Una noche para bailar con los recuerdos

Un grupo de amigos, con el outfit apropiado para la nostalgia, disfrutan de aquellas canciones sin tiempo. En el Centro de Retirados Policiales.

La noche del 24 de agosto volvió a tener en Paysandú esa extraña capacidad de alterar el tiempo.
Durante unas horas, en salones colmados, cenas show, clubes, bares y reuniones familiares, el presente pareció hacerse a un lado para dejar pasar canciones que llegan desde muy lejos, aunque todavía sepamos exactamente cuándo comienza el estribillo.
La Noche de la Nostalgia volvió a convocar a miles de personas alrededor de una costumbre que ya forma parte de la identidad uruguaya. Hubo pistas de baile, mesas compartidas, luces, brindis y encuentros. Pero, como ocurre cada año, hubo algo más difícil de establecer.

Porque mientras sonaba aquella canción que alguien escuchaba cuando tenía 18, 25 o 30 años, no regresaba solamente la música. Regresaba también una parte de quien la escuchaba.
Quizás allí radique el secreto de esta noche. Las canciones tienen memoria.

Bastan unos pocos acordes para reconstruir lugares que ya no existen. Una discoteca, un patio, un baile, un automóvil, una radio encendida en alguna habitación. Aparecen rostros, nombres, amigos que siguen estando y otros que quedaron definitivamente del otro lado del tiempo. Y por tres minutos --lo que dura una canción-- todo parece increíblemente cercano.
Por eso la nostalgia no necesariamente es tristeza. También puede ser celebración. Es mirar alrededor y descubrir que junto a aquella música que perteneció a la juventud están los amigos de siempre, la pareja, los hijos, los nietos o nuevas personas con quienes seguir construyendo recuerdos.

Algunos cantaron, otros bailaron hasta que las piernas recordaron que han pasado los años. Hubo quienes reconocieron una canción desde la primera nota y quienes preguntaron quién la cantaba. Porque también sucede eso. La música que para unos constituye la banda sonora de una vida, para otros es un descubrimiento.

Y así, mientras las décadas se mezclaban sin pedir permiso --los sesenta con los setenta, los ochenta con los noventa y canciones más recientes que ya comienzan a adquirir su propia nostalgia-- Paysandú volvió a celebrar una noche singular.
Cuando finalmente se apagaron las luces y cada uno regresó a su casa, quedó la sensación de haber realizado un pequeño viaje. No hacia un tiempo mejor ni peor. Simplemente hacia aquel tiempo en que fuimos otros.
Y durante unas horas, gracias a la música, pudimos volver a reencontrarnos.

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