Mal parados

Un artículo publicado en la página de la Organización Mundial de la Salud (OMS) da cuenta de un llamamiento urgente para que se llegue a un acuerdo internacional de preparación y prevención ante futuras pandemias. Si bien difunde, no es la organización la que está detrás de esta movilización que lleva la firma de más de un centenar de líderes mundiales, que pretenden que los gobiernos del mundo alcancen “un acuerdo internacional ambicioso y equitativo de preparación y prevención” ante futuras pandemias.

Según la publicación, son 23 expresidentes, 22 ex primeros ministros, un exsecretario general de las Naciones Unidas y tres premios nobel quienes están detrás de esta acción que se define como una “intervención de alto nivel para presionar a los negociadores internacionales” con el fin de que lleguen “de forma urgente a un acuerdo sobre pandemias, en el marco de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud”, para reforzar la preparación y la respuesta colectiva del mundo frente a futuras pandemias.

Entre los firmantes cita al exsecretario general Ban-ki Moon, la ex primera ministra de Nueva Zelandia, Helen Clark, los ex primeros ministros del Reino Unido, Gordon Brown y Tony Blair, entre otros, “de todos los continentes y ámbitos de la política, la economía y la gestión de la salud”.

La acción consistió en dar a conocer una carta abierta conjunta en la que instan a “acelerar los avances en las negociaciones en curso para alcanzar el primer acuerdo multilateral de la historia” sobre preparación y prevención frente a pandemias.

Argumentan que “únicamente un pacto mundial sólido frente a las pandemias puede proteger a las generaciones futuras de una repetición de la crisis de la COVID-19, que provocó millones de muertes y causó una devastación social y económica generalizada, debido sobre todo a la insuficiente colaboración internacional”, escriben los líderes en su carta conjunta.
Y repasan que en la “catástrofe generada por la COVID-19”, que oficialmente se cobró 7 millones de vidas y tuvo un costo de 2 billones de dólares (estadounidenses, la moneda y la medida) de la economía mundial, “se iniciaron negociaciones intergubernamentales entre 194 de los 196 países del mundo para llegar a un acuerdo internacional sobre la no proliferación de las pandemias en el futuro”. El plazo que se dieron fue hasta el mes de mayo de 2024, es decir, el mes que viene, para alcanzar el que sería el primer acuerdo mundial de este tipo.

Al respecto plantea la OMS que durante la semana pasada y la presente se desarrolla la novena ronda de negociaciones para llegar a acuerdos”. El documento suscrito por estos referentes internacionales anima a que se alcancen esos acuerdos, esperando que “su influencia combinada anime a los 194 países a mantener con valentía sus convicciones de los años de la COVID y a hacer realidad su ambición colectiva de establecer un protocolo internacional frente a las pandemias antes de la fecha límite prevista de mayo, a fin de que pueda ser ratificado por la Asamblea de la Salud en su reunión anual prevista para mayo de 2024”.
En la carta también instan a los negociadores a “no dejar que sus esfuerzos se malogren por una campaña malintencionada de desinformación contra la OMS, la organización internacional encargada de aplicar el nuevo acuerdo sobre salud”.

Un acuerdo sobre pandemias, argumentan, “aportaría beneficios enormes y universalmente compartidos, como un aumento de la capacidad para detectar agentes patógenos nuevos y peligrosos, el acceso a información sobre agentes patógenos detectados en otras partes del mundo y el suministro oportuno y equitativo de pruebas, tratamientos, vacunas y otras herramientas para salvar vidas”.

Es decir, se busca que los acuerdos permitan corregir mucho de lo que falló en la respuesta a la crisis del COVID-19, donde primaron las acusaciones cruzadas, el ocultamiento de información, las sospechas y sobre todo las ganas de algunos de hacer negocio a costas de la salud del mundo, lo que llevó al fracaso del Covax, la respuesta que se diseñó desde la organización mundial buscando garantizar que las vacunas llegaran a todos.
En un final nada sorpresivo, las empresas negociaron directamente sus productos con los estados en una obscena compulsa en la que algunos países reservaron vacunas por cantidades que excedían varias veces su población.
¿Por qué? Porque podían. Mientras otros se arreglaban como podían, o mejor dicho, como no podían.

Sumado a ello, como refiere la publicación de la OMS, estas negociaciones se dan en un contexto muy enrarecido que hay quienes atribuyen a una respuesta casi natural a la pandemia, que es este recelo no solamente hacia la OMS, porque es más profundo, es una especie de ataque generalizado hacia el mundo del conocimiento, hacia la ciencia, que en algunos países se ha expresado además de verbalmente —por supuesto—, también en violentos recortes de recursos estatales. Ocurre también en un contexto en el que son noticia de todos los días los conflictos bélicos, los que ocurren con fuego efectivo y cuyas bajas, militares y civiles, se cuentan por miles, y los que son una amenaza latente.

Por ello, alcanzar un acuerdo de este tipo entre tal número de naciones para sentar las bases de un entendimiento real para saber cómo debemos pararnos ante una nueva amenaza global sería todo un gesto simbólico. Aunque también puede ocurrir que nadie se entere de ello.

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