El mundo, el Uruguay y la deuda

Hace unos seis meses prácticamente, el 9 de julio pasado, en una nota titulada El mundo en deuda, en esta misma página, nos hacíamos eco de expresiones vertidas por el economista jefe del Banco Mundial (BM), el indoestadounidense Indermit Gill, en un artículo inicialmente publicado en la web de opiniones Project Syndicate, luego recogida en su sección blogs por el propio organismo financiero internacional. En ese entonces Gill transmitía su preocupación frente a un panorama cada vez más preocupante en relación al endeudamiento de los países en desarrollo, tras las secuelas de la pandemia del Covid-19, con una deuda que era en conjunto casi un 25% más alta del acumulado en vísperas de la crisis sanitaria global, cuando ya se encontraba en su techo histórico. “Este sobreendeudamiento podría socavar la capacidad de todas las economías para protegerse contra la última crisis: el aumento de los aranceles comerciales”, planteaba. A seis meses el Banco Mundial ha publicado una nueva descripción del escenario en la que señala que “los pagos por concepto de deuda de los países en desarrollo alcanzaron el nivel más alto de los últimos 50 años durante 2022-24” y “El Banco Mundial fue la principal fuente de nuevo financiamiento neto para los 78 países más vulnerables”, titula la página web del organismo, en un artículo publicado el pasado 3 de diciembre en el que se alude al International Debt Report (Informe sobre la deuda internacional) del Banco Mundial, que vio la luz en esa fecha.

Destaca el informe del BM que la mayoría de los países logró “cierto margen de maniobra con respecto a su deuda el año pasado, a medida que las tasas de interés alcanzaron su punto máximo y los mercados de bonos reanudaron sus operaciones”. Eso permitió a muchos países “mantener a raya el riesgo de cesación de pagos y reestructurar su deuda”. Tal reestructuración alcanzó a los 90.000 millones de dólares de deuda, “más que en cualquier otro período desde 2010”. Los inversionistas en bonos aportaron 80.000 millones más en nuevo financiamiento que lo que recibieron en reembolsos de capital e intereses. “Esto ayudó a que se completaran varias emisiones de bonos por miles de millones de dólares. Sin embargo, los fondos tuvieron un alto precio: las tasas de interés rondaron el 10%, aproximadamente el doble que antes de 2020”, señala. Pese a estas novedades Gill llamó a los países en desarrollo a no engañarse, porque no están fuera de peligro, muy por el contrario, la acumulación de deuda continúa y “a veces en formas nuevas y perjudiciales”. El economista jefe llamó a los responsables de formular políticas de todo el mundo a “aprovechar al máximo el margen de maniobra que existe hoy para poner sus finanzas públicas en orden, en lugar de volver de prisa a los mercados de deuda externa”.

Es que el dinero está costando demasiado a los países. La tasa de interés promedio que las economías en desarrollo pagarán a sus acreedores oficiales por la nueva deuda pública contraída en 2024 alcanzó el nivel más alto de los últimos 24 años. El monto promedio pagado a acreedores privados fue el más elevado de los últimos 17 años. “En total, estas naciones desembolsaron una cifra récord de 415.000 millones de dólares, tan solo en intereses, recursos que podrían haberlos destinado a educación, atención primaria de la salud e infraestructura esencial”, señala el informe, que agrega que “un promedio de una de cada dos personas en los países más endeudados no pudo asumir el costo de la dieta diaria mínima necesaria para tener una buena salud a largo plazo”.

La deuda tiene un peso considerable en un mundo en el que las fronteras se cierran y el financiamiento a bajo costo se vuelve más difícil de obtener, por fuera del que ofrecen los bancos multilaterales de desarrollo.

Destaca además el BM que ante la reducción de las opciones de financiamiento de bajo costo, muchos países en desarrollo acudieron a acreedores internos: “bancos comerciales e instituciones financieras locales. De los 86 países para los que se dispone de datos sobre deuda interna, en más de la mitad la deuda pública interna creció más rápido que la deuda pública externa”. Un efecto de esta política de endeudamiento con entidades financieras internas es que reducen el disponible para los préstamos a las empresas y a las personas en los mercados locales, es decir, se financia a los estados en detrimento de la actividad económica.

Claro que en este preocupante escenario no encaja Uruguay, aunque como no somos una isla, y aunque directamente no nos afecte, siempre es una mala noticia cualquier deterioro en la situación general para un país con una economía tan primarizada como la nuestra. De cualquier forma, endeudarse no es igual de costoso para todas las economías, y como, gracias a políticas financieras y macroeconómicas a largo plazo, se han hecho las cosas bien, Uruguay tiene buena reputación y la nueva deuda que se adquiere no es tan costosa como para los países a los que alude el informe. En noviembre pasado dábamos cuenta de una operación de emisión de bonos globales en pesos y dólares por un total equivalente de U$S 1.850 millones; de ellos 1.350 millones fueron emitidos en un nuevo Bono Global en Pesos a tasa fija nominal (UYU) con vencimiento final en el año 2035 a una tasa fija de 8% anual. Las más baja que Uruguay que se ha conseguido desde que se accede a los mercados de capitales internacionales.

Eso sí, barata o cara, deuda es deuda, y antes que seguir recurriendo a incrementarla, sería bueno que, como sugirió Gill, se procesaran –con políticas a largo plazo también– los cambios necesarios para reducir la dependencia de este mecanismo.