Opinión

Justicia terapéutica en discusión parlamentaria

Realicé una corrección integral de ortografía, sintaxis, puntuación, concordancia, coherencia, redundancias y estilo periodístico, procurando mantener el sentido, el enfoque argumentativo y el tono de columna de opinión.

La Comisión de Adicciones de la Cámara de Diputados estudia un proyecto que propone la creación de tribunales para delitos leves —como lesiones o tentativa de hurto— cometidos por personas con adicciones, sustituyendo las penas tradicionales por tratamientos de rehabilitación.

La iniciativa no es nueva. Ya se aplica en varios países con el objetivo de fortalecer las estrategias de combate a la reincidencia y aliviar la superpoblación carcelaria.

En Estados Unidos existen más de 4.000 programas de este tipo en todo el país desde finales de la década de 1980. Estos mecanismos sustituyen las penas de prisión por sistemas de supervisión judicial. Junto con Canadá, además, se amplió el modelo mediante la creación de juzgados especializados en salud mental.

En Argentina funciona la Asociación Argentina de Justicia Terapéutica, dedicada al estudio de la evidencia empírica y a la aplicación de programas para el tratamiento del consumo de sustancias. En Chile, desde hace varios años, se implementan los Juzgados de Tratamiento de Drogas, con especial énfasis en el sistema penal adolescente.

En Uruguay, la propuesta —respaldada por la Junta Nacional de Drogas— también se discute desde hace años. A fines de 2019, jueces de distintos países de la región, junto con el entonces comisionado parlamentario para el sistema penitenciario, Juan Miguel Petit, promovían este mecanismo para derivar personas a centros especializados.

Uruguay no cuenta con una justicia terapéutica y la discusión estará centrada, entre otros aspectos, en la disponibilidad de recursos y en la voluntad política para implementarla. En el sistema penitenciario, ocho de cada diez personas que ingresan a prisión presentan consumo problemático de sustancias. Entre ellas, casi siete de cada ocho tienen una relación de dependencia con las drogas que condiciona gran parte de su vida cotidiana.

En América del Sur, Uruguay encabeza el ranking de países con mayor cantidad de personas privadas de libertad por habitante. Hasta el 6 de mayo —cuando la directora del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), Ana Juanche, compareció ante el Parlamento— la tasa alcanzaba los 480 reclusos cada 100.000 habitantes.
En ese momento se contabilizaban 16.789 personas privadas de libertad, de las cuales el 91% eran hombres. El año pasado recuperaron la libertad 10.691 personas, un promedio de 31 liberaciones por día. Esto supone que el número de ingresos continúa siendo superior y que este indicador tampoco ha contribuido a mejorar la percepción de seguridad ciudadana. Las cárceles no rehabilitan. En algunos establecimientos, las personas privadas de libertad viven en condiciones de hacinamiento que alcanzan el 200% de la capacidad prevista, mientras que las distintas administraciones no han logrado reducir los niveles de reincidencia. Según el Observatorio Uruguayo de Drogas, existe una prevalencia “sensiblemente mayor” que en la población general en el consumo de alcohol, marihuana, cocaína y pasta base entre las personas privadas de libertad.

De esta realidad surge la iniciativa parlamentaria presentada por el diputado colorado Rodrigo Martínez. Es evidente que nadie deja de consumir por una resolución judicial. Sin embargo, la propuesta incorpora un tratamiento que incluye una internación voluntaria de 30 días y un posterior seguimiento ambulatorio. La recaída no constituye un incumplimiento del tratamiento; lo que determina su fracaso es el abandono. En ese caso, la persona retornaría al proceso judicial ordinario.

Frente a una grave situación carcelaria y a elevados niveles de reincidencia que siguen sin resolverse, oficialismo y oposición parecen alineados para avanzar en la incorporación de herramientas de justicia terapéutica.

Desde 2005, la población penitenciaria se cuadruplicó y el sistema político no ha encontrado respuestas efectivas, pese a los numerosos debates instalados en el Parlamento, en distintos ámbitos académicos y en los medios de comunicación.

que sí sabemos, al menos como sociedad, es que las cárceles se han transformado en verdaderas “universidades del delito”. En muchos casos, quienes recuperan la libertad encuentran destruidos sus vínculos familiares y terminan enfrentando situaciones de exclusión social o de calle.

Sin embargo, en el caso de las personas con adicciones que no logran acceder a un tratamiento de rehabilitación, persiste una interrogante: cómo se obtendrán y sostendrán los recursos necesarios para que la justicia terapéutica pueda mantenerse en el tiempo. Las dificultades para garantizar la continuidad de los proyectos institucionales constituyen, en términos generales, una de las debilidades estructurales del sistema uruguayo.

Por otra parte, es cierto que el sistema penitenciario demanda enormes recursos y se ha convertido en un barril sin fondo que recae sobre los contribuyentes, sin que ello haya derivado en respuestas satisfactorias frente a los problemas de inseguridad ciudadana.

