canelones, que recupera casi un 45% en su plan de gestión, frente a una media nacional del 5%. Si logramos involucrar a la ciudadanía –el primer agente llamado a atender esta problemática–, con el simple hecho de separar lo orgánico de lo reciclable y reutilizable, podremos descongestionar significativamente el sistema”.

En este sentido, explicó que se está realizando un proceso de evaluación para definir cómo transformar la gestión. “Esto puede implicar la instalación de dos volquetas, o –como en Canelones– que las familias utilicen dos recipientes en sus hogares. Primero estableceremos planes piloto. Lo más básico es contar con dos tachos y asegurar la recolección de lo orgánico. En Canelones, por ejemplo, funciona un sistema de compostaje departamental. En Paysandú hubo algo similar hace muchos años”, recordó.
Casco señaló que el nuevo sistema requerirá un control eficiente sobre la separación domiciliaria: “Si se mezcla lo orgánico con materiales reciclables, se ensucia y genera más problemas que soluciones”.

Agregó que, al avanzar hacia un modelo de gestión domiciliaria, “tenemos la obligación de cumplirlo. Es decir, que la persona que saque el tacho sepa que el camión va a pasar y que efectivamente pase. Incluso, si es posible, avisar el rango horario. El desarrollo de este modelo debe comenzar a través de planes piloto”.

Más adelante, el proyecto contempla la recolección diferenciada de plásticos, con una pequeña retribución para las familias que los depositen. “Esto abriría una tercera vía. Ya existe un plan nacional en esa dirección. En modelos internacionales que funcionan, siempre aparece la participación ciudadana acompañada de una retribución, que incluso puede adoptar la forma de incentivos fiscales”, indicó.

Finalmente, subrayó la importancia de la educación ambiental: “Hoy vemos volquetas llenas y vecinos que siguen dejando residuos alrededor. A ello se suma un problema social con los hurgadores que buscan la diaria. Es una situación compleja y poco sostenible. Un sistema de clasificación en origen, en cada hogar, contribuiría a reducir sensiblemente este problema”.