El sistema de salud cruje en Montevideo; hace agua en el Interior

Los lectores de esta página editorial saben perfectamente lo difícil que resulta conseguir que nos atienda un médico especialista en un lapso razonable tanto en el Hospital Escuela del Litoral (HEL) como en la Corporación Médica de Paysandú (Comepa). Por eso mismo nos hemos acostumbrado a demoras de dos meses o más, las cuales violan claramente los derechos que tienen los pacientes. Esto lleva a que muchas veces los pacientes deambulen de especialista en especialista sin que ninguno de ellos formule un diagnóstico confiable, a tiempo y debidamente fundado, lo que impide iniciar un tratamiento a tiempo para evitar secuelas indeseadas o la propia muerte de quien paga con su vida esas injustificables demoras.
Si bien es probable que algunas causas de dichas demoras sean provocadas por procedimientos administrativos ineficientes y mala organización de nuestros dos mayores prestadores de salud a nivel departamental, existen indicios de que otras circunstancias atentan contra una atención sanitaria digna y apropiada: la falta de especialistas en el interior del país y más específicamente al norte del Río Negro. Esto se traduce en algo mucho más trágico que una simple demora: la muerte de los pacientes que no son atendidos a tiempo.
Quienes vivimos fuera de Montevideo estamos acostumbrados a ser tratados como ciudadanos de segunda categoría. El centralismo también comprende los servicios de salud y es por eso que, si tomamos como referencia el Obelisco a los Constituyentes ubicado en 18 de Julio y Bulevar Artigas de la ciudad de Montevideo, en un radio de dos kilómetros a la redonda encontramos la mayor concentración de equipamiento médico de última generación, médicos especialistas y capacidades sanitarias de distinto tipo, mientras que en el interior del país existe una clara falta de tales recursos. A pesar de esa realidad, y tal como informara nuestro diario en el año 2019, “Uruguay está en el séptimo lugar en el mundo en cantidad de médicos por habitantes, según la última publicación del Informe anual de estadísticas sanitarias 2019 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero con una baja tasa de enfermeros en base a lo recomendado, que es de la misma cantidad de médicos por cada mil habitantes. Según el informe, que contempla un total de 194 países, Uruguay tiene 5,05 médicos cada 1.000 habitantes, lo que lo posiciona en séptimo lugar mundial y un informe de la Organización Panamericana de Salud (OPS) marca casi dos enfermeros cada 1.000 habitantes, lejos de lo que se plantea como ideal. En resumen: la cantidad de médicos no parecería ser el problema principal.
Sin embargo, en una entrevista realizada por el diario “El País” la médica de familia en zona rural y docente universitaria Marcela Cuadrado, quien tiene amplia experiencia en el tema, aseguró que “por el solo hecho de vivir en el Interior, la posibilidad de morir por las fallas del sistema es mucho más alta que si estuvieras en Montevideo”. La nota periodística aseguraba que “lo paradójico es que esto sucede pese a que más del 70% de los usuarios de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), que congrega al sector público, vive en el interior del país. Según un estudio realizado por la Federación Médica del Interior (FEMI), ASSE brinda asistencia en los departamentos fuera de la capital al 72% de la población, es decir, a 1.067.326 frente al 28% que atiende en Montevideo (418.190)”.
El portal web MedicosUY, por su parte, señala lo siguiente: los datos del MSP muestran que el 76% de los médicos reside en Montevideo y su área metropolitana. El resto (apenas 24%) cubre todo el Interior. Esto provoca una densidad dispar, porque Montevideo tiene más 70 médicos cada 10.000 habitantes mientras que el interior posee menos de 20 médicos cada 10.000 habitantes.
Dicho esto, sin embargo en Montevideo, con todas las ventajas ya enunciadas, tampoco se puede decir que el sistema funciona de maravillas. Por supuesto que están mucho mejor que en el Interior, pero es evidente que hay además un problema estructural en todo el sistema de salud uruguayo que también impacta en Montevideo, que hace que tener un diagnóstico –al menos primario– del mal que aqueja al paciente signifique días o hasta meses de peregrinar por pasillos de consultorios, laboratorios, centros especializados de imágenes, especialistas, etcétera. Y eso no es así en todo el mundo; por ejemplo en el Sanatorio Adventista del Plata –Puiggari–, lugar a donde miles de sanduceros recurren cada año ante la incapacidad del sistema de salud sanducero en dar respuestas en tiempo y forma, el paciente entra a primera hora de la mañana al centro de salud, donde es atendido por un médico general que en la misma consulta deriva a la persona a todos los especialistas que necesite. Probablemente para antes del mediodía esa persona ya habrá realizado la consulta con los facultativos indicados, que le habrán indicado los exámenes que deberá practicarse –análisis, placas, etcétera–, y que en la mayoría de los casos los podrá hacer durante la tarde. Para última hora del día un médico con toda esa información, le dará un diagnóstico primario pero bastante preciso del mal que le aqueja. Por supuesto que hay situaciones que requerirán más tiempo para evaluaciones, pero en la gran mayoría de los casos, en 24 o 48 horas el usuario tendrá una respuesta.
En cambio en Paysandú, primero deberá conseguir hora con un médico general –varios días de espera hasta más de una semana–, que lo derivará a especialistas que para los cuales tendrá que esperar meses para conseguir hora –ya sea cardiólogo, nefrólogo, hematólogo, oncólogo, etcétera–. Cuando finalmente lo atienda, le indicará los exámenes que debe practicarse, para muchos de los cuales la espera puede insumir otras varias semanas o meses –ecografías, tomografías, resonancias, etcétera–. Ya con ese resultado, deberá esperar otro tanto –semanas o meses, nuevamente— para volver a ser atendido por el especialista. Y si precisa cirugía… mejor esperar la Parca sentado. Un examen completo puede insumir no menos de 6 meses de peregrinar por el Hospital o Comepa. A menos que la situación sea tan evidentemente grave que requiera inmediata internación, y allí sí recibirá la atención que necesita de inmediato.
Es claro que el sistema de salud en Uruguay hace agua por todos lados. No tenemos el conocimiento ni la capacidad para determinar cuál es la solución pero lo que sí podemos afirmar es que lo que tenemos ahora no funciona, o lo hace al menos en forma deficiente. Urge que de una buena vez el sistema político se deje de politiquería y piense en todos los uruguayos, y le encuentren una solución a un problema serio que sufren los uruguayos “de a pie”, que no tienen recursos para gastar miles de dólares en seguros privados de salud o consultas particulares.