El rol protagónico del ingeniero alimentario para garantizar la inocuidad de lo que consumimos

Coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, desde hace algunos años en nuestro país el 16 de octubre también se celebra el Día del Ingeniero Alimentario, con el objetivo de promover y difundir esta carrera, que “estudia propiamente el desarrollo, la elaboración y la producción de alimentos”.

Según destacó la ingeniera agroalimentaria Antonella Goyeneche, esta formación es muy importante “a la hora de categorizar los alimentos, de decidir si un producto tiene o no riesgo para la salud, y cuáles son las cosas que hay que cuidar según cómo lo vayas a vender, el envase, la vida útil”, en productos tan comunes como “un alfajor, una mermelada o un jugo de naranja”, graficó.
Esta función es de suma relevancia “hoy en día porque el gastronómico es un rubro en el que casi cualquiera puede emprender, es una salida laboral válida para una cantidad de personas, sobre todo de mujeres por un cuestión muy de género”, observó. “Poder tomar decisiones para ver cómo se los ayuda, cómo se los apoya, cómo se puede mejorar ese producto, qué tiene que tener en cuenta para que no sea perjudicial para la salud, es total dominio del ingeniero alimentario”, especificó.
Determinar “si algo es riesgoso para la salud”, como por ejemplo cuáles deben ser las condiciones de conservación de un alimento, “es dominio nuestro”, agregó. “Es muy importante tener el conocimiento de base para fomentar el emprendedurismo y avanzar”, pero también “lo más seguras posibles, o sea, que no haya riesgo”, subrayó.
Para que un emprendimiento crezca y un producto se desarrolle, es necesario el acompañamiento de un técnico “que ayude al emprendedor a estabilizar ese producto, mejorarlo, ponerle una vida útil, ayudarlo a que dure lo más posible porque cada producto que pone en un envase y saca a la venta, es dinero que está invirtiendo, que no puede perder”, y en ese proceso obviamente “proteger la salud del consumidor”, apuntó.
El acompañamiento del profesional, tanto a nivel de emprendimientos, cocina comunitaria, restaurantes, “mejora las condiciones de crecimiento y de desarrollo como negocio y baja los riesgos de que sea un potencial problema sanitario”, subrayó.
En la región la carrera de ingeniero alimentario, de 5 años de duración, se puede cursar en la Universidad de la República, en la Universidad Católica y, en Argentina, en Concordia. En Uruguay esta formación se inició hace más de 30 años y hoy hay unos mil ingenieros agroalimentarios empleados principalmente en organismos regulatorios, en ejercicio libre en asesoramiento en proyectos de productos, en fábricas, en emprendimientos, en empresas vendedoras de empaque y en empresas elaboradoras de insumos para la industria alimentaria.