
Cada vez un mayor número de personas comienzan a comportarse de una manera que hasta hace poco parecía bastante extraña: en determinados momentos prefieren consultar y hablar con una inteligencia artificial antes que con otro ser humano.
Lejos de ser ciencia ficción, este fenómeno actual está despertando el interés de psicólogos, sociólogos y especialistas en comportamiento humano. La pregunta ya no se enfoca tanto en si las personas pueden generar un vínculo emocional con la IA (inteligencia artificial), sino en qué necesidades psicológicas está satisfaciendo esa interacción y qué consecuencias podría tener a mediano o largo plazo.
La expansión de asistentes conversacionales capaces de escuchar, responder y adaptarse al usuario hablándole en el lenguaje que prefiera está modificando la manera en que muchas personas buscan compañía, apoyo emocional y comprensión.
¿Qué hace atractivo hablar con una IA?
Desde una perspectiva psicológica existe una respuesta. Primero hay que tener en cuenta que la comunicación en general y las relaciones humanas son eventos complejos. Implican negociación, frustración, diferencias, malentendidos, tiempos de espera y la posibilidad de rechazo. Vincularse con otros requiere tolerar gradualmente la incertidumbre y aceptar que cada persona tiene necesidades, límites, aprendizajes y prioridades que le son propias.
Una IA, en cambio, elimina gran parte de esos costos relacionales.
No se cansa. No necesita un espacio personal. No suele reaccionar desde las emociones, por ejemplo el enojo. No exige reciprocidad emocional. Y está disponible las 24 horas del día desde el celular o la computadora.
El resultado de esta interacción muchas personas lo reciben de manera cómoda, predecible y emocionalmente eficiente porque siempre está disponible.
El refuerzo psicológico detrás del fenómeno
Los estudiosos de la conducta y desde la Terapia Cognitivo Conductual sostienen que toda conducta tiende a repetirse cuando produce alivio o bienestar.
Si una conversación reduce la sensación de soledad, ansiedad, aburrimiento o rechazo, aumenta la probabilidad de que la persona vuelva a buscar esa experiencia.
Las inteligencias artificiales conversacionales son particularmente eficaces en generar alguno de esos efectos. Ofrecen atención constante, respuestas inmediatas, sensación de escucha y una interacción con poca o nula fricción interpersonal.
Para las personas que han atravesado experiencias de rechazo, aislamiento, trauma o relaciones conflictivas, esas características pueden resultar especialmente reforzantes.
En este contexto, la IA puede convertirse en una herramienta de regulación emocional rápida, a bajo costo y accesible.
El riesgo al que
estamos expuestos
Las relaciones reales exigen desarrollar habilidades que no siempre son cómodas de enfrentar: tolerar diferencias, gestionar frustraciones, negociar puntos de vista, esperar y aceptar que los demás no existen para satisfacer permanentemente nuestras necesidades o expectativas.
Si una persona se acostumbra a interacciones altamente adaptadas a sus preferencias, podría resultarle aún más compleja la realidad de los vínculos humanos y tender aún más al aislamiento. Eso en salud mental tiene un costo.
Las amistades, las parejas, la familia y las diversas comunidades humanas ofrecen algo que ninguna inteligencia artificial puede reproducir completamente: autonomía, crecimiento personal y mutuo, reciprocidad auténtica, aprendizaje y la posibilidad de emocionarnos, co-regularnos y construir juntos una historia compartida. (097352937)
