Fundadores, autoridades nacionales, representantes del sector portuario y actores locales se reunieron ayer en el puerto de Paysandú para conmemorar los 30 años de la creación de la Comisión Intersectorial pro Puerto Ultramar de Paysandú (Cipup). Tres décadas después de su nacimiento, la organización –símbolo de la defensa comunitaria del proyecto portuario sanducero– volvió a poner sobre la mesa un viejo planteo: qué destino tendrá, finalmente, el puerto de la ciudad.
Uno de sus fundadores, Jorge Dighiero, habló sobre el recorrido colectivo. Recordó los primeros años, cuando un grupo reducido de vecinos decidió defender el barrio del puerto y la terminal portuaria misma. Con el tiempo, dijo, comprendieron que su causa debía ampliarse a toda la hidrovía del río Uruguay, la columna vertebral de cualquier proyecto logístico para la región.
“Empezamos una lucha por Paysandú, por su barrio del puerto y su puerto, y después nos dimos cuenta de que la lucha tenía que ser por la hidrovía del río Uruguay”, señaló. Enumeró obras y avances, como el dragado en Casa Blanca, inversiones en señalización, equipamiento, electrificación para contenedores, reconstrucción de muelles y galpones. “Espero que de aquí para adelante la cosa se dinamice mucho más”, aseguró, consciente de que esta podría ser “una de mis últimas oportunidades”.
El regreso del sistema de coordinadoras portuarias –espacios que integran a la comunidad en la planificación– fue para Dighiero una señal alentadora en un contexto que requiere, ahora más que nunca, articulación institucional y participación local.
ANP: un mapa complejo y expectativas moderadas
El vicepresidente de la Administración Nacional de Puertos (ANP), Constante Mendiondo, llegó con un mensaje de reconocimiento, pero también de cautela. Celebró la trayectoria de la Cipup y la describió como modelo para iniciativas ciudadanas similares en otros departamentos. Sin embargo, advirtió sobre la situación crítica de varios puertos del país, con operativas mínimas o nulas.
“No queremos crear falsas expectativas ni vender espejismos”, dijo. La ANP, destacó, ha intentado sostener empleos con trabajos puntuales, aunque admitió que el escenario se presenta frágil.
Mendiondo anunció avances concretos, cono el proceso de transferencia a la ANP de recintos vinculados a viejos proyectos graneleros en Paysandú y Fray Bentos, un paso que –según explicó– permitirá mayor autonomía para responder a operadores y consolidar cargas regionales. También informó que se envió al Poder Ejecutivo una propuesta para habilitar actividades deportivas en puertos como Paysandú, Salto y Fray Bentos, con el fin de diversificar su funcionamiento y generar ingresos asociados al mantenimiento y reparación de embarcaciones.
Operaciones y nuevos horizontes
Daniel Fernández, gerente del área de operaciones y servicios de la ANP, detalló proyectos en curso. El más significativo involucra el futuro complejo de hidrógeno verde previsto al norte de Paysandú. La empresa encargada del traslado del equipamiento, Global Solutions, estudia la operativa fluvial desde su origen en Asia hasta Uruguay, lo que podría incluir –desde 2027– el uso del muelle sanducero para cargas de gran volumen.
Se trata, dijo, de “una expectativa operativa concreta”, que dependerá de los plazos de obra y de las capacidades técnicas locales. La planificación contempla descargas en Paysandú mediante la grúa Liebherr, movimientos mediante barcazas y eventuales acopios.
Fernández insistió en que, sin caer en promesas infundadas, la ANP mantiene la intención de “seguir intentando” con el puerto de Paysandú, ya sea facilitando embarcaciones deportivas, promoviendo inversiones privadas o explorando nuevas vías logísticas. “Creemos que no está todo perdido”, resumió.
La perseverancia y el desafío de la confianza perdida
De su lado, el intendente Nicolás Olivera planteó una perspectiva cercana al territorio. Subrayó que la transformación del puerto ha sido empujada, muchas veces, por la persistencia ciudadana más que por la viabilidad técnica o económica de los proyectos.
“Muchas cosas que uno pensaba que nunca iban a pasar, terminaron pasando a fuerza de perseverancia”, señaló. Pero también advirtió sobre un daño difícil de revertir. Esto es, la pérdida de confianza de productores y operadores que apostaron por el puerto de Paysandú y no encontraron la estabilidad necesaria.
“Es complicado volver a golpear esa puerta y decirles que ahora sí vamos a salir por el puerto”, admitió. Por eso reclamó mayor claridad estratégica de parte de la ANP. “Nos merecemos saber cuál es el rumbo. No en términos de bueno o malo, sino hacia dónde se está pensando ir”, aseveró.
Que Paysandú no quede al margen
Cecilia Bottino, presidenta de la delegación uruguaya en CARU, reivindicó el papel de las comunidades organizadas en las grandes transformaciones de la cuenca del Uruguay. Al repasar la historia del puente General Artigas –cuyo medio siglo se celebra este año– recordó que su construcción resultó ser posible gracias a movimientos ciudadanos que enfrentaron resistencias políticas tanto en Uruguay como en Argentina.
“Son las comunidades organizadas las que pelean por estas cosas”, dijo. Y advirtió sobre un riesgo vigente: la relegación de Uruguay en debates regionales sobre hidrovías. En un reciente encuentro en Paraguay, contó, apenas se mencionó a Nueva Palmira y no hubo referencias a Paysandú. “Duele que te borren de un plumazo”, afirmó.
Un legado que persiste
Hacia el final del encuentro, Julio Pintos, exintendente y otro de los fundadores de la Cipup, volvió a destacar el carácter comunitario del proceso iniciado hace tres décadas. Sin organización ciudadana, dijo, ningún proyecto de desarrollo es viable. Y si el puerto de Paysandú sigue siendo tema de discusión –pese a ciclos de estancamiento y frustración– es porque la comunidad no dejó caer la bandera.
Lo sucedido en el puerto, afirmó, “es una construcción ciudadana”, levantada junto a instituciones que supieron acompañar cuando hubo visión y decisión.

