Fideicomiso y deporte deben ir de la mano

La Intendencia acordó un fideicomiso de hasta 25 millones de dólares, y al acortar el plazo de pago –que originalmente era de 20 años– redujo los costos en aproximadamente ocho millones y medio de dólares.
El fideicomiso terminará de pagarse en 2036, pero luego de tantos datos es tiempo de que la comuna comience a definir a qué obras se destinará ese dinero, pensando en una ciudad a futuro. Hay un aspecto importante más allá de las ideas que se han pensado en voz alta con respecto a en qué se invertirá, y es que las autoridades no deben olvidarse de la infraestructura deportiva, que debe estar incluida a la hora de establecer las prioridades y proyectos a llevar adelante.
En principio, son varios los que deberían ponerse sobre la mesa en cuanto al deporte se refiere. Hace pocos días se confirmó que, seguramente a través de un convenio con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, se concretará la remodelación del velódromo municipal, lo que sin dudas es por demás bienvenido y no se hará otra cosa que justicia con una infraestructura muy importante, que se trata nada menos que de una réplica exacta del velódromo ubicado en el parisino Parque de los Príncipes.
Si bien la noticia fue bien recibida no solo por quienes practican la disciplina y de los aficionados al deporte del pedal, la Intendencia tiene que comenzar a apuntar a otros escenarios que merecen y deben ser recuperados. Y si el fideicomiso será utilizado a obras que den una posibilidad de desarrollo real a la ciudad, no pueden quedar ajenas.
Pero no solo por el hecho de que de una vez por todas una administración centre la atención en la infraestructura deportiva, siempre dejada de lado y sin recibir los necesarios trabajos de mantenimiento pese a haberse construido con dinero de los sanduceros, sino porque se trata además de una posibilidad de cosechar ingresos.
Hace pocos días el secretario nacional del Deporte, Sebastián Bauzá, dijo a EL TELEGRAFO que el Estadio Artigas debe ser tomado como una unidad de negocio. “Tiene que recibir equipos de Montevideo y también de Argentina”, dijo, y agregó que “vamos a trabajar en eso porque hay que reflotarlo” a futuro, “porque si hay idea de invertir en este estadio, está bueno que se utilice y que de alguna manera podamos tener actividades internacionales”.
La mirada de Bauzá no es equivocada, y ni siquiera es novedosa. Pero en sí se trata de una visión moderna del deporte que merece ser implementada de una vez por todas. Mucho más allá de darles actividad, todos los escenarios deportivos sanduceros deberían ser tomados como una unidad de negocio, lo que en primera instancia permitiría que fueran autosustentables, evitando así un costo importante para la comuna, que habitualmente no tiene este aspecto en carpeta.
Sin tener en cuenta el velódromo, el Estadio Artigas y el Estadio Cerrado aparecen en primera línea. El primero de ellos, remodelado y transformado en estadio para la Copa América 1995, tiene un estado deplorable en sus instalaciones y una cancha que parece un paño de billar. Más claro: se puede jugar divinamente al fútbol, pero la infraestructura edilicia es inexistente.
No es nuevo el enorme problema que tiene el escenario en su Tribuna Oeste, que en su momento hasta terminó siendo tomado como caballito de batalla político, con acusaciones cruzadas y sin que a nadie le importara realmente alcanzar una solución. Apenas un techo por encima de las cabinas de prensa atinó a minimizar un problema que se fue agudizando. Igual, el resto del escenario merece su atención.
Apenas cruzando la calle, el Estadio Cerrado luce techo nuevo gracias a una serie de actores liderados por la anterior administración comunal, pero sigue a la espera de una aggiornamiento importante pensando a futuro, comenzando con su cancha, algo que también estuvo en carpeta pero que no pudo confirmarse.
Ambos escenarios son claros ejemplos de que pueden administrarse como unidades de negocio. Y deberían incluso administrarse por separado del resto, para evitar la desidia con la que muchas veces se ha tratado a estas instalaciones y asegurar su buen funcionamiento en todo aspecto.
A metros de la nueva terminal de ómnibus y su shopping, en una zona que se ha convertido en neurálgica para la ciudad, los espacios ociosos debajo de las Tribunas Sur y Norte del Estadio Artigas bien pueden aprovecharse para instalar locales comerciales y hasta un museo del deporte sanducero. Y al Estadio Cerrado también existen posibilidades para darle una nueva vida, más allá del deporte propiamente dicho.
Estos dos escenarios no pueden ni deben estar por fuera de las obras para las que se utilizará el fideicomiso, no solo pensando a futuro, sino porque los gobernantes tienen la obligación de mantener las instalaciones construidas con dineros públicos, que no provienen de otro lado que de los impuestos.
Pero no hay que olvidarse además del Estadio Abierto, un obra inconclusa que está prácticamente en abandono, más allá de la pintura de la cancha realizada por la administración anterior, y de la importancia de poder generar un punto importante para el deporte en pleno centro de la ciudad, con todas las posibilidades que ello podría generar.
Y un punto importante a tener en cuenta es la posibilidad de techar alguno de los complejos deportivos municipales, lo que permitiría la enseñanza de la natación durante todo el año, apostando no solamente a la práctica y enseñanza del deporte en sí, sino a una brindar una herramienta clave en la lucha contra el flagelo de los ahogamientos.

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