El doctor Guillermo Moyna, docente del Centro Universitario Regional (Cenur) Litoral Norte e integrante del Departamento de Química del Litoral de la Universidad de la República (UdelaR), fue distinguido con el Premio Morosoli de Plata en Ciencia y Tecnología–Investigación Fundamental, otorgado por la Fundación Lolita Rubial. La ceremonia se realizó el sábado 29 de noviembre de 2025 en el Teatro Lavalleja de la ciudad de Minas, en el marco de la 29.ª edición de estos premios, que reconocen anualmente a destacadas figuras de la cultura, las artes, la ciencia, la educación y la investigación en Uruguay.
Moyna recibió la noticia de la premiación mientras se encontraba en Suecia, en una pasantía de investigación. “La sorpresa inicial dio paso, con el correr de los días, a una reflexión más profunda sobre el significado del reconocimiento. No es un premio que uno se postule ni espere; alguien te elige”, señala, destacando el valor simbólico en el hecho de ser reconocido por una trayectoria construida a lo largo del tiempo y en diálogo permanente con otros.
Durante la ceremonia, acompañado por su familia y desde el estrado junto a una de sus hijas, el investigador subrayó el carácter colectivo del premio. En ese sentido, el premio Morosoli aparece menos como una distinción individual que como una forma de hacer visible un entramado de apoyos, colaboraciones y esfuerzos compartidos, que incluyen a equipos de trabajo, estudiantes, otros docentes de diferentes Facultades, la institución universitaria y, de manera muy especial, a las familias que acompañan y sostienen los procesos académicos y científicos.
Para Moyna, uno de los aspectos más significativos del evento fue el clima común que atravesó los discursos de premiación, más allá de la diversidad de áreas representadas. “Desde la ciencia hasta el periodismo, las artes o el trabajo social, se repitió una misma idea: ‘nadie avanza solo, nadie logra nada solo’. Fue muy gratificante identificar que pensábamos más o menos parecido en ese sentido”, dijo afirmando “el reconocimiento explícito a los vínculos, a la confianza y a la persistencia colectiva” que fue, a su entender, uno de los grandes valores del Premio Morosoli como espacio de encuentro y visibilización de trabajos muchas veces silenciosos.
El premio adquiere además una dimensión particular en relación con la UdelaR en el interior del país. Moyna integra la primera generación de docentes que se radicaron en Paysandú a comienzos del proceso de descentralización universitaria conocido como la Segunda Reforma universitaria durante el rectorado de Rodrigo Arocena. “Cuando llegamos, literalmente había pasto donde hoy hay laboratorios”, recuerda, aludiendo a los desafíos iniciales de instalar capacidades de investigación, formar equipos y construir institucionalidad en un territorio que, hasta hace pocos años, había poca infraestructura científica.
Crecimiento, consolidación y colaboraciones
Desde entonces, el trabajo sostenido permitió desarrollar líneas de investigación que hoy cuentan con reconocimiento nacional e internacional, y se concentran en el área de la espectroscopía y la fisicoquímica orgánica, con énfasis en la aplicación de métodos experimentales para el estudio, a nivel atómico, de las interacciones entre distintas moléculas y su entorno, así como en el desarrollo de estrategias para el procesamiento y análisis de matrices naturales complejas. Para ello se emplea una combinación de herramientas que incluye síntesis orgánica, espectroscopía de resonancia magnética nuclear (RMN), quimiometría y análisis estadístico. Entre las líneas en desarrollo se destaca el estudio de los líquidos iónicos y su aplicación en la extracción, procesamiento y análisis de materiales poliméricos de origen natural: el grupo fue pionero en la elucidación de los mecanismos de disolución de azúcares mediante líquidos iónicos del tipo dialquilimidazolio y en demostrar su capacidad para disolver matrices complejas como madera, granos y otros tipos de biomasa.
“Antes nos preguntaban qué podíamos hacer con los datos; hoy nos convocan desde el diseño de los proyectos”, explica, como muestra del crecimiento y la consolidación de estas capacidades desarrolladas por el grupo desde Paysandú.
En ese marco, el premio Morosoli aparece como un reconocimiento que trasciende la figura del investigador y pone en valor un modo de hacer ciencia desde el interior, con tiempos propios, dificultades específicas y una fuerte apuesta a la formación de nuevas generaciones. Para Moyna, uno de los impactos más relevantes del proceso es la formación de nuevas generaciones. “Yo ya no puedo alegrarme solo de mis éxitos: el verdadero orgullo hoy es ver a mis estudiantes y lo que logran. Uno en definitiva los entusiasma y convence de que hay que resolver un problema, de motivarse, dedicarle mucho trabajo y tiempo. Esas son las cosas que nos mueven y generan avance en la institución”, afirma. Muchos de quienes hoy integran equipos docentes y de investigación en el Cenur Litoral Norte fueron formados por aquella primera camada, dando lugar a un proceso intergeneracional que fortalece la presencia universitaria en la región.

