Montevideo fue sede durante la semana pasada de la Cumbre Mundial de la Comunicación Política, un evento que concitó la presencia de expertos internacionales tanto entre los expositores como entre quienes concurrieron desde diferentes países de la región y extrarregión a escuchar sus presentaciones relacionadas con la temática. Tuvo la particularidad de que los organizadores la denominasen extraoficialmente “La cumbre de la democracia”, y es que uno de los puntos sobre los que permanentemente se hizo énfasis fue el de la estabilidad democrática de nuestro país, en un contexto regional en los que los Estados, unos más otros menos, han tenido sus oscilaciones.
Pero más allá de ello el encuentro y la oportunidad siempre es bienvenida para poner foco en cómo la comunicación se va moldeando conforme la tecnología va poniendo delante nuevas herramientas y cómo la política va ajustando su discurso, tanto la forma como el contenido, a las nuevas posibilidades. Y en la última de las jornadas de esta cumbre, en la actividad que le dio cierre, se dieron cita varios referentes de la política uruguaya, compartiendo panel, en buen tono de intercambio, como corresponde y no sorprende a nadie que sea de por acá. Ahí estuvieron la expresidenta del Frente Amplio, Mónica Xavier --ocupando el lugar el originalmente anunciado Fernando Pereira--, el presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, el secretario general del Partido Colorado y los referentes del Partido Independiente, Pablo Mieres, y de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, hablando sobre los desafíos de este tiempo para la necesaria comunicación de sus mensajes.
Una de las preocupaciones en la que coincidieron varios de los dirigentes es lo poco convocante de la actividad política hoy. “No cotiza al alza”, fueron las palabras de Xavier. “Tiene una serie de dificultades. Entonces me parece que hay que ir de alguna manera a aquello que constituye el mayor motor de cualquier partido político y es su militancia. Y acá no se trata de contraponer tecnología con la militancia como forma comunicacional. Se trata de ver que hay algunas cosas, como el contacto personal, que no se soluciona con posteos. Sí con la cercanía. Y con la confianza”, planteó.
Para Delgado las tecnologías de la información han traído nuevos desafíos a un partido con 190 años de historia. “Tenemos el desafío de tener la oportunidad de usar tecnologías que nos den cercanía”, pero junto con esa cercanía apareció también la posibilidad de segmentar los destinatarios de los mensajes y, por el contrario, cuando se quieren enviar mensajes generales, se pierde profundidad. No obstante, al igual que Xavier, valoró el contacto personal. De allí que en la campaña en la que compitió por la presidencia decidieron hacer tres giras por el interior del país. “Creo que imprescindible del contacto de de verte a los ojos y asociar con lo que aparece en Facebook con lo que se está diciendo, ese gesto, esa mirada, ese apretón de manos. Yo creo que eso es intransferible”, dijo.
Ojeda, quien fue presentado como un dirigente que vino a cambiar las estructuras en nuestro país en comunicación, volvió a sacar el Nokia 1100 que usó recientemente en la interpelación al ministro del Interior, Carlos Negro. “Creo que hoy, en lugar de enojarnos con los cambios, tenemos que ver cómo nos subimos a la ola de los cambios”, afirmó. Agregó que los mensajes, en aras de ser más compactos, “más rápidos y más concretos, quizá pierdan un poco de profundidad, pero vamos a priorizar su impacto porque necesariamente precisamos que el que esté del otro lado nos de bola primero”. Y si eso no ocurre, no hay “mensaje ni profundo ni compacto, ni somero ni superficial ni nada. Y les puedo asegurar que si usted tiene una buena comunicación en redes sociales el contacto humano que después haga cuando vaya al lugar le va a rendir el triple”. El líder colorado reivindicó ser de la “generación Instagram y Tik Tok”, y refirió que “hace unos días el secretario de Presidencia --Alejandro Sánchez-- me quiso criticar y creo que me elogió, porque me dice ‘menos TikTok y más política’. Ah, no entendió nada señor: TikTok también es política. Y quizás más contundente que muchas cosas más tradicionales”. Ojeda aportó otra pista del desinterés del público por la política a través de los números de visualizaciones en las transmisiones en vivo del Parlamento. “Tengo la mala costumbre de mirar cuánta gente está mirando en vivo en YouTube el Senado. Anda mal de rating el Senado. Estamos hablando de cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta personas en vivo”, aunque después pueden llegar a tres o cuatro mil, con visualizaciones posteriores.
Mieres, a su tiempo, advirtió que en aras de diversificar los mensajes, la tecnología admite hoy casi una individualización, un mensaje personalizado, lo que supone a la vez un riesgo de cometer demagogia y decirle a cada uno lo que desea escuchar. También se dijo partidario, como Xavier y Delgado, del cara a cara, que sigue siendo una parte relevante de la comunicación política. “Visitar a los ciudadanos, conocerlos, escucharlos, de una manera que no sea solo tecnológica”, y planteó que todos estos cambios han sumado desafíos a los políticos. “Creo además que lo otro que se ha instalado es la instantaneidad, es decir, la exigencia de que no demos muchas vueltas ni hablemos muy largo (…), tenés que tener la capacidad, y ese es un desafío para los que somos más veteranos, de elegir bien cuál es el núcleo duro del mensaje y transmitirlo en primer lugar porque después la atención cae”.
A su vez, Manini, puso el foco en uno de los grandes temas de conversación en torno a la tecnología y en especial con la irrupción de la inteligencia artificial, que es “saber separar la verdad de la mentira, la paja del trigo, lo que es real de lo que no lo es, la tergiversación, la distorsión”. Agregó que hoy “es más fácil que nunca crear una caricatura de un personaje o de un partido o de una realidad. Es más fácil que nunca imponer una mentira”. Y aunque reconoce que hoy tienen “herramientas poderosísimas para llegarle a la gente”, hay un riesgo de que se transforme “en quién tiene más recursos para poder llegar mejor, para poder imponer caricaturas de sus oponentes, para poder distorsionar la realidad, para llevar agua para su molino político”.
Más allá de estas visiones y de las preocupaciones de los líderes, hay cosas que no se deben perder y es la profundidad de la discusión. Lo que no nos debiera pasar es que, en tren de mejorar los datos de visualización de las transmisiones en vivo del Senado el mensaje se simplifique como se simplifica en las redes sociales, acercándose a un límite muy cercano con la descalificación, y más de una vez esa línea se ha cruzado. Como defendió Ojeda en su intervención, plataformas distintas requieren mensajes distintos, y el debate político, al menos en el recinto del Palacio Legislativo debiera tener una altura que quizás TikTok o Threads no exijan. Pero la larga tradición política uruguaya lo merece, así no quede nadie viéndolo en la pantallita.
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