La menopausia es por definición la última fecha de menstruación, y los cambios corporales y sintomáticos pueden ocurrir ya desde algunos años antes al inicio de la menopausia.
En artículos anteriores habíamos hablado sobre los efectos negativos de la menopausia en los diferentes órganos. La deficiencia hormonal estrogénica en esta etapa de la vida afecta especialmente al sistema cardiovascular, causando enfermedad y la muerte más que otras temidas enfermedades como el propio cáncer. En este sentido es clásico decir que las mujeres en esta etapa no se mueren de cáncer, sino que mueren de infartos y accidentes vasculares cerebrales.
En este articulo vamos a conversar sobre como la transición a la menopausia redefine lo que es el metabolismo femenino, no solo desde lo hormonal sino desde la composición corporal, la fisiopatología del tejido adiposo en esta etapa de la vida. Sobre todo, el objetivo es ver más allá del peso corporal, sobre todo la composición corporal en grasa y distribución de la misma y masa muscular o masa magra. Entender qué cambia, por qué cambia, y, cómo eso puede impactar en la salud cardiovascular y va a influir en la práctica clínica y los tratamientos instituidos tanto sea en prevención, cambiando el estilo de vida, como en tratamientos farmacológicos.
Hasta alrededor de los 50 años las mujeres cuentan con su propio sistema hormonal que las protege naturalmente manteniendo un metabolismo más favorable. En esta etapa de la vida las hormonas (estrógenos y progesterona) provienen de los ovarios. Estas hormonas ayudan a controlar el colesterol, facilitan la elasticidad vascular y modulan la distribución de la grasa corporal, entre muchos otros beneficios en diferentes órganos. Luego de establecida la menopausia se produce una producción hormonal ya no desde los ovarios sino desde la grasa corporal.
Los cambios más importantes están liderados por el aumento de la grasa corporal, pero especialmente de la grasa visceral. Hay una infiltración grasa al músculo con la consecuente disminución de la masa muscular y disminución de la fuerza. Esta disminución de la masa muscular se denomina sarcopenia, que en este momento es oculta dado que el peso corporal puede mantenerse incambiado.
Estudios internacionales basados en evidencia científica han demostrado que cuando aumenta la grasa visceral, el equilibrio se altera y comienzan cambios como el aumento del colesterol LDL (colesterol malo), puede aumentar la presión arterial, hay resistencia a la insulina, lo que puede llevar a diabetes tipo II, apnea obstructiva del sueño y aumenta la tendencia a aumentar grasa en el abdomen, que es un marcador clave en el riesgo cardiovascular. Todos estos cambios llevan a un síndrome metabólico que es una condición estrechamente vinculada a la enfermedad coronaria.
Se cree que el envejecimiento puede explicar parte de estos cambios, pero el verdadero cambio lo da el cese de la función ovárica.
Un aspecto relevante y a tener en cuenta, es que las enfermedades cardiovasculares suelen manifestarse de manera diferente en las mujeres. Los síntomas de un infarto, por ejemplo, pueden ser más atípicos, como fatiga intensa, falta de aire, náuseas, dolor en la espalda o en la mandíbula en lugar del clásico dolor opresivo en el pecho. Esta presentación silenciosa retrasa la consulta aumentando la posibilidad de complicaciones.
También en la menopausia hay alteraciones en enzimas que actúan a nivel del hipotálamo, que llevan a una alteración de las señales del hambre y saciedad.
Además, por el déficit hormonal tienen alterado el sueño, tienen el sueño cortado, insomnio y tuforadas colaboran para tener mayores despertares. Estas noches de difícil dormir tienen varios problemas: uno es que tienen mayor apetito nocturno y sobre todo por los hidratos de carbono. Esto es un círculo vicioso: menos sueño, más hambre y peor alimentación, eligiendo los hidratos de carbono. Otro problema es que la mujer no descansa bien, por lo tanto se siente fatigada y con sueño durante el día.
Por todos estos cambios de composición de la grasa corporal, es que el peso y ni siquiera el IMC de la mujer a veces no son el reflejo de la constitución de su cuerpo, porque la mujer puede tener un peso totalmente estable, pero tener más masa grasa y menos masa magra. Dr. Víctor Recchi.