El ministro del Interior, Carlos Negro, afirmó el año pasado que Uruguay destina aproximadamente US$ 1.000 mensuales por cada persona privada de libertad. Sería ingenuo suponer que esta iniciativa resolverá por sí sola la problemática del consumo de sustancias vinculada al delito o que garantizará procesos exitosos de rehabilitación capaces de evitar la reincidencia.

Se trata, al menos, de una propuesta que permitirá desarrollar un plan piloto y abrir un debate parlamentario sobre una cuestión que rara vez ocupa un lugar central en la agenda pública: el consumo problemático de sustancias como factor asociado a determinadas conductas delictivas. Asimismo, permitirá discutir la construcción de un sistema de rehabilitación que, hasta ahora, sigue siendo insuficiente en Uruguay.

También es evidente que los partidos políticos suelen aprobar o rechazar iniciativas en función de las percepciones predominantes en la sociedad, que en materia de seguridad tienden a inclinarse hacia enfoques más punitivos.

Referentes de distintos partidos políticos y operadores judiciales se han mostrado favorables a esta propuesta legislativa y han expresado su disposición a contribuir a su desarrollo. Resta conocer cuál será el lugar que ocupará esta iniciativa dentro de las prioridades legislativas y si logrará avanzar en el proceso de discusión parlamentaria. Como observación de estilo, para una publicación en un diario, eliminaría o reformularía la frase «casi siete tienen a las drogas como principal actividad vinculada a su trayectoria delictiva», porque resulta ambigua y puede generar cuestionamientos sobre la fuente o el significado exacto del dato. Conviene precisar si se refiere a delitos vinculados al mercado de drogas, a la obtención de recursos para consumir o a otra categoría específica. Esto fortalecería la solidez argumentativa del artículo.

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Suben combustibles, no llegan medidas a la frontera y el litoral paga la cuenta

El diputado Fermín Farinha analizó que “la realidad vuelve a aparecer en el surtidor”, con el incremento del precio de las naftas y el gasoil desde hoy, a pesar del incremento del descuento del Imesi del 15% al 20% en los departamentos fronterizos con Argentina.
“En marzo de 2025, un sanducero cargaba nafta con el descuento fronterizo del 40% y pagaba aproximadamente $47 por litro. Desde este lunes, aún con el nuevo beneficio anunciado, terminará pagando cerca de $75 por litro. La diferencia es contundente y es más de un 58% de aumento real en poco más de un año”, dijo a EL TELEGRAFO.
Según el nacionalista, “cuesta presentar esta medida como un verdadero alivio para el litoral porque el aumento del descuento termina prácticamente diluido por la propia suba del combustible”.

Recordó que, de esta situación, “aparece una comparación inevitable” cuando “días atrás el presidente Yamandú Orsi expresó públicamente que cuando encuentra descuentos ‘se tira de cabeza’. Sin embargo, para cualquier trabajador, comerciante, productor o familia del litoral, este descuento claramente no da para tirarse de cabeza”.

Limitaciones del descuento

De acuerdo al legislador, el beneficio del descuento “mantiene fuertes limitaciones”, con un “máximo de 50 litros por carga, el tope mensual de 400 Unidades Indexadas (UI) o $2.622 a valores de la víspera para tarjetas de crédito, y 600 UI ($3.934,32 al día de ayer) para débito o prepagas. Una vez agotado el cupo, el usuario vuelve automáticamente a pagar el precio total del combustible”.
Agregó “otro dato” que dificulta la explicación de estos incrementos. “Durante 2025, el Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP) estimó que los consumidores uruguayos pagaron aproximadamente U$S 88 millones por encima del Precio de Paridad de Importación (PPI) en nafta y gasoil, atribuyendo esa diferencia al nuevo esquema de fijación de precios aplicado por el gobierno y a la incorporación del denominado ‘factor de estabilización’ de $1,50 por litro”.
En aquel informe, “la brecha acumulada alcanzó aproximadamente U$S 39 millones en nafta y cerca de U$S 50 millones en gasoil entre marzo y diciembre de 2025. En cualquier caso, el debate dejó sobre la mesa una realidad evidente y es que mientras los combustibles continúan siendo utilizados como herramienta de financiamiento, los costos terminan impactando directamente sobre las familias, los trabajadores, el comercio y la producción del interior”.

En cuanto al gasoil, recalcó que merece “una atención especial”. En marzo de 2025, “costaba aproximadamente $50,92 por litro. Desde este 1º de junio pasará a valer $61,76. Eso implica un incremento superior al 21%, afectando directamente al transporte, la logística, la producción agropecuaria y toda la cadena económica que sostiene buena parte del empleo del interior del país”.
Según Farinha, “cuando aumenta el gasoil, aumenta el costo de producir, cosechar, transportar y sostener la actividad económica regional. Y justamente el contexto económico y laboral del litoral requiere señales en sentido contrario”.

