En la provincia de Entre Ríos se creó un ámbito de seguimiento de la plaga que está afectando –matando– las palmeras en nuestro país. Estiman que el insecto que ha ocasionado la pérdida de miles de ejemplares, el picudo rojo, se encuentra a diez kilómetros de la frontera. Es la aplicación práctica de aquello de poner las barbas en remojo cuando se vea arder las del vecino. Por cierto que no tuvimos esa posibilidad en nuestro país: cuando entendimos de qué se trataba todo, el problema estaba no solo instalado sino bastante desparramado. Esto no quita que se haya reaccionado con cierto letargo, por ejemplo, un ámbito como el que creó ahora Entre Ríos, recién se instaló en Uruguay en mayo de este año, fue en ese momento que el Ministerio de Ambiente elevó la amenaza a nivel nacional y dispuso la creación de un grupo de trabajo para el combate, reuniendo al Comité de Especies Exóticas Invasoras (CEEI). La primera información que publicó EL TELEGRAFO sobre el picudo rojo y el destrozo que ocasiona en las palmeras salió en la edición del 29 de junio de 2022, bajo el título ¿Por qué están muriendo las palmeras? y aludiendo a los ataques sufridos por ejemplares de nuestro departamento.
El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca del actual gobierno, Alfredo Fratti, comentó recientemente sobre este problema que en el inicio “se pensó que no iba a tener la dimensión que está alcanzando”. En 2024 el Poder Ejecutivo aprobó un plan de contingencia para hacer frente a la amenaza, un documento de 24 páginas que contenía una serie de medidas. El plan resultó insuficiente, a la vista está, y el insecto registra presencia en ocho departamentos: Canelones, Colonia, Durazno, Florida, Lavalleja, Maldonado, Montevideo y San José. Pero a ello hay que sumarle que, como se mencionó, en Paysandú se han apreciado también problemas con las palmeras, los que se atribuyeron no al picudo rojo, como se pensó inicialmente, sino al negro, que a diferencia del primero es una especie autóctona y que, como tal, tiene, por ejemplo, un depredador natural que lo controla, pero que ha mostrado un comportamiento inusual, desconociéndose por el momento si ello obedece a alguna mutación producto de una cruza con el otro insecto o a algún otro factor.
El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) se desarrolla en el interior del tronco de palmeras y cuando se instala en la base de la corona de hojas es que provoca el desprendimiento de las mismas con el triste y conocido resultado. Fratti dijo que el tratamiento para hacerle frente es muy caro y que la cartera está teniendo serias dificultades para resolver el problema.
La entomóloga Gabriela Grille Grille, directora del vivero departamental de la Intendencia de Montevideo, señaló que, considerando la cantidad de especies de palmeras que está atacando y la velocidad con que lo hace, la población del insecto en nuestro país es elevada. Pero el gran problema, planteó, es que, cuando el problema se hace visible es que el ataque ya es muy importante y a esa altura el daño es irreversible.
Las intendencias del sur del país han comenzado a aplicar algunas “terapias” para intentar preservar los ejemplares, como por ejemplo una “vacuna” que evita el ataque del insecto, o baños de copa, que es parecido a una fumigación pero que se realiza directamente sobre la copa y luego derrama hacia el resto de la palmera. Llegado el caso, se realiza también la extracción de palmeras muertas por el insecto para evitar que ese insecto se siga propagando, porque aun se puede reproducir después de muerta la palmera. Por eso se dispuso un sitio de enterramiento, donde se depositan a por lo menos dos metros bajo tierra.
En la reunión de mayo de este año se planteó la inquietud de cuál será el objetivo con el que se iría a trabajar, si trazar la línea en la protección de las palmeras y de los palmares nativos, o se buscaría una erradicación del insecto. Por lo pronto el intendente de Rocha asumió que el costo de una protección individual de cada ejemplar es inasumible, desde el punto de vista económico, pero también por la logística para alcanzar a las dos millones de palmeras.
Por supuesto que no se trata de resignarse y sentarse a ver como la plaga se propaga y pone en jaque los palmares, que no solamente son parte de la identidad para muchas regiones del país sino que además su valor ha sido largamente reconocido, e incluso las poblaciones de la flora autóctona gozan de una protección especial, dispuesta por la Ley N° 9.872, del año 1939.
La ciencia ha desarrollado las soluciones que hoy existen, que por ahora no alcanzan para remediar al problema pero sí para preservar ejemplares, y si ha de aparecer una solución que permita dar una respuesta más global, seguramente no será un remedio mágico sino el fruto del trabajo de nuestros investigadores. Pero recordemos que no siempre se han ganado estas batallas, aun habiéndoseles declarado la guerra frontal y cuerpo a cuerpo. Ahí están campando a sus anchas cotorras, palomas y jabalíes, entre otros animales, además de un grupo bastante grande de especies vegetales, la mayoría de las veces introducidas a conciencia y por voluntad explícita de las personas. En este caso, en el del picudo rojo, se desconoce el origen, de qué forma ingresó al país. Tampoco es que venga al caso ahora determinarlo, ni ponerse a reprochar por decisiones que no se tomaron en el momento oportuno, pero todo esto debiera de servirnos de ejemplo para no subestimar los problemas que enfrentamos, por más que se trate de solo un insecto.