A los 71 años, Roberto Ramos Colman sigue llevando una vida activa. Después de más de 30 años como bombero, hoy reparte su tiempo entre el fútbol, la familia, los amigos y una nueva actividad: está aprendiendo a bailar tango.
Nació en Paysandú, y su niñez transcurrió en un barrio que “en aquellos tiempos, allá por el año 60, eran más bien terrenos baldíos, ahora es todo ciudad”, contó a Pasividades. Creció junto a su hermano en el hogar de Emilio y Evelilda, y concurrió a la Escuela Nº 42.
Su adolescencia estuvo marcada por el trabajo. Cursó dos años en la Escuela Industrial, pero la enfermedad de su padre, que padecía del corazón, hizo que tuviera que empezar a trabajar a los 13 años. Primero lo hizo en una carpintería y, alrededor de los 16, ingresó a la ferretería J. de María & Cía., frente a EL TELEGRAFO.
Fue allí donde comenzó a acercarse al mundo de los bomberos, una profesión a la que dedicaría más de 30 años. Un amigo que concurría habitualmente a buscar el diario que EL TELEGRAFO proporcionaba a los bomberos le habló de la posibilidad de ingresar. Cuando cumplió la edad necesaria, se presentó a las pruebas.
“Cuando cumplí la edad me presenté a nivel nacional, que se hacían las pruebas físicas más que nada. Pero en ese tiempo yo estaba muy bien porque siempre jugué al fútbol. Mi cuadro del corazón fue Bella Vista toda la vida y andaba muy bien físicamente. Y no tuve inconvenientes para ingresar”, manifestó.
Así comenzó una trayectoria de 32 años y medio como bombero.
UNA PROFESIÓN DE ADRENALINA
Para Roberto, ser bombero significó mucho más que un trabajo. Fue una profesión que disfrutó y que le permitió vivir situaciones muy diferentes unas de otras.
“Siempre me gustó la función porque de un momento a otro uno salta a un extremo la adrenalina de los trabajos distintos”, afirmó.
Las jornadas eran de 24 horas de guardia. Cuando sonaba el llamado, no había tiempo que perder.
“En el momento que llaman, uno dentro del minuto tiene que salir, así estés durmiendo. Uno salta de la cama, corre y ya se sube al camión”.
También destacó el compañerismo dentro del cuerpo de bomberos: “La convivencia con los compañeros es muy buena porque todos participamos de lo mismo, nos gusta, entrenamos para eso, para hacer esos trabajos”.
Durante sus primeros tres años estuvo en Montevideo, donde realizó buena parte de su capacitación. En 1978 consiguió el traslado al destacamento de Paysandú. Para entonces ya tenía a su hijo mayor, José Emilio, nacido en Montevideo. El menor, Roberto, nació posteriormente en nuestra ciudad.
A lo largo de su carrera le tocó intervenir en incendios, accidentes y otras situaciones difíciles. Algunas quedaron especialmente grabadas en su memoria.
“El más grande de todo fue el accidente que hubo de un camión de fútbol que venía de Queguay en el año 80, que volcó y fallecieron 9 jugadores, eran de Porvenir”, recordó.
También hubo situaciones que le quedaron especialmente grabadas, como aquellas en las que había niños entre las víctimas. “Lo que siempre recordaba era niños fallecidos, cosas que a uno le cuesta más olvidar”.
Roberto terminó su carrera en Nueva Helvecia, en el departamento de Colonia, donde había sido enviado como encargado. “Un incendio grande que casi nos cuesta la vida me ayudó a decidir a retirarme”, señaló.
“En una caldera de fueloil, el combustible salió crudo, no gasificado y se prendió fuego toda la caldera y al lado había unos tanques de propano. Fue en el Hogar de Ancianos de Colonia Valdense, que es muy grande, pero gracias a Dios tuvimos la suerte de poder dominarlo y extinguir el incendio”, contó.
“A raíz de eso, digo hasta aquí llegué”, señaló.
Después de retirarse regresó a Paysandú, donde tenía su casa y su vida. Decidió no volver a trabajar y dedicarse a disfrutar de otros aspectos de la vida. El fútbol siguió ocupando un lugar importante.
“Seguí jugando al fútbol, que es lo que toda la vida me gustó y hasta el día de hoy juego; con la edad que tengo todavía me da para correr un poco”, aseguró.
UNA NUEVA ETAPA
Roberto se casó a los 21 años con Norma Viera. Tuvieron dos hijos, quienes también son bomberos. Tiene además nietos. Hace poco más de un año, quedó viudo después de que su esposa atravesara cuatro años de enfermedad.
“Me faltaron 26 días para los 50 años de casados”, expresó.
Después de la muerte de su esposa y al vivir solo, comenzó a cuidar un poco más sus movimientos y a buscar nuevas actividades.
“Como vivo solo entonces empecé a cambiar y me volqué con los amigos del tango acá ahora”, acotó.
Al contar sobre su rutina diaria, expresó: “Hago los quehaceres de la casa y después me mantengo en actividades de fútbol, tengo grupos de amigos, ahora empecé con la gente de acá, un grupo muy lindo”.
Y así apareció una nueva etapa. “Con esta gente se empezó en serio hace unos 20 días, con el grupo de tango, pero a varios de ellos los conocí en los bailes”, dijo.
“Me mantengo en eso, trato de reactivar mi vida y no quedarme”, resumió.
Al mirar su vida hacia atrás siente satisfacción y cuando le preguntamos si volvería a elegir la profesión de bombero, no dudó: “Sí, la verdad que sí”.
Ingresa o suscríbete para leer la noticia completa y todo el contenido del diario.



Sé el primero en comentar