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FPB Audiovisual: “El Patio del Encuentro” se creó en la Escuela Técnica Superior de UTU

El FPB Audiovisual de la Escuela Técnica Superior de UTU realizó una intervención en el centro educativo denominado “El Patio del Encuentro” y en el marco del Día del Libro, asistió la referente de la Red de Biblioheladeras, Mabel de Agostini.
Milton Cabrera, tallerista de FPB Audiovisual, señaló que la iniciativa surgió junto a los estudiantes con el fin de aportar ideas a toda la comunidad educativa. “En este caso elegimos el patio entre la cantina y el salón comedor, pero se trata de lograr que estudiantes, docentes y funcionarios se apropien de cada rincón del centro educativo durante los recreos”.

En la presentación del proyecto, los estudiantes destacaron que el entorno escolar influye “en la convivencia y el aprendizaje”. La iniciativa “El Patio del Encuentro” implicó el acondicionamiento mediante palets, plantas y biblioheldaderas para la creación de un entorno de promoción comercial saludable, fomenta la compra dentro de la institución y mejora los hábitos alimenticios. La cantina está integrada a la dinámica del patio y trasciende su rol específico para transformarse en un puente pedagógico y de servicio, logrado con trabajo colaborativo.
La transformación estética del espacio se realizó para motivar el sentido de pertenencia de la comunidad educativa y “frenar el deterioro” con la promoción del “cuidado mutuo”.

El acondicionamiento del espacio predispone a la lectura y el diálogo intergeneracional, con el compromiso de “garantizar la sostenibilidad, limpieza y preservación del mobiliario creado por el FPB”. El plan se completa con la difusión de actividades y productos de la cantina con Almuerzos Literarios, Viernes de Música y Letras con breves rodajes de audiovisuales creados por el FPB, Guardianes del Patio con turnos de estudiantes para el cuidado y gestión del entorno, bajo la modalidad de trabajo cooperativo.

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YFU busca familias uruguayas para recibir a 36 estudiantes extranjeros

Youth For Understanding (YFU) Uruguay abrió la convocatoria a familias interesadas en recibir, de forma voluntaria, a estudiantes extranjeros que llegarán al país en agosto para vivir una experiencia de intercambio cultural. En esta oportunidad serán 36 jóvenes, de entre 15 y 17 años, provenientes de Alemania, Finlandia, Dinamarca, República Checa, Estados Unidos, Estonia, Francia, Letonia y Suiza.
Los estudiantes permanecerán en Uruguay entre 6 y 11 meses, asistirán al liceo, tomarán clases de español y se integrarán a la vida cotidiana de sus familias anfitrionas. La propuesta forma parte del programa internacional de YFU, organización sin fines de lucro que cumple 75 años a nivel mundial y que promueve el intercambio cultural como herramienta de entendimiento, respeto y convivencia entre personas de distintos países.
Desde YFU Uruguay explicaron que las familias no necesitan cumplir con un perfil específico para participar.

Pueden ser hogares con hijos o sin ellos, familias numerosas o monoparentales. Tampoco es requisito hablar otro idioma, ya que uno de los objetivos centrales de la estadía es que los jóvenes aprendan español. Las familias anfitrionas asumen la alimentación del estudiante como un integrante más del hogar, mientras que el resto de los gastos son cubiertos por el programa.
La organización brinda acompañamiento, soporte y orientación permanente tanto a los estudiantes como a las familias durante todo el proceso. Las personas interesadas en recibir a un estudiante pueden comunicarse a los teléfonos 092200203 o 24065054, o por correo electrónico a Info@yfu.org.uy.

En Uruguay, YFU cuenta con una trayectoria consolidada. Fue el primer país de América Latina en recibir el programa y, desde entonces, más de 4.500 jóvenes uruguayos participaron de intercambios en el exterior, mientras que más de 3.000 familias abrieron sus hogares para alojar estudiantes de distintas partes del mundo.

En el marco de los 75 años de YFU Internacional, la organización realizó recientemente un encuentro en la chacra El Renacimiento, en las inmediaciones de Atlántida, con la participación de más de 80 personas, entre estudiantes extranjeros que actualmente se encuentran en Uruguay, jóvenes uruguayos que vivieron experiencias en el exterior, familias anfitrionas y voluntarios.
Durante la celebración, el presidente del Consejo Directivo de YFU Uruguay, Lucas Espinosa, destacó el valor de estos programas en un mundo “cada vez más conectado, pero también más desafiante”.

En ese sentido, afirmó que “crear espacios de encuentro entre culturas no es solamente una experiencia enriquecedora, es una necesidad”, y subrayó que cada estudiante, familia y voluntario contribuye a construir “puentes de entendimiento mutuo, respeto y empatía”.
También se compartieron testimonios de participantes. Guilherme Santana, estudiante brasileño de 17 años que realiza actualmente su intercambio en Uruguay, afirmó que la experiencia fue “una de las mayores bendiciones” que le ocurrieron y valoró las amistades y vínculos generados durante su estadía. Natalia Leites, madre anfitriona y voluntaria de YFU, sostuvo que alojar a un estudiante “genera raíces y vínculos que duran para toda la vida”.

YFU nació tras la Segunda Guerra Mundial, impulsada por Rachel Andresen, con el propósito de promover la paz a través del intercambio cultural entre jóvenes. Desde entonces, más de 260.000 estudiantes participaron en programas de intercambio en distintos países.

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