La nueva ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, asumió su cargo el pasado viernes, el mismo día en que –simbólicamente– lo hicieron todas las mujeres que integran el gabinete del gobierno de Yamandú Orsi, en vísperas del Día Internacional de la Mujer. Fue un acto en el que la secretaria de estado planteó pilares sobre los que pretende asentar su gestión al frente de la cartera con el objetivo de “avanzar hacia un desarrollo sostenible e inclusivo”.
El primero de estos cinco ejes es el “fortalecimiento del sector público como motor del desarrollo y garantía de soberanía”.
Suena extraño que el primer pilar sea la preocupación por el fortalecimiento del sector público en un ministerio cuya área de acción está directamente vinculada con la actividad privada, por más que no se puede desconocer que la principal empresa industrial del país es estatal y monopólica y que para muchos tiene que ver con los problemas de competitividad del Uruguay. Sin desconocer que el gobierno anterior llegó con la misión asumida de meter mano en esa situación sin lograr más que algunos objetivos menores y no los cambios estructurales pretendidos.
Cardona entiende que “el desarrollo del país no se logra con un Estado ausente”, sino con “planificación y acuerdos” y que el Estado debe ser “un impulsor de la innovación y el crecimiento sostenible”, ya que “es capaz de liderar, asumir riesgos y movilizar recursos para transformar realidades”. Mencionó como logros consolidados gracias al impulso del Estado a la transformación de la matriz energética y la de las telecomunicaciones, que han traído “no solo eficiencia”, sino también “soberanía”. Estos avances, agregó “fueron resultado de decisiones políticas claras, con inversión pública estratégica, y en estrecha colaboración con el sector privado”, señaló. A la vez que también expresó su voluntad de continuar con esta línea de “planificar el futuro con responsabilidad, asegurando que el Estado mantenga un rol estratégico en las áreas clave que definen nuestra independencia y nuestro bienestar”.
Sin embargo no se puede desconocer que detrás de estas transformaciones hay un rol muy significativo de empresas del sector privado que han desarrollado, innovado y arriesgado, y que ha tenido también un rol importantísimo la academia, la ciencia, sin cuya participación no se hubiese logrado nada, y de hecho la ministra lo menciona en su discurso como parte de estos cinco ejes. Reconocer que el Uruguay ha propiciado las condiciones, incluso a través de acuerdos interpartidarios de largo plazo que consolidan políticas de estado, es justo, pero no lo ha hecho solo. Y no es que la ministra lo esté desconociendo, es solo que no alcanza con que un gobierno diga “hágase”, si es que no están dadas las condiciones de mercado, que haya demanda y que eso que el mercado demanda se pueda ofrecer en condiciones de accesibilidad. Por ejemplo, todo este desarrollo en energías renovables no ha hecho que baje el precio de la electricidad, más bien lo ha encarecido porque el país asumió compromisos con los generadores privados, pero sin esos compromisos no se hubiese logrado toda esta transformación que hoy es orgullo nacional. El viento es gratis, los aerogeneradores, los transformadores, las torres y los cables de alta tensión, no. Tampoco el personal que los traslada, los monta, los mantiene y los vigila.
Es una buena señal el anuncio de que impulsará la creación del Consejo General de Industria, que abordará temas generales de “la industria y su futuro”, con la participación de los sectores público y privado, así como su anunciada intención de vincularse a través “de la escucha, el diálogo y la articulación”.
Los demás pilares de la gestión que inicia Cardona serán “promover un crecimiento definido como de triple impacto: económico, social y ambiental”, la “generación y consolidación de empleos de calidad”; la “descentralización con equidad territorial” y la “integración regional como estrategia de fortalecimiento productivo”.
Un anuncio concreto fue el cambio de nombre del Observatorio ministerial a Observatorio de Desarrollo, Producción de Empleo, que tiene implícito además un nuevo punto de vista y que se nutrirá con la participación de estudiantes terciarios con el objetivo de constituir “una herramienta clave para anticiparnos a los cambios del mercado laboral e identificar oportunidades en cada región del país”. Por otra parte planteó como meta ambiciosa que el país “no puede resignarse a ser solo proveedor de materias primas sin agregar valor” y, en cambio, es lo deseable tener “una industria fuerte y nacional, con encadenamientos productivos sólidos y con reglas claras y expeditivas que aseguren que la inversión privada pueda contribuir de la mejor manera al desarrollo del país”.
De nuevo, el rol de este ministerio es generar las condiciones para que luego los actores del sector privado desarrollen sus negocios. No descubrimos nada al decir que esta realidad hoy es compleja de cara al desafío que plantea Cardona, y que la industria –vaya si lo sabemos en Paysandú– está afrontando dificultades de competitividad que han quedado expuestas en la salida de Yazaki o en los problemas que recientemente puso de manifiesto la empresa química Isusa.
A la postre, un discurso de asunción plagado de buenas intenciones que no se pueden menos que compartir, más allá de matices, pero que omitió mencionar el problemático punto de partida agravado por las dificultades de competitividad y los problemas de inserción en mercados internacionales del país. Ojalá en cinco años tengamos que hacerle un reconocimiento público.

