La reciente muerte de una niña de tres años por gripe aviar, confirmada por la Secretaría de Salud de México, reavivó la discusión científica y popular sobre la posibilidad de una próxima pandemia causada por este virus.
A fines de marzo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió sobre los riesgos crecientes de la gripe aviar AH5N1 en la región de las Américas, debido a la detección de brotes en aves —más de 325 nuevos brotes en 19 países entre fines de enero y fines de marzo— y su reciente presencia en algunos mamíferos.
En una actualización sobre influenza aviar H5N1, el sitio web AviNews América Latina publicó un llamado de atención, indicando que entre 2022 y principios de este año, un total de 19 países y territorios en la región de las Américas han informado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la existencia de 4.713 brotes de enfermedad. Esta cifra, según el mismo informe, “refleja un incremento de 325 brotes adicionales desde la última actualización pública publicada por la OPS el 24 de enero de 2025”.
Durante este período, la presencia del virus ha sido identificada en aves silvestres y de corral desde Canadá hasta las Islas Malvinas, incluyendo países como Estados Unidos, Perú y Panamá. A su vez, recientemente se detectó el virus H5N1 en mamíferos, destacándose los contagios en vacas lecheras en Estados Unidos y en ovejas en Inglaterra.
Por otra parte, el año pasado se constataron contagios en seres humanos, registrándose más de medio centenar de casos en Estados Unidos. En este país, los contagios ocurrieron de una forma hasta ahora inédita: pasando de vacas a personas vinculadas a la actividad en granjas lecheras.
Evidentemente, en este escenario la principal preocupación es que el virus pueda mutar y adaptarse para transmitirse de forma masiva entre seres humanos, lo que podría desencadenar una nueva y grave crisis sanitaria.
El tema ha ganado relevancia y ha sido objeto de recientes comentarios por parte de expertos en salud pública y organismos internacionales. En estos ámbitos existe consenso respecto a que el mayor peligro sería la aparición de un patógeno altamente transmisible y letal, como por ejemplo un virus zoonótico que pudiera mutar y adaptarse para su transmisión entre personas.
En este sentido, no sería descabellado pensar que la gripe aviar pudiera fusionarse con un virus humano, dando lugar a una cepa más eficiente para propagarse entre personas. Además, ante la amenaza de una nueva pandemia, la resistencia microbiana podría dificultar el tratamiento de infecciones secundarias, complicando aún más el panorama. Algunos expertos —y también la OMS— estiman que la posibilidad de una próxima pandemia es muy alta, no solo por las amenazas antes mencionadas, sino también por las condiciones globales que facilitan la propagación de enfermedades infecciosas. Cabe señalar que las pandemias no son eventos aislados ni emergen de un día para otro sin relación con determinadas condiciones.
Por el contrario, responden a una serie de factores biológicos, sociales y ambientales. Entre ellos se encuentran el cambio climático, la creciente urbanización mundial, el comercio y desplazamiento global de personas, así como la estrecha interacción entre humanos y animales.
En este contexto, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que “el mundo está muy mal preparado para la próxima pandemia” y que los brotes de viruela símica, cólera, poliomielitis y la enfermedad por el virus de Marburgo son “recordatorios alarmantes” de que las enfermedades infecciosas siguen siendo un peligro real para todos los países. “La pandemia de Covid-19 fue un llamado de atención para el mundo: se cobró millones de vidas, destrozó las economías, llevó a los sistemas de salud al borde del colapso y perturbó la vida cotidiana de toda la humanidad”, afirmó, al tiempo que llamó a los países a tener en cuenta las enseñanzas de las emergencias sanitarias del pasado para preparar al mundo ante las que puedan venir en el futuro. Enfatizó la necesidad de construir sistemas de salud pública y atención primaria inclusivos y resilientes.
Esto debe interpretarse como una necesidad inminente, dado que el riesgo de nuevas epidemias y pandemias está siempre presente. Además del actual caso de la gripe aviar, no debemos olvidar que en 2024 América Latina y el Caribe enfrentaron la epidemia de dengue más severa de su historia, un recordatorio de cuán vulnerables seguimos siendo ante las enfermedades infecciosas. Otras regiones también han sufrido amenazas: por ejemplo, el brote de viruela del mono fue declarado emergencia mundial, aunque su impacto más grave sigue concentrado en África.
Prepararse adecuadamente para un mundo en constante alerta sanitaria no es sencillo, pero tampoco puede postergarse. Recordemos que en los países de nuestra región latinoamericana, la pandemia de Covid-19 evidenció profundas debilidades estructurales en la capacidad de prevenir y responder a emergencias. América Latina y el Caribe fue la región más afectada del mundo: con solo el 8,2 % de la población global, concentró el 25,5 % del total mundial de muertes por Covid-19, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Por otro lado, en tan solo cinco años desde el inicio de la pandemia, la ciencia —que también aprende de las crisis— ha avanzado notablemente en su capacidad para secuenciar genomas, así como en el desarrollo de fármacos y vacunas. Aun así, los expertos coinciden en que se necesita una mejor colaboración entre el mundo académico y el sector empresarial, así como mayor financiamiento público para el desarrollo de tecnología adaptable a la identificación de nuevos patógenos. La vigilancia epidemiológica, el financiamiento para la investigación científica y el fortalecimiento de los sistemas de salud deben ser pilares fundamentales en la preparación para enfrentar la próxima pandemia, sea cual sea.

