Sol, playa y competitividad

En el mes de mayo, la Cámara Uruguaya de Turismo (Camtur) se reunió con el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, a quien con posterioridad presentó una serie de propuestas orientadas a mejorar la competitividad, impulsar la inversión y consolidar al turismo como un sector estratégico para el crecimiento del país. Es una idea con la que la Cámara viene trabajando desde hace tiempo, a partir de datos sólidos que reflejan el impacto que tuvo el sector en los números de la economía nacional cuando alcanzó, en 2017, el récord en cantidad de visitantes. Pero el concepto no es exclusivo del sector privado, de los empresarios; el propio ministro Pablo Menoni, en su discurso de asunción, decía que el turismo tenía —tiene— el potencial de aportar los puntos de crecimiento en el PBI que el país necesita.

Este informe, presentado ante Economía y otros ámbitos del gobierno, fue elaborado como un insumo para el intercambio institucional y en él se abordan “los principales desafíos que enfrenta actualmente la actividad, entre ellos la pérdida de competitividad, la caída de la rentabilidad, las dificultades para atraer nuevas inversiones y la necesidad de fortalecer la promoción internacional de Uruguay como destino turístico”.

Se destaca allí que el turismo representa “entre el 6% y el 7% del Producto Bruto Interno, genera más de U$S 2.000 millones anuales y aporta más de 120.000 puestos de trabajo directos e indirectos”. Además, la cámara destaca que esta actividad tiene un impacto transversal sobre diferentes sectores, como la gastronomía, el transporte, el comercio y los servicios. El informe enfatiza la necesidad de consolidar al turismo “como una política estratégica de desarrollo, atendiendo su capacidad para generar empleo, atraer divisas, promover inversiones y dinamizar economías locales en todo el territorio nacional”, que es otra de las características del sector.

En una entrevista con Radio Uruguay, el presidente de Camtur, Fernando Tapia, repasó algunas de las medidas que sugieren como herramientas para conseguir estos objetivos y sentar las bases para un desarrollo a largo plazo del sector.
A modo de ejemplo de las medidas solicitadas y la respuesta desde el Ministerio de Economía, Tapia mencionó la devolución de IVA en gastronomía, “que es un tema muy relevante no solamente para la gastronomía, sino para la competitividad de todo el turismo uruguayo”. Se hizo un planteo para que el beneficio se extienda durante todo el año y que alcance al 100% del IVA, al igual que en alta temporada. “Nosotros estamos proponiendo que fuera durante todo el año y que no fuera un decreto como sale todos los años, sino que sea una ley, para que se quede establecido y eso se pueda promocionar en el exterior sin estar pendiente de que se haga el decreto cada año”, señaló.

El Ministerio, aunque estaba de acuerdo en sostener el beneficio durante todo el año, tiene la intención de que el descuento sea de nueve puntos de IVA —y no el 100% del impuesto— durante todo el año, incluyendo el verano. De todos modos, Tapia destacó la predisposición a escuchar al sector, intercambiar ideas “y tratar de llegar a consensos para que la competitividad, que es un tema tan relevante para el país y para el turismo en particular, sea algo que trabajemos en conjunto en el futuro”.

Ahora bien, este ejemplo de la diferencia entre lo que plantea el sector turístico y lo que está dispuesto a otorgar el gobierno —el Estado, a la postre— es un buen reflejo de la discusión de fondo que el país no termina de cerrar. Mientras el sector privado reclama que se afloje un poco más la cincha para poder trabajar y competir en mejores condiciones frente a empresas de países vecinos que han obtenido mejores condiciones de parte de sus gobiernos, en estados con menores presiones y reglas de juego más flexibles, en especial en las relaciones de trabajo, en Uruguay el Estado está en una fase de búsqueda de cada peso que pueda encontrar para tratar de acercarse —que no de cumplir— con los compromisos asumidos ante sectores de la población que desde el comienzo se sabían difíciles de concretar.

Es, al final del día, como el viejo dilema del huevo y la gallina. Porque quizás quitando presión sobre los privados y mejorando las condiciones de competitividad, el impacto que se obtendría en la recaudación podría llegar a ser el mismo por efecto de la mayor actividad y de la mayor ocupación, pero este es, por supuesto, un camino más largo. En cambio, la opción sigue siendo ir detrás del último peso que se pueda obtener de los que ya aportan, porque tampoco es que se esté haciendo un esfuerzo mayor por combatir la informalidad —que vive y lucha—. Lejos quedó aquel concepto del primer gobierno frenteamplista de que paguemos todos para que todos paguemos menos.

El turismo es uno de los sectores que más rápidamente transfiere su crecimiento al resto de la economía, por la diversidad de ramas de la actividad que involucra y por las características del trabajo que genera, con mucha presencia de jóvenes y de mujeres. La Cámara considera que el potencial del sur de Brasil es el de generar una cantidad de turistas similar a la que nos aporta Argentina, pero la mayoría de los millones de vecinos norteños ni siquiera considera hoy a Uruguay como una opción. He ahí una ventaja, porque una campaña para venir a conocernos podría dar un resultado interesante para sentar una base. Claro, ello implicaría hacer un determinado sacrificio al que hoy el gobierno no parece estar dispuesto: realizar una campaña con un impacto realmente relevante, porque esa es otra característica del turismo: necesita una inversión importante en difusión para esperar resultados.

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