Y seguiremos siendo caros

Al referirse a la rey recientemente aprobada ley para rescate de la Caja de Profesionales Universitarios, el ministro de Economía y Finanzas, Ec. Gabriel Oddone, comentó lacónicamente que “no es la que nosotros hubiéramos querido”, simplemente porque la norma legal aprobada en el Parlamento ante el apremio de la desfinanciación de la caja, implica que desde Rentas Generales deban transferirse recursos regularmente para afrontar la situación, lo que se agrega al gasto estatal.
Claro, está de por medio la contradicción del tiro en el pie que se propinó el propio gobierno –bueno, en realidad a todos los uruguayos– con la controvertida compra de la estancia María Dolores por el Instituto Nacional de Colonización, a un costo de 32 millones de dólares, como un homenaje póstumo al expresidente José Mujica, tal como señalara –luego se arrepintió por las consecuencias políticas– el secretario de la Presidencia Alejandro “Pacha” Sánchez.
Sigue vigente por otro lado la estructura de precios que se fija en Ancap y las pérdidas de la división del portland que ascienden a entre 20 y 30 millones de dólares al año, desde hace 15 años o más, entre otras ineficiencias que tienen impacto, directo o indirecto, en los costos y precios en el país.
Por añadidura, no existe la productividad como tal en las dependencias de empresas y organismos del Estado, lo que resulta en servicios tan caros como ineficientes, en energía cara y todo un esquema de sobrecostos estructurales. Estas parecen moscas sueltas pero se atan por el rabo si tenemos en cuenta reflexiones vertidas por el titular de Economía en los últimos días, al reconocer que Uruguay es un país caro, lo que por supuesto no es ningún secreto, desde que desde hace mucho tiempo lo sabemos todos los uruguayos y los que nos visitan y se sorprenden porque los precios están a la altura de los países del primer mundo.
Pero el punto es que el secretario de Estado fue consultado acerca de si el gobierno se puede comprometer a cambiar esa realidad al final del período de gobierno, sobre lo que señaló que “todo país pequeño es caro por definición”. El ministro adelantó que este 9 de julio se presentarán “un conjunto de iniciativas que no son grandilocuentes”, pero “van exactamente en la dirección de atacar este tipo de problemas”, a la vez que aclaró que estas propuestas “no los van a resolver o eliminar”.
“Uruguay va a seguir siendo un país caro, no se va a convertir en un país barato de la noche a la mañana, entre otras cosas porque no es un objetivo deseable”, precisó Oddone, para argumentar a renglón seguido que un país barato “supondría que la gente ganara poca plata”. A su entender, parte de la razón por la cual Uruguay es caro es porque tiene niveles salariales “comparativamente elevados” con otras regiones del mundo. De esta manera, una política macroeconómica destinada a reducir el costo de vida “no debe existir” porque es una que “afecta a los ingresos”, insistió, para sostener a su vez que “lo que sí tenemos que reconocer es que, siendo un país que tiene niveles de precios elevados, tenemos un conjunto de regulaciones y de reformas microeconómicas que no son rápidas” pero se pueden llevar a cabo para abaratar el país. Por otro lado, consultado por el proyecto de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios (CJPPU), aprobado en Diputados, indicó que la propuesta que fue aprobada incrementa las contribuciones de la sociedad a través del Estado en relación con lo que el Ejecutivo tenía previsto, y entre otras consideraciones precisó que el Estado deberá pagar US$ 50 millones más por año de lo que tenía previsto inicialmente.
En tanto, sobre las pautas salariales, volvió a hacer hincapié en que se prioriza a los salarios “más sumergidos” y dijo estar “conforme” con los lineamientos “en general”.
“No son las pautas que yo plantearía si hubiera sido el único que hubiera opinado y puesto sobre la mesa, pero estoy muy conforme con el trabajo que se hizo a nivel del MTSS y MEF”, explicó.
Es decir, se infiere que las decisiones políticas han primado sobre las evaluaciones técnicas de costos y consecuencias, y ello se enmarca en buena medida en la explicación de las causas de que el Uruguay sea un país caro en la comparativa mundial, con salarios altos en dólares para el ámbito regional y hasta en un contexto global, pero a la vez insuficiente en poder adquisitivo para el promedio de la población, lo que da la pauta del desnivel entre ingresos y precios, en desmedro de la calidad de vida.
No es un problema generado por este gobierno ni por el que le antecedió, sino que es consecuencia de muchos años en que se ha generado un esquema estructural determinante de un círculo vicioso del que como tal se hace muy difícil escapar en el corto plazo.
En este sentido el economista Nicolás Vidal, integrante del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), publicó un hilo en X en respuesta a los dichos del ministro de Economía, Gabriel Oddone, respecto a que Uruguay “es un país caro y lo seguirá siendo”.
Vidal señaló que Uruguay es caro no solo por factores estructurales inevitables –como la ubicación geográfica o los costos de transporte–, sino también por problemas microeconómicos que sí pueden mejorarse. Desde Ceres, comentó, presentaron al Ministerio de Economía y Finanzas más de 300 aportes ciudadanos sobre trabas regulatorias, y en el 58% de los casos, el principal problema identificado fue el aumento de costos que encarecen el país.
Expresó que aunque es válido argumentar que Uruguay es caro por su tamaño o lejanía, eso explica solo una parte del problema. La otra parte tiene que ver con una regulación inadecuada, caracterizada por normas superpuestas, contradictorias, desactualizadas o con requisitos desproporcionados. Estas trabas generan más carga administrativa, mayores retrasos, menos adopción tecnológica, barreras a nuevas empresas, y menor productividad e inversión, lo que repercute directamente en precios más altos y un mayor costo de vida.
Tanto lo que señalan el ministro como el integrante del Ceres son reflexiones ajustadas a la realidad, pero no son los únicos elementos a tener en cuenta, porque el costo excesivo del Estado no está solo en las trabas y regulaciones, cuando los costos además refieren a su ineficiencia, a la elevada cantidad de funcionarios públicos, a superposición de competencias y baja productividad, y políticas económicas con medidas cortoplacistas, para salvar la situación ante la próxima elección.
Cuanto tenemos apreciada nuestra moneda, es decir, cotizada a un dólar barato, se abaratan las importaciones y se mantiene controlada la inflación, pero no se atacan los costos del Estado, lo que se traslada en impuestos, tasas y precios; ineficiencias en los sectores no transables; rigidez en la determinación de salarios; poca apertura comercial, alto precio de la energía y otros insumos que hacen que el nivel de costos crezca sustancialmente.
El alto costo por lo tanto es un componente que se realimenta y las respuestas necesarias son consecuentemente más estructurales que coyunturales, y sobre todo impopulares en el arranque hasta lograr que se nivele la ecuación.
Este es el motivo que explica que hasta ahora nadie haya estado dispuesto a ponerle el cascabel al gato, por lo que hay que darle la razón al ministro Oddone de que Uruguay va a seguir siendo un país caro, por tiempo indefinido, porque seguiremos pateando una y otra vez la pelota hacia adelante, detrás de las urgencias y apagando incendios.