La 4×4 del presidente

La polémica por la compra de una camioneta de lujo por el presidente Yamandú Orsi —cuyo valor era de casi 80.000 dólares— no termina de clarificarse, y el transcurso del tiempo deja más que comprobado aquel viejo dicho según el cual “no aclares que oscurece”.

Según el diario El País, “ante las dudas que se generaron a partir de este hecho, el lunes 1.° de junio el presidente buscó disiparlas con un mensaje grabado. Solo, sin ningún logo de la Presidencia de la República detrás y vestido sin el traje ni la corbata que suele usar a diario, dijo mirando a cámara: ‘Sé que hoy hay dudas sobre el cómo y el porqué de todo este proceso. Lo entiendo (…) Antes de asumir el cargo, decidí que no estaba bien generar el gasto que surgiría de la compra de un vehículo por parte de la Presidencia. En esos días, se me planteó la posibilidad de cambiar el auto que yo tenía, modelo 2020, por la misma marca y modelo, pero versión 2024 (…) Por reunir las condiciones de seguridad y por presentar las características apropiadas para el nuevo desafío, consideré viable la propuesta’. Lo que no dijo Orsi en ese mensaje de dos minutos y 45 segundos fue que, como informó Búsqueda un rato más tarde, como parte del negocio para adquirir la camioneta no solo había entregado su propio vehículo, sino también otro que había sido donado en campaña a la fórmula del Frente Amplio por la empresa Car One, con el que se había hecho una rifa y que había quedado en manos de la fuerza política debido a que nadie había comprado el número ganador. El 17 de febrero de 2025 fue cuando Orsi recibió la propuesta de la automotora Oliva para cambiar la Hyundai Santa Fe que tenía —modelo 2020— por una del 2024. La concesionaria le planteó venderla a U$S 54.000, monto que se integraba por la permuta de dos coches y un saldo de U$S 15.000.

El presidente mostró en la tarde del martes 2 de junio a un grupo de periodistas, entre los que se encontraba uno de El País, documentos donde se detalla a cuánto se tomó cada vehículo: U$S 22.000 la Hyundai Santa Fe del 2020 y U$S 17.000 la Renault Stepway.

En el encuentro no se entregó ninguna prueba de la transferencia bancaria por el saldo, algo a lo que el presidente se comprometió luego. Horas después, desde Presidencia entregaron a El País prueba de dos transferencias hechas el 25 de febrero a la automotora: una de U$S 10.000 y otra de U$S 5.000”.
Es claro que en el caso del presidente Orsi —y de sus asesores de imagen, que bien poco le han ayudado— las cosas se van deslizando lenta pero inexorablemente del papelón a la demagogia más rústica e indisimulada, tratando al pueblo como si fuera idiota o por lo menos burro. En esa absurda caravana de excusas cada una es peor que la anterior, y cuando uno podría suponer que se ha llegado a la cúspide del cinismo, todo vuelve a empezar nuevamente. Las respuestas y los pocos documentos presentados por el gobierno han sido emitidos o entregados con cuentagotas, con recelo y desconfianza y con una falta de transparencia que llama la atención.

Pero como siempre, “es peor la enmienda que el soneto”: la idea posterior de donar la camioneta de casi 80.000 dólares a la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) solo puede despertar más incredulidad y una sonora carcajada ante tanta falta de sentido común.

Estamos hablando de una camioneta de altísima tecnología, con repuestos y mantenimiento carísimos, altos costos de seguro y que solo puede pensarse para llevar cómoda y lujosamente a cinco pasajeros. ¿En qué país viven Orsi y sus asesores? ¿Cómo se imaginan esos “grandes señores” cómo son los caminos vecinales que llevan a las escuelas rurales más apartadas? ¿Alguna vez vadearon arroyos o anduvieron a caballo para poder asistir a clases? Lamentablemente nunca lo sabremos, porque si bien Orsi declaró que la donación fue motivada “porque me enteré de una necesidad concreta de la ANEP”, la verdad es que nunca más brindó detalles al respecto, lo que hace suponer que se trató de una necesidad inventada para sacarse la camioneta de encima en forma rápida y definitiva.

¿En qué cabeza cabe? En cualquier caso, la idea del presidente de donar su camioneta a la ANEP es una reverenda estupidez. ¿Y si mejor le damos a la ANEP el Porsche Panamera V8 Turbo que le incautaron a Balcedo para llevar niños a las escuelitas rurales?

El presidente se sacó las ganas de tener la última 4x4 del mercado, con todos los lujos y comodidades. La excusa de la “seguridad” del presidente que torpemente intentó presentar “Pacha” Sánchez no hace más que demostrar la improvisación con la que actúan. Orsi cambió su SUV 2020 por el mismo modelo pero año 2024. ¿Acaso se le habían vencido los airbags en solo cuatro años? Sería muy extraño, puesto que la prestigiosa prueba Euro NCAP le dio cinco estrellas en seguridad a ese mismo vehículo.

El problema no es que el presidente tenga el “tope de gama” de las 4x4; el problema es cómo lo adquirió y --peor aún-- los ensayos de justificación y reparación que ha hecho.

Está claro que esa camioneta es hoy un “fierro caliente” del cual no saben cómo deshacerse. Pero tampoco queda duda alguna de que para la ANEP más que una solución es un gran dolor de cabeza. Es un vehículo que no se puede atender en cualquier taller, y el costo de los servicios de mantenimiento es tan alto que ni siquiera está al alcance de un ciudadano de clase media que vive de un salario normal en este país. En los hechos, es inviable.

Quizás lo más paradójico del caso es que puso en evidencia que las tan demonizadas “4x4” no son solo de “oligarcas”, sino que muchas de ellas pertenecen a esos mismos que, cada vez que tienen la oportunidad, critican a quienes incluso por necesidad de trabajo tienen una camioneta de “alta gama”, muchas veces menos equipada que la del presidente.

Orsi ya compró la 4x4 de sus sueños. Ahora deberá hacerse cargo, en lugar de tirarla a la rebatiña a ver qué organismo lo saca del apuro.

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