El psicólogo Gonzalo Gamboa, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP) que dirige el Dr. Gustavo Curbelo, recordó que en el transcurso de las demencias pueden aparecer alteraciones de la percepción y del pensamiento, sobre todo en etapas moderadas y avanzadas.
La prioridad estará en la seguridad y disminuir la angustia de las personas afectadas e identificar si hay una causa médica que pueda corregirse. “Para esto, hay que definir la alucinación, que consiste en percibir algo que no existe en la realidad. El paciente puede asegurar que ve a una persona, un animal, escuchar voces, sentir que la tocan e incluso percibir olores sin que exista una fuente real”, aseguró a Pasividades.
La persona que lo experimenta siente que es real. “Por lo tanto, discutir o manifestarle que no existe y está equivocada, puede ser contraproducente y aumentar su grado de confusión o ansiedad. La ilusión, por su parte, es una interpretación errónea de un estímulo que sí existe. Por ejemplo, una sombra que puede parecerse a una persona, un abrigo colgado que puede confundirlo con alguien o el reflejo en un espejo puede generar temores. Además, la iluminación deficiente, el cansancio y los problemas de visión, favorecen a estas situaciones”, señaló.
Explicó, por otro lado, que “el delirio es una creencia falsa, que puede ser persistente y difícil de modificar con explicaciones lógicas. La persona puede manifestar que le roban, o su pareja es infiel o que desconocidos quieren hacerle daño. Pero no es terquedad, sino que se trata de una alteración producida por causa de la enfermedad”.
Cómo puede actuar el cuidador
Gamboa resaltó la necesidad de mantenerse “con una actitud tranquila y hablar despacio con frases simples que la persona pueda comprender, no hay que confrontar nunca ni ridiculizarla, sino validar sus emociones, manifestarle que comprende y demostrarle que buscarán una solución juntos”. Ante una respuesta, el cuidador expondrá razones físicas y ambientales antes de asumir que es solo a causa de la enfermedad.
Los pasos a seguir, tendrán consecuencias favorables sobre el comportamiento del paciente. “El hecho de mejorar la iluminación y reducir sombras, ruidos y estímulos excesivos será muy positivo. también verificar que utilice lentes y audífonos si los necesita y comprobar que se encuentren en buenas condiciones. Fijarse si siente dolores, sed, estreñimiento o necesidad de dormir. Es importante redirigir la atención de la persona hacia una nueva actividad de forma progresiva, que sea agradable, en un ambiente diferente con rutinas estables y evitar cambios bruscos”, precisó.
Si existen riesgos de que la persona se lastime o agreda a alguien, el cuidador “deberá priorizar la seguridad y solicitar ayuda”.
Causas
Además de la progresión de la enfermedad, “pueden vincularse o desencadenarse por infecciones, especialmente urinarias, de índole respiratoria, deshidratación, fiebre o algún dolor presente, así como efectos adversos de medicamentos, alteraciones en la audición o en la visión. A esto puede sumarse la falta de sueño, ansiedad, cambios en el entorno, entre otras enfermedades que puedan manifestarse”.
Gamboa consignó que “las consultas con el médico tratante deberán efectuarse cuando los síntomas aparecen por primera vez, empiezan a llamar la atención, aumentan la intensidad y su frecuencia produce conductas peligrosas, acompañado por fiebre, recaídas, somnolencia, cambios bruscos en los estados de ánimo o cuando se sospeche de un efecto adverso de algún medicamento. O, si las medidas no farmacológicas no logran controlar la situación”.
Finalmente recomendó que “nunca debe iniciarse, modificarse o suspenderse una medicación sin indicaciones médicas”.
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