Solicitada: La huella de Daniel

Hay personas que dejan huellas silenciosas, profundas, imposibles de borrar. Y así fue Daniel Buzzo.
Un hombre bueno, de esos que no abundan. Un luchador incansable que enfrentó durante años esa maldita enfermedad con una fortaleza admirable, siempre con una palabra de esperanza, siempre transmitiendo ganas de seguir adelante.

Cada control médico era para él una nueva batalla, y aun en los momentos más difíciles encontraba la manera de decir que estaba mejorando, de regalar optimismo a quienes lo rodeaban. Eso habla de la enorme calidad humana que tenía. Porque no solo peleaba por él, también intentaba cuidar a los demás del dolor.

Hoy queda una tristeza enorme. Se fue un amigo, un ser humano excepcional, alguien comprometido con las causas que entendía justas, siempre pensando en la gente y en cómo aportar algo bueno a los demás.
La vida muchas veces es injusta. Personas como Daniel jamás deberían partir tan temprano. Pero también es cierto que hay seres que no mueren del todo, porque quedan viviendo en cada recuerdo, en cada charla, en cada gesto noble que sembraron en el camino.

Que descanses en paz, querido Daniel.

Besos al cielo.

David Doti