Prueban microorganismos para reparar el hormigón del Anglo y el Centenario

Un equipo de investigadores del Instituto Pasteur de Montevideo estudia el potencial de una técnica en la que se emplean microorganismos para reparar el hormigón del edificios históricos, como el Estadio Centenario o el antiguo Frigorífico Anglo. El grupo está liderado por la investigadora adjunta senior de la Unidad de Bioinformática del referido instituto, según publicó La Diaria.

Mediante esta técnica las bacterias son capaces de sellar fisuras, reducir la salinidad y proteger superficies expuestas al clima. La investigación está aún en su etapa inicial, por más que ya llevan varios meses trabajando. Consiste en tratar de determinar potencial de bacterias que forman parte naturalmente del propio hormigón, que, mediante procesos biológicos, podrían proporcionar los resultados deseados, con bajo impacto ambiental.

Las experiencias se han desarrollado hasta el momento en la vieja planta frigorífica del Anglo, en Fray Bentos, y en el estadio Centenario. El proyecto surgió “motivado por mi curiosidad, ya que me dedico a la caracterización de la diversidad microbiana, y también del ingeniero francés Jean Ducasse-Lapeyrusse, que es experto en la conservación del hormigón patrimonial en Francia. El objetivo de este proyecto es desarrollar una solución que sea duradera y ecológica para reparar y conservar el hormigón”, señaló Megrian, citada por el periódico capitalino.

Las bacterias tienen el potencial de producir carbonato de calcio de forma controlada, un compuesto que es el principal componente del sarro que queda en la caldera al hervir el agua, explicó la investigadora. Con ese material se pueden rellenar y sellar fisuras pequeñas.

Métodos de este tipo se utilizan en edificios patrimoniales en otras partes del mundo, especialmente en Canadá y en Francia, que han sido pioneros en la técnica. Aunque el procedimiento es similar a la aplicación de pinturas, en realidad es más costoso, dado que se realiza en varias capas de aplicación con varios días de separación, por más que la producción de las bacterias es “relativamente barato”, indicó Megrian. Esto hace que de momento no sea una técnica comercialmente aplicable, pero sí es una alternativa viable para la protección de edificios patrimoniales, como los mencionados y otros 20 que completan la lista de sitios de interés que se definió junto al Ministerio de Educación y Cultura.