Anote esa matrícula

“¿A cuántos niños y adolescentes deberá atender el sistema educativo obligatorio uruguayo en los próximos años? Esta es la primera pregunta que debería intentar responder un proceso de planificación”. Con esas palabras comienza el Reporte temático 12, La matrícula de la educación obligatoria, proyección de escenarios posibles, del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) y el Mirador Educativo, presentado la semana pasada.
Según el documento, en 2070 la cantidad estimada de estudiantes de la enseñanza obligatoria alcanzaría casi la mitad de la que registraba en 2024. Esto implicaría unos 313.000 alumnos menos entre los diferentes sistemas, de Inicial a Bachillerato, basado en proyecciones de matrícula, datos de primera infancia y datos del Instituto Nacional de Estadística, e incluye además reflexiones acerca de los retos que estos escenarios plantean al sistema educativo nacional.
De acuerdo con la presentación que realizó el investigador Hugo de los Campos, la evolución de la matrícula está determinada “por tres factores: la disminución de la cantidad de niños y adolescentes; el hecho de que en algunos niveles educativos ya se alcanzó una cobertura cercana al total de la población objetivo, y la mejora de la promoción”. Por la combinación de estos factores hubo en 2024 casi 50.000 estudiantes matriculados menos que en 2012.
Los investigadores consideraron la proyección de población y la cobertura, partiendo de la base de que las tasas de promoción se mantendrán estables, por lo que “si en el futuro más estudiantes avanzaran de grado sin repetir, la matrícula podría ser incluso menor a la calculada”.
Por sistemas, en el caso de inicial la estimación es que la matrícula continuará descendiendo hasta 2032, año en el que sería de 87.259 niños, es decir, unas 22.000 inscripciones menos que en 2024. Luego tendría un incremento hasta 2040, aunque sin alcanzar el valor de 2024, y de ahí en más empezaría un descenso sistemático “hasta alcanzar en 2070 una matrícula que representaría el 60% de la de 2024”.
En primaria, en tanto, se espera “un descenso brusco de la matrícula”, debido a que las próximas generaciones de alumnos serán las nacidas en el período de mayor baja de la natalidad. “La caída se verificará hasta 2036, con un descenso más pronunciado hasta 2032. Entre 2025 y 2032 se espera una caída promedio de más de 11.000 estudiantes por año”; en suma, se espera una reducción cercana a 90.000 alumnos en ocho años. Luego se generaría un leve repunte entre 2037 y 2043, y después sobrevendría un nuevo descenso, “menos pronunciado que el de los primeros años, pero sistemático, hasta 2070”. Con esto, al final del período analizado, la matrícula sería el 48% de la de 2024.
Igual de importante será, a estar por estas proyecciones, el descenso en el porcentaje de alumnos en educación media básica. “Se espera que la matrícula continúe estable y empiece a descender bruscamente a partir de 2029”, año que coincide con la incorporación de las generaciones nacidas luego del descenso pronunciado de la natalidad, en 2016. Se prevé una pérdida en la matrícula de “casi 60.000 adolescentes entre 2029 y 2039”. Aunque esta caída se detendría hacia 2043, luego volvería a registrarse un descenso a partir de 2049, con lo que, a 2070, la matrícula proyectada sería el 49% de la de 2024.
En educación media superior, en tanto, lo que se espera es un leve aumento de la matrícula hasta 2031, pero luego empieza también una disminución de similares dimensiones a la que se proyecta en media básica. “El descenso acumulado de matrícula entre 2033 y 2042 sería de unos 56.000 adolescentes”, indica el informe.
Redondeando cifras, entre todos los sistemas, entre 2024 y 2036 se espera una reducción del orden de los 165.000 estudiantes, que luego de una relativa estabilidad en esos números volverá a tener un descenso firme y sistemático hasta 2070. “La pérdida de matrícula al cierre del período estudiado se estima en 313.000 estudiantes respecto a 2024”.
Ya el presidente del Codicen ha planteado la reflexión de que frente a este escenario, que demográficamente para el país es por supuesto adverso, a efectos de la educación y de la calidad educativa supone para el Uruguay la oportunidad de corregir carencias históricas de la educación pública, como la superpoblación de grupos, por ejemplo, ya que si se mantiene la cantidad de docentes se les podrá asignar en cada grupo menos alumnos, lo que supone una mejor dedicación a sus necesidades por parte de maestros y profesores. También será una oportunidad de mejorar el dato de asignación presupuestal por alumno. No es el mismo cálculo del tan reclamado 6+1 —6% del PBI a la educación más 1% a la investigación— que reclaman los sindicatos de la educación, una meta que en recursos reales se aleja a medida que crece el PBI del país: pasó de 22.371 millones de dólares en 2005 a 79.560 millones en 2025, con lo que el reclamado 6% pasó de 1.342 millones a 4.773.
Relativamente poco podrán hacer seguramente las autoridades educativas para revertir esta tendencia demográfica, que además no es exclusivamente uruguaya sino una tendencia global de las sociedades occidentales en general, pero lo que no se puede permitir el país es que no se sienten las bases para aprovechar esta oportunidad histórica de realizar mejoras estructurales en el sistema. E incluso estructurales literalmente.

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