Brecha de género digital

El acceso a Internet ha sido considerado como una brecha a superar para una mayor igualdad y la superación de diferentes barreras, especialmente en sectores de la población limitados por cuestiones de geografía o situación socioeconómicas y culturales. No obstante, esa visión optimista e ingenua ha colapsado contra realidades en las que desigualdades preexistentes continúan y se perpetúan dentro y fuera del espacio digital.
Un reporte de la World Wide Web Fundation, titulado “Women’s Rights Online”, examina las desigualdades digitales de género analizando la calidad del acceso que tienen las personas, las referidas barreras adicionales y la forma en que se utiliza Internet.
Si bien hay situaciones nacionales que no se ajustan a la media, el estudio mostró que a nivel mundial, los hombres tiene un 21% más de probabilidades de estar en línea, porcentaje que se sitúa en el 52% en los países menos adelantados.

La denominación de “brecha de género digital” se utiliza para referir las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso y uso significativo de la conectividad digital considerando las diferentes formas en que las mujeres tienen menos oportunidades de usar y beneficiarse de Internet.
“La conectividad digital no es solo cuestión de infraestructura técnica. Es un recurso para mejorar la vida de las personas, la calidad de las instituciones y la prosperidad de las economías. Es una herramienta estratégica para posibilitar el funcionamiento de las sociedades ante crisis como la provocada por la COVID-19. Es un derecho humano habilitante de salud, educación, trabajo y servicios públicos. Es una de las más poderosas tecnologías que el mundo haya visto. Sin embargo, a menos que las mujeres puedan hacer un uso significativo de Internet, la brecha de género en el mundo digital es una barrera para el desarrollo, una alerta de peligro para la recuperación económica y una oportunidad perdida”, alertan los especialistas del BID Antonio García Zaballos y Maribel Amanda, en un extenso artículo sobre el tema.

Agregan que “la conectividad digital podría ayudarnos a cerrar la brecha de género en el mundo laboral y esto representaría un aumento del 35% del Producto Interno Bruto (PBI) en el mundo, de acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional”, por lo que es fundamental contar con políticas públicas que colaboren en la disminución y eliminación de la brecha digital de género con la finalidad de contar con sociedades más justas e inclusivas y de acelerar la recuperación económica luego de la pandemia.

Al referirse a la compleja situación digital en la que hay muchos sectores rezagados en el uso eficiente de las TIC para acceder a servicios, comunicarse y participar en el mercado laboral, señalan que “el hecho de que 37% de la población mundial jamás ha utilizado Internet (UIT 2021), nos muestra cuán grave es esta crisis. Entre las múltiples poblaciones excluidas, las mujeres se encuentran desproporcionadamente afectadas. Esto se ve reflejado en el hecho de que los hombres tienen al menos un 10 por ciento más de probabilidad de estar en línea. Este porcentaje aumenta al 52 por ciento en los países en vías de desarrollo y cuenta con marcadas variaciones según la locación, nivel de ingreso, edad, discapacidad, entre otras variables”.
Barreras como la falta de habilidades digitales y de dispositivos propios son factores que en cierto punto se retroalimentan e inciden fuertemente en cuestiones como la empleabilidad o el acceso a oportunidades.

Uruguay es uno de los países más desarrollados en la región en lo que respecta a gobierno digital, comercio electrónico y uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). A nivel regional se destacan sus avances en cuanto a la posibilidad de trámites del estado en línea, el hecho de contar con documento de identidad con chip e información biométrica o la firma digital y la historia clínica digital, entre otros. Hoy podemos decir que en nuestro país se ha superado la brecha digital de la mano de planes como Ceibal e Ibirapitá, no obstante, existen otras brechas que hacen que persistan las desigualdades y no se haya cumplido totalmente la promesa de igualdad.
En este sentido, es necesario un mayor esfuerzo para alfabetizar digitalmente a la población dado que no alcanza con el acceso a un dispositivo para ser capaz de utilizarlo en forma eficaz y en su máximo potencial. En especial, es necesario y conveniente que las mujeres puedan beneficiarse de Internet no solo con fines de acceso a la información y la comunicación sino también para el apoyo de sus emprendimientos y la creación de nuevas oportunidades de trabajo.
En este sentido, otro documento, en este caso elaborado por el Banco Mundial, denominado “Jugar un partido desigual: diagnóstico de Género en Uruguay”, señala diferentes aspectos de la desigualdad entre las mujeres y los hombres, agregando que las brechas de género en la participación laboral y emprendedurismo existentes antes de la pandemia podrían estar costando al país cerca del 13% del producto per cápita.

Nuestro país cuenta con uno de los niveles más bajos de actividad emprendedora femenina con respecto a la masculina en toda la región de América Latina y el Caribe. El informe del Global Entrepreneurship Monitor 2016/17 califica a Uruguay como país con la relación mujer/hombre más baja en cuanto a Actividad Emprendedora Total en la región y lo posiciona con uno de los desempeños más pobres en términos de actividad emprendedora femenina.

Se trata de un costo que el país no puede permitirse seguir pagando pero difícilmente pueda revertirse si no empezamos a solucionar la diferencia del 31% en la brecha salarial entre hombres y mujeres, o el hecho de que apenas un 12% de las empresas son propiedad de mujeres, mientras que que solo un 11% de las mujeres ocupan cargos directivos.
El escaso lugar que ocupa la mujer en el ecosistema empresarial y emprendedor nacional es algo que algunas organizaciones y el propio Estado -a través de distintos programas y dispositivos de apoyo- se proponen cambiar, dado que son conscientes del potencial de las mujeres en el mercado de trabajo y la economía.
Hoy, con recursos propios y apoyo internacional Uruguay está desarrollando proyectos para impulsar la transformación digital de las empresas y mejorar la ciberseguridad. Son más frecuentes las capacitaciones cortas sobre las TIC para emprendedores y también existen -aunque son insuficientes aún- instrumentos de apoyo para este sector. Sin embargo, es necesario visibilizar las desigualdades referidas a las mujeres teniendo en cuenta que la igualdad de género -dentro y fuera de Internet- también es una manera de promover la economía y de caminar hacia una sociedad más inclusiva y justa.

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