Hay que reconocerlo. El director de Tránsito, Dr. Gastón Berretta, habla muy bien. Explica con entusiasmo las espirometrías, los controles, las cebras, las lomadas, los estacionamientos y la importancia de respetar las normas. Y todo eso merece aplausos.
Pero mientras lo escuchaba, me acordé de una vieja frase popular: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo veo”. Porque en Paysandú existe un fenómeno digno de ser estudiado por la ciencia.
La Dirección de Tránsito parece tener una libreta de multas… que funciona perfectamente. Claro… siempre que el destinatario sea un vecino común. Porque si el infractor es un pequeño comerciante, la maquinaria administrativa funciona con una velocidad admirable.
Pero cuando los vehículos de algunas automotoras convierten las veredas en una extensión de su salón de ventas, sucede un verdadero milagro administrativo: la libreta de multas desaparece.
Los inspectores parecen sufrir un ataque repentino de invisibilidad. La ordenanza entra en estado de hibernación.
Y la autoridad mira para otro lado con una serenidad digna de un maestro zen. Hace bastante tiempo planteé personalmente este tema al director. Incluso me aseguró que la ordenanza se estaba cumpliendo.
Entonces uno no sabe si creerle a las palabras… o creerle a sus propios ojos. Porque cualquier sanducero que camine por determinadas calles puede comprobar que los autos siguen ocupando las veredas. Y las veredas, hasta donde sabemos, siguen siendo para los peatones. No para exhibir vehículos.
Lo más curioso es que quienes ocupan esos espacios parecen disfrutar de un beneficio extraordinario.
No pagan alquiler. No reciben multas. No son intimados. No aparecen en los operativos.
Es una especie de inmunidad vial que no figura en ninguna ordenanza… pero que, aparentemente, existe en la práctica. Y eso tiene un nombre muy sencillo. Doble vara.
La ley no puede ser un traje a medida. No puede apretar al más chico y quedar holgada para el más grande. Porque cuando la autoridad selecciona cuidadosamente a quién controlar y a quién no, deja de administrar justicia para administrar conveniencias.
Los ciudadanos no piden privilegios. Piden igualdad. Que el inspector vea al pequeño comerciante… pero también vea a la automotora.
Que la ordenanza sirva para todos… y no solamente para quienes no tienen poder para levantar el teléfono.
Porque las cebras, las lomadas y las espirometrías son importantes.
Pero hay una señal de tránsito mucho más importante. La que dice que todos somos iguales ante la ley. Y esa, lamentablemente, hace tiempo que parece estar tapada por un auto estacionado sobre la vereda.
David Doti


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