
España venció 1 a 0 a Portugal en el Estadio de Dallas, con un gol agónico de Merino en el minuto 91, logrando la ansiada clasificación a los cuartos de final de la Copa Mundial, tras dieciséis años de espera.
Desde el pitazo inicial, el encuentro planteó una altísima exigencia táctica y física entre dos selecciones que se conocen a la perfección. España intentó imponer su identidad a través del control de la posesión, construyendo el juego desde la base con Rodri y buscando profundizar con la velocidad de Lamine Yamal. Portugal contrarrestó esta propuesta con un bloque defensivo sumamente compacto y solidario comandado por Rúben Dias, apostando por transiciones muy rápidas bajo la pegada de Bruno Fernandes para alimentar a un Cristiano Ronaldo que absorbió la marca de los centrales con mucho oficio.
A lo largo de los noventa minutos, las defensas superaron a los ataques y el desgaste físico fue ganando notoriedad. Ambos entrenadores se vieron obligados a gestionar las cargas físicas con precisión en el complemento. El primer contratiempo serio lo sufrió Portugal con la salida por lesión de Nuno Mendes, dando paso a Nélson Semedo. Tras el bache, Roberto Martínez refrescó el ataque introduciendo piernas jóvenes como Rafael Leão y Francisco Conceição para mantener la presión alta, obligando a Cubarsí y Laporte a jugar sumamente concentrados.
Por el lado español, Luis de la Fuente interpretó a la perfección que el pasaje se definiría por detalles y frescura en la zona central. El ingreso de Ferran Torres le devolvió desborde al extremo, mientras que las entradas de Fabián Ruiz y Mikel Merino fueron determinantes para equilibrar la mitad de la cancha, recuperar pelotas divididas y sostener el ritmo de juego en el tramo final.
La paridad del marcador se rompió en el tiempo de descuento gracias a una brillante lectura colectiva. Ferran Torres progresó con decisión por la banda y envió un servicio preciso al corazón del área que el ingresado Mikel Merino conectó con lucidez para batir a Diogo Costa. El gol premió la constancia de España, que nunca cesó en los intentos de generar peligro en el área rival. Aunque Portugal compitió con una dignidad enorme y buscó el empate hasta el último segundo, el pitazo final decretó el triunfo de una selección española que se metió entre los ocho mejores del mundo y sigue soñando con ser campeón. Por otra parte, no sólo para los lusos sino para todo el mundo, este partido tuvo un significado particular dado que fue el retiro a nivel de selecciones de uno de los mejores jugadores de la historia, Cristiano Ronaldo.
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