Recientemente el Comité de Política Monetaria (Copom) del Banco Central del Uruguay (BCU) decidió un nuevo recