Nuevos enfoques

El Ministerio de Salud Pública (MSP) dio a conocer las cifras actualizadas sobre mortalidad por suicidio e intentos de autoeliminación (IAE), correspondientes al año 2024. Lo hizo en el marco del Día Nacional de Prevención del Suicidio, el 17 de julio, pero además de ello, la cartera anunció que implementará una “nueva orientación de las políticas públicas” ante la constatación de la evolución negativa del fenómeno en nuestro país, a la vista de los datos recabados en este primer cuarto de siglo que estamos completando este año. Los datos fueron proporcionados por el Departamento de Estadísticas Vitales del MSP, en el caso de las defunciones, mientras que los de los intentos de autoeliminación, “se generan a partir del sistema digital obligatorio implementado en puertas de emergencia de todo el país desde octubre de 2022”.

Los números en nuestro país muestran que la tasa de suicidio fue en 2024 de 21,35 por cada 100.000 habitantes. Esto en sí representa una leve disminución “respecto al pico registrado en 2022 (23,2)”. Pero sin embargo se entiende que la tendencia general “desde el año 2000 continúa en ascenso”.
Otros datos del año pasado muestran, por ejemplo, que en el análisis por sexo, la diferencia es persistente persistente: en 2024, la tasa entre los hombres fue de 33,3 y para las mujeres de 10,1. “Una brecha que se mantiene de forma consistente desde el año 2000”. Si lo que observamos son rangos etarios, las tasas más altas se registraron entre personas mayores. “El grupo de 85 a 89 años presentó una tasa de 38,2 por 100.000 habitantes, seguido por los mayores de 90 años (37,6)”. En el tercer lugar encontramos al grupo de 20 a 24 años, “con una tasa de 33,2, la más alta registrada históricamente para esta franja etaria”. Este dato es señalado por la cartera como un indicador de la necesidad de continuar fortaleciendo las estrategias de prevención dirigidas a personas jóvenes. Una etapa vital que, además de que históricamente ha sido compleja, es particularmente susceptible ante fenómenos actuales por su vinculación a través de redes sociales y canales digitales, que son temas en los que todavía la academia viene “corriendo de atrás”.

Hay otra dimensión relevante que es la territorial. Esto es histórico y no ha tenido demasiada variación a lo largo del tiempo. “Los departamentos con mayores tasas de suicidio fueron Treinta y Tres (37,7), Río Negro (35,5) y Rocha (34,9)”. Y aunque se advierte que estas cifras pueden presentar variaciones significativas debido al tamaño poblacional de cada departamento, es decir, pocos casos en una muestra pequeña provocan alteraciones importantes.

En cuanto a los registros de intentos de autoeliminación, la tasa en 2024 fue de 161,74 por cada 100.000 habitantes. Esto marca un incremento en la comparación con la registrada en 2023 (132,42). “Este incremento podría estar vinculado a mejoras en los sistemas de registro, y no necesariamente a un aumento real de casos”. La información revela que, en una desagregación por sexo, “se observa que la tasa en mujeres (223,34) más que duplica la registrada en varones (96,48)”, es decir, no sigue la lógica de que a mayor cantidad de intentos, más autoeliminaciones concretadas. Tampoco son consistentes los datos entre intentos y autoeliminaciones cuando vemos la información por grupo etario, “los IAE se concentraron principalmente en adolescentes y jóvenes, especialmente entre los 15 y 19 años, seguidos por el grupo de 20 a 24 años”.

Si nos atenemos a estos datos, la impresión es que se trata de fenómenos aislados —no del todo, por supuesto— pero que no necesariamente variarán de igual manera ante diferentes políticas que se puedan implementar. De todos modos, el fenómeno del suicidio es muy complejo por la diversidad de motivaciones y circunstancias, casi que una por persona, podría decirse.

El Ministerio se encuentra en una etapa de evaluación de la Estrategia Nacional de Prevención del Suicidio 2021-2025, que fuera elaborada en el marco de la Comisión Nacional Honoraria, un proceso que, se estima, brindará insumos clave para el diseño de la próxima estrategia nacional, que abarcará el período 2026-2030.

“La nueva estrategia se construirá a partir de una revisión rigurosa de la evidencia científica nacional e internacional, e integrará como ejes prioritarios la participación intersectorial, la inclusión activa de la sociedad civil —en particular de sobrevivientes y personas con experiencia vivida—, la incorporación de la perspectiva de género, generaciones y territorios, así como la definición de recursos concretos para su implementación y una atención adecuada en el marco del Sistema Nacional Integrado de Salud”, adelantó la cartera.
También se evaluarán los abordajes psicoterapéuticos y psicosociales incluidos en el Sistema Nacional Integrado de Salud, “comparando los avances entre 2011 y 2024”. Se priorizará, además, “el fortalecimiento de la atención a personas con conducta suicida y a sus familias, así como la elaboración de protocolos específicos para situaciones de riesgo”. También se pretende fortalecer la Comisión Nacional Honoraria de Prevención del Suicidio, así como los Grupos Departamentales de Prevención del Suicidio.

Entre otras consideraciones y acciones previstas, se pretende abordar especialmente “el rol de los medios de comunicación”, en la medida que “está demostrado que una comunicación responsable puede tener un impacto positivo en la prevención”, por lo que “se impulsará un plan de actividades de sensibilización y capacitación destinado a periodistas y comunicadores, junto con la difusión de orientaciones y pautas para el tratamiento adecuado de este tipo de noticias”. Y no está mal que así acontezca, porque nadie nació con un don especial para manejar información en este tipo de circunstancias y tampoco es una materia específica de la formación de los profesionales de la comunicación. Sin embargo no podemos no mencionar que el fenómeno de la comunicación, y en este tipo de casos en particular, excede por mucho a los medios de comunicación. Aunque los medios formalmente establecidos decidamos no compartir por nuestros canales información sensible, como las circunstancias o la forma en la que se ejecutó una autoeliminación, no es garantía para que alguien la comparta en su perfil de X, o de Facebook o de la red que sea, o en un grupo de un servicio de mensajería, donde cualquier otro usuario lo puede ver sin ningún tipo de censura o precaución y cuantas veces quiera. Pero además allí cualquier persona puede hacer el tipo de comentario que le plazca y generar una nueva discusión sin ningún tipo de límite. Si el nuevo abordaje en el que piensa el MSP no incluye tratar de comprender y, en la medida de lo posible, orientar de alguna formar el comportamiento o la reacción de las personas frente a lo que se expone en las redes, en pleno siglo XXI, entonces seguirá sin encontrársele la vuelta al asunto.