Afirman que una de cada 13 personas tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad en Uruguay

El Centro Interdisciplinario Faro organizó la Primera Jornada Anual, declarada de interés departamental por la Junta Departamental, que denominó “Construyendo puentes en el TDAH”. Se trató de un espacio de encuentro, intercambio y construcción colectiva en torno a una temática que nos interpela desde múltiples ámbitos: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH); con un abordaje interdisciplinario, entendiendo que acompañar a un niño, adolescente o familia requiere mucho más que una única perspectiva. El auditorio Miguel Ángel Pías de Casa de Cultura se vio colmado de público, incluyendo la presencia de representantes de distintos ámbitos de la comunidad, autoridades de la Intendencia Departamental —entre ellas la directora de Promoción Social, Guadalupe Caballero—, pediatras referentes, directores de otros centros, así como directores de diferentes instituciones educativas, profesionales de distintas áreas, maestros, profesores y educadores, familias y padres.
El lema “Construyendo puentes en el TDAH” refiere a puentes entre la salud y la educación, entre profesionales y familias, entre la evidencia científica y la práctica cotidiana; entre quienes diagnostican, quienes acompañan, quienes enseñan y, sobre todo, quienes día a día trabajan para que cada niño pueda desarrollar todo su potencial.
La prevalencia del TDAH en el mundo es de una de cada 12 a 20 personas, y en nuestro país es de una de cada trece personas, por lo que en una clase escolar dos niños lo tendrían diagnosticado.

“Comprender el TDAH”

La primera de las exposiciones estuvo a cargo de la doctora Eliana Albano, psiquiatra infantil, quien abordó qué es el TDAH, las señales de alerta según la edad, la importancia del diagnóstico temprano y las características de la evaluación clínica e interdisciplinaria. Resaltó que estas jornadas ayudan a derribar los estigmas a las condiciones relacionadas con la salud mental.
“Comprender significa abarcar, tomar algo en su conjunto, y vaya si será importante poder ver toda la condición en su conjunto para tener una mirada más abarcativa sobre el comportamiento del niño en sus diferentes ámbitos. Todos los niños en algún momento pueden estar inquietos o tener comportamientos impulsivos, lo que no significa que ese niño tenga un déficit atencional. Para diagnosticarlo, es necesaria una tríada sintomática” de desatención, hiperactividad e impulsividad, sostenida en el tiempo y que afecta el funcionamiento. Señales atencionales como la pérdida de cosas, o señales de impulsividad e hiperactividad como dificultad para esperar, actuar antes de pensar, deben analizarse como si son esperables para su edad, por ejemplo.

“El niño detrás del diagnóstico”

La segunda exposición estuvo a cargo de la licenciada en Psicología Giuliana Imperial, quien se refirió al impacto emocional del diagnóstico, las fortalezas y desafíos de los niños, el rol de la familia como principal sostén, las estrategias para acompañar la vida cotidiana y la importancia de la regulación emocional. “El diagnóstico por un lado alivia y a la vez trae inseguridades sobre cómo seguir; afecta la dinámica familiar”. Solemos tener una expectativa sobre ese hijo, por lo que el diagnóstico nos lleva a la aceptación o negación. “Por eso es muy importante conocer las herramientas que tiene una familia para acompañar, y desde dónde, ya que sin la colaboración de la familia no hay terapia que resulte; las estrategias para acompañar la vida cotidiana son fundamentales”. Hay que hacer foco en lo emocional para ayudar a regular la baja tolerancia a la frustración, la ansiedad, la vergüenza —sentimientos que se manifiestan en los síntomas, pero no son verbalizados—. Entre las herramientas disponibles, mencionó el entrenamiento para los padres, la voluntad para restituir el vínculo con ese niño, la necesidad de encontrar lugares de calma, tener en cuenta la sobrecarga del cuidador principal porque fragiliza el sostén, evitar entrar en un círculo coercitivo, controlar la exposición a las pantallas y darle al niño una consigna a la vez, entre otras.

“Cómo funciona un cerebro con TDAH”

El neuropediatra Pablo Suárez fue el tercer expositor de la jornada y explicó cómo funciona un cerebro con TDAH, de forma muy clara en la parte anatómica. “De la mitad del cerebro hacia adelante existe lo que se llama la hormona dopamina, que es fundamental para determinar las funciones del cerebro relacionadas con el lóbulo frontal, que es lo más evolucionado que tiene nuestro cerebro. Ya desde el primer o segundo mes de vida podemos saber si el lóbulo prefrontal se está desarrollando adecuadamente; lo vemos por ejemplo en el bebé que mira, que sigue con la mirada. Por otra parte, de la mitad del cerebro hacia atrás, funciona la hormona noradrenalina”.

“Como se trata de dos hormonas diferentes, a veces la medicación funciona de forma espectacular, a veces más o menos y otras veces no da resultado. Es porque algunos niños tienen mal funcionamiento del espacio correspondiente a la dopamina y otros, mal funcionamiento desde la mitad del cerebro hacia atrás. No siempre tienen que recibir la misma medicación”. Agregó que una inquietud muy frecuente en los padres es si no se puede diagnosticar con imágenes, y la respuesta es que “los estudios de imágenes no suelen mostrar cosas, porque las causas del TDAH son multifactoriales desde lo prenatal”. Suárez también destacó la importancia del lóbulo prefrontal, ya que maneja las funciones ejecutivas: planificación, organización, flexibilidad; lo que le cuesta al niño pone en evidencia la parte del cerebro que no está funcionando correctamente.

El diagnóstico puede realizarse desde los seis años en adelante, porque persiste en el adulto; lo que lleva a la conclusión de “que no es falta de inteligencia, ni de interés ni de integración, es un trastorno del neurodesarrollo que afecta mucho más que la escuela, afecta las relaciones familiares, las relaciones sociales, el rendimiento académico, la productividad, la autoestima, además de provocar conductas de riesgo. En cada etapa de la vida afecta aspectos diferentes”.

“El TDAH en el aula”

La cuarta conferencia estuvo a cargo de la licenciada María Victoria Ferrero, psicopedagoga, y estuvo centrada en las estrategias para una inclusión escolar efectiva. Basada en su experiencia como docente, planteó esas estrategias en tres preguntas: 1) ¿qué estamos viendo?, 2) ¿qué hay detrás?, y 3) ¿qué cosas podemos cambiar? “Las respuestas nos ayudan a comprender lo que le pasa a ese alumno, nos permite interpretar esas señales y podemos intervenir certeramente”, dijo.
Resaltó que las frases comunes que llegan de parte de los padres son: “no termina las tareas, se distrae todo el tiempo, interrumpe constantemente todo y en todo ámbito, pierde los materiales, sabe las respuestas pero no las dice”; esas son las conductas visibles y no tienen que ver con la capacidad de aprendizaje. Resumidamente, “lo que hay detrás de esas conductas es un muy bajo control, una memoria de trabajo afectada, fallos de planificación; al niño le cuesta poder poner el pie en el freno, no pueden pensar antes de actuar”.

Los educadores deben saber que estos niños necesitan una planificación diferente; no podemos darles el mismo tiempo para las tareas que a los otros, y también la evaluación debe ser diferente. “Es muy importante el apoyo visual para trabajar con ellos. El desafío no está solo dentro del niño; los docentes deben adaptarse, con una propuesta inclusiva para que el niño tenga las mismas posibilidades de aprendizaje”.

“Farmacología más allá del tabú”

La quinta y última conferencia de la jornada estuvo a cargo de la psiquiatra infantil Virginia Ourthé, quien se refirió a cuándo está indicado el tratamiento farmacológico, cuáles son los principales mitos y realidades, brindando una mirada que comprende al medicamento como una herramienta más del tratamiento integral.

“Cuando hablamos de psicofármacos, estamos hablando de obtener una respuesta a nivel del sistema nervioso. Debemos saber con anterioridad dónde está la disfunción, cómo están funcionando los neurotransmisores. Los fármacos apuntan a actuar sobre esos neurotransmisores, basados en ensayos clínicos y las evidencias de cuál es el indicado”. Aseguró que “la farmacología posee mucha evidencia que complementa los otros tratamientos y es parte de una estrategia multimodal”, por lo que puede asegurar que no es cierto que el niño va a dejar de ser él, no va a estar sedado, no pierde su esencia; por el contrario, mejora su funcionalidad. Tampoco generan adicción, si bien tienen un potencial de abuso si son mal utilizados.

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