El déficit de las termas, el negocio redondo y las promesas de futuro

Ha dado bastante de qué hablar el informe basado en la respuesta de la Intendencia de Paysandú a la solicitud de acceso a la información pública realizada por EL TELEGRAFO sobre los gastos en los complejos termales y los ingresos que percibe la comuna por su explotación. La información aportada desde la Comuna es la expuesta y en eso no hay contraste; después sí, pueden hacerse valoraciones diferentes en base a las interpretaciones, pero sobre todo en función de lo que se entienda respecto a los roles de los gobiernos departamentales y al Estado, en el sentido amplio.

Sucintamente repasemos que los datos proporcionados permitían comparar los resultados de los dos centros termales juntos en el año 2023. La información anterior, argumentó la Intendencia, se perdió durante el hackeo sufrido, la información posterior, la correspondiente al 2024 tenía diferencias entre rubros en uno de los centros, por lo que no era pertinente la comparación.

Así las cosas, en el año 2023 los gastos de la Intendencia en el funcionamiento de los dos centros termales combinados totalizaron los 58.966.406, mientras que los ingresos acumulados fueron menos de la mitad: 25.838.820. Eso deja para el referido ejercicio 2023 un saldo negativo de 33.127.586 pesos, es decir, 828.190 dólares.

Los gastos más importantes son en todo lo atinente a los salarios, beneficios y aportes por los funcionarios, mientras que también hay un componente importante en gastos de energía, principalmente en electricidad, combustible y leña, que destaca en el caso de Almirón. También hay gastos importantes en servicios de vigilancia y custodia.

Lamentablemente la información aportada desde la Comuna no presenta discriminado el origen de los ingresos, por lo que se desconoce qué parte corresponde a entradas, qué monto a contribución inmobiliaria y cuánto provino del cobro del canon de los comercios que prestan servicios en el lugar, de los remates de los lotes subastados en 2023 o de eventuales multas que se aplicaran por diferentes motivos. Pero en todo caso, la respuesta a la pregunta formulada por Ley de Acceso a la Información Pública, solicitando “ingresos detallados por todo concepto, detallando cantidad de entradas vendidas, valores en pesos uruguayos, alquileres, etcétera”, por año y por termas, se limita a ese valor, sin detalles de ningún tipo. Y remarcamos: “por todo concepto”.

Por lo tanto, esos son los datos de la realidad. Las termas no son un negocio para el presupuesto de la Intendencia Departamental en la medida en que los egresos superan a los ingresos y en eso no puede haber dos lecturas, a estar por los datos remitidos ante la solicitud de información.

Otra lectura diferente fue la que planteó Leopoldo Rodríguez, vocero de la organización que nuclea a los operadores turísticos de Termas de Almirón, quien afirmó que las termas son “un negocio redondo para Paysandú”. Es la forma de ver de alguien que tiene su negocio en el lugar. Él plantea, citando datos que propone el Ministerio de Turismo en su observatorio que los ingresos que generan las termas no son solamente los que recauda la Intendencia Departamental directamente, sino que además quienes llegan al lugar realizan otros gastos en los comercios y las empresas de la zona que movilizan la economía. Y no cabe duda de ello, tal vez podamos poner una sombra de duda de si es menos o es más de lo que sostiene el Ministerio de Turismo, o en los valores estimativos de gasto por turista por día en cada terma –menciona $4.000, lo que nos parece bastante exagerado–, pero por cierto que quienes visitan los centros termales alquilan alojamiento o pagan para estar en el campamento, consumen algo en los paradores –cuando hay–, restoranes, cargan combustible en la zona, compran medicamentos en la farmacia, pan en la panadería, carne en la carnicería, y así. Y nadie desconoce el impacto que supone desde el punto de vista del empleo que generan, tal como dice Rodríguez, si no existiesen las termas no existirían muchos de los comercios en Guichón; de hecho ni siquiera existiría Termas de Guiaviyú, un pueblo que nació de la explotación turística del recurso —del agua caliente—. En ese sentido, ciertamente es un negocio “redondo” para Paysandú, una inversión más que un gasto, algo que compartimos completamente.

Pero son dos cuentas diferentes, una es la inversión que realiza la Intendencia que gestiona recursos de todos los sanduceros, de aquellos que van un fin de semana cada tanto, de quienes tienen emprendimientos en las termas y de quienes no han puesto ni medio pie en el agua caliente. La definición de asignar recursos a las mejoras –como se ha hecho– y al mantenimiento de las termas es potestad de cada intendente. Hay quienes lo han hecho de una manera y quienes lo han hecho de otra. Somos de la idea de que para estar en un rubro como el turístico, hay que ser competitivo y siempre estar invirtiendo en ello, así como en difusión. Si se va a apostar al turismo, hay que competir con las reglas del sector, ni más ni menos. Después, si esa inversión la realizan los operadores privados, a costo propio, aplausos para ellos, pero mientras quien ponga el dinero sea la Intendencia, es decir, quien gestiona los dineros del departamento, siempre estaremos celosos de ver a qué se destinada cada cosa.

En tanto, el ciudadano “de a pie”, ese que sostiene con sus impuestos el funcionamiento y la propia existencia de las termas, es por lo tanto un “socio” en esta empresa y debe conocer la realidad de los números, de la misma forma que debe saber cuánto se gasta o invierte por ejemplo en la Semana de la Cerveza, el Encuentro con el Patriarca, el Carnaval y tantas cosas más, que si bien producen un gran derrame económico, también significan cuantiosos recursos municipales, que por supuesto se restan a otras obligaciones de la Intendencia. Incluso se debe saber que eso a veces tanto se critica porque no tiene esto o aquello, o que tal servicio no alcanza la calidad que se pretende, aún así, tan básico como parece, es muy caro de mantener, más allá de las millonarias inversiones que se suman año a año.
Y esto no parece ser un problema de color político de quien ejerce la administración departamental, porque las termas siempre fueron una piedra en el zapato para las intendencias, y siempre dieron pérdidas muy significativas.

Ahora bien, con esos números sobre la mesa, sabiendo qué implica estar en este rubro, hay que tener mucha cautela a la hora de pensar en proyectos de inversión como los que se han venido planteando para Corrales de Abasto. ¿Está la Intendencia, y más que la Intendencia el propio departamento, en condiciones de hacer frente a la gestión de un tercer centro turístico de la envergadura de los centros termales ya existentes, o incluso más grande aun, como se ha hablado de algunos proyectos? ¿Puede hacer frente además a la millonaria inversión inicial que requeriría? Porque las promesas son muchas, pero parece ser que en lo que es centros turísticos, “la casa siempre pierde”.

Por lo tanto si así fuera, y para estar a cubierto, el modelo de negocio debería ser por lo menos muy diferente a este que hoy tenemos.