La noticia aparecía en nuestra edición de ayer. El presidente de la República, Yamandú, Orsi llamó a parar la manija en torno a la violencia en el fútbol. Sus palabras son sabias, solo que hubiesen sido necesarias hace algunas décadas. Hoy no alcanza con parar la manija, o mejor dicho, con intentar parar la manija, porque hemos llegado a un extremo en el que la manija parece una locomotora desbocada. A modo de ejemplo, basta recordar que en Uruguay –mejor dicho, en Montevideo– hay tres radios deportivas, o debiéramos decir “deportivas”, así entre comillas, porque del único deporte que se habla es de fútbol.
En nuestro país, solo en la rama masculina hay una primera división y una segunda división que conforman el profesionalismo. También hay una tercera división —donde está Paysandú Fútbol Club— y una cuarta división —de la que este año nos enteramos porque empieza allí su trayectoria el equipo de Luis Suárez y Lionel Messi—. A eso hay que sumarle las divisiones formativas, en varias categorías hasta el Fútbol Infantil. También hay fútbol universitario con una cantidad de divisionales que se identifican con letras y que llegaban hasta la G. Después está la Organización del Fútbol del Interior, con sus ligas departamentales, en algunas ciudades con varias divisionales y las competencias interdepartamentales a nivel de selecciones y de clubes, que se acaban de definir. Siguiendo por el fútbol, hay también fútbol femenino, que no es profesional, con dos divisionales y sus categorías formativas que llegan también hasta el fútbol infantil y que también tiene competencias departamentales e interdepartamentales, y tenemos fútbol sala y fútbol de salón, que son diferentes competencias, y fútbol playa y hasta fútbol en silla de rueda.
Por fuera de eso tenemos los otros deportes que se practican. El orden de esta enumeración no implica ningún tipo de preferencia, pero tenemos remo, ciclismo, básquetbol, rugby, handball, vóleibol, automovilismo, y un largo etcétera. De todo ese abanico, en las radios deportivas y en las que no lo son, pero que tienen espacios dedicados al deporte, no hace más que hablarse sobre Nacional y Peñarol, Peñarol y Nacional. Y no importa que el campeón sea Liverpool. Igual hablan de Nacional y Peñarol, Peñarol y Nacional.
¿Es esa la causa de la violencia? Por supuesto que no. Esto funciona como el algoritmo. Las radios, igual que los canales, los diarios, las páginas web, las redes sociales, hablan de eso porque es lo que interesa a la mayoría, pero tiene un efecto retroalimentario.
Tenemos un problema de contaminación llamado Peñarol y Nacional, Nacional y Peñarol. Contaminación que tiene su demostración visual en el enchastre que hacen en las columnas y en las paredes y en cualquier cosa que se les cruce, su reacción natural frente a cualquier superficie es plasmar los colores que les nublan la mente. Y así como manchan cualquier pared o columna, hace rato han manchado la pelota. La han manchado de sangre, y no tienen la mínima intención de detenerse. Es que hay poco que se pueda hacer. Se han invertido millones de dólares en medidas de seguridad, en cámaras, en drones, en softwares, en horas hombre, en combustible; la Policía destina mil efectivos para tareas de control en un partido al que van 40.000 personas. Un policía cada 40 personas, y en realidad el grupo al que hay que controlar lo conforman unos ¿50?, ¿100? ¿200 por cada bando? Sí, bando, porque no son hinchadas, son más bien tribus, urbanas y todo lo que se quiera, pero tienen sus códigos, tienen esquemas propios de funcionamiento, de organización, de financiación y de defensa/ataque, no escatiman en ejercer la violencia que sea necesaria y no se detienen aunque perjudiquen al equipo cuyos colores usan de excusa para todo aquello. Porque los han perjudicado a ambos, los siguen perjudicando y volverán a hacerlo en el futuro, porque ya están más allá de la razón por la que surgieron y les dio identidad en el inicio de todo. Ya no hay retorno sin medidas extraordinarias. No alcanza con parar la manija, que por otra parte no está parando, sino todo lo contrario.
Orsi consideró “muy dolorosa” la muerte de las dos personas en Toledo (Canelones) y dijo que el crimen “poco tiene que ver con el fútbol”. Señaló que “lo que está pasando se toca, se vincula (con el fútbol) y tiene más que ver con la pasión y la violencia y otras cosas que de repente están relacionadas y capaz que se nos escapan”. A esta altura del partido, con todo lo que se ha invertido, estas cosas no deberían escaparse, no puede ser que no tengamos mínimamente un diagnóstico, una identificación de las personas detrás de esta violencia, tratándose de crimen organizado.
En mayo de 2023, organizado por la Universidad ORT, se realizó el encuentro Fuera de Juego, en Montevideo, en el que se abordó La violencia en el deporte en Uruguay y el rol de los medios, en el que participaron el fiscal Fernando Romano, el Lic. Alejandro “Lali” Sonsol, el Psic. Gabriel Gutiérrez, el Soc. Felipe Arocena y la Dra. Claudia Umpiérrez, bajo la moderación del periodista Jaime Clara (en el código QR está la información y un enlace a la transmisión que se hizo a través de YouTube).
Allí se afirma que la violencia en el deporte “es un fenómeno sociocultural, político e interseccional que ha marcado y definido algunos de los episodios más nefastos alrededor del globo, pero ha resultado particularmente funesto en la región sudamericana. El caso de Uruguay no dista de ser excepcional y teje un entramado de tragedias en las que múltiples sectores de la sociedad se han visto involucrados directa e indirectamente”.
Arocena señaló durante su exposición que siempre hubo violencia en torno al fútbol. De hecho el primer muerto se registra en 1924, y en 1905 hubo un partido suspendido por invasión de las hinchadas al campo de juego. “La violencia histórica en el fútbol estaba mucho más asociada a situaciones espontáneas y no organizadas. Hoy en día la violencia es mucho más organizada, vinculada fundamentalmente a las barras bravas y al narcotráfico, y se manifiesta mucho más afuera de los escenarios deportivos”.
Por esto, ese pedido de Orsi de parar la manija, es sin duda por donde hay que tratar de empezar a desinflar el globo, pero nadie dude que no alcanza con ello y que si bien no lo van a terminar, porque es a la postre su área de negocio, no nos van a devolver el deporte que tienen secuestrado.