El 17 de agosto se cumplió un año de una noche de terror para mí.
Aquel día, siendo las 1.10 de la madrugada siento primero ruidos sobre el techo de mi cochera, en segundos sonidos de disparos, seguido de estruendos de bombas. Miré por una ventana que da al garaje y vi una escena dantesca, llamas hasta el techo; pensé en un cortocircuito en mi auto, nunca en un atentado, como me comunicó la Policía. Minutos después la misma Policía me dio aviso que en la casa de mi hermana también ocurrió lo mismo.
El autor de todo esto, era el asesino de mi hermano, que hasta ese momento cumplía prisión domiciliaria (11 meses). Ese día este psicópata anduvo como “perico por su casa”, al día siguiente era el juicio final y esa noche andaba en libertad. Ya le habíamos expresado a la justicia de San Carlos (Maldonado) nuestros temores y miedos, ya que se le había visto en varias oportunidades andar en la calle en su moto o en taxi por la ciudad de Paysandú, donde cumplía su domiciliaria. Nos contestaron: “sin pruebas no podemos hacer nada”.
El día anterior a lo sucedido anduvo por la ciudad preparando su plan, que era matarnos a mi hermana y a mí, y luego quitarse la vida.
Aquí quiero hacer una aclaración, reivindicar la imagen de mi hermano Daniel Lalinde, pues la primera noticia en toda la prensa fue que el motivo de su asesinato era por una deuda, que no existía; ya que fue lo que declaró en primera instancia su asesino. Luego en la declaración formal dijo que su excuñado no le debía nada y que lo había matado para que sus dos hermanas sufrieran de por vida. Hasta ahora, después de casi dos años de la muerte de mi hermano, me continúan preguntando si es verdad lo de la deuda.
El día del atentado andaba armado, ¿sería el arma con la cual mató a mi hermano? No lo sabemos…
Solo compartí mi mochila que cada día se hace más pesada.
Betina Lalinde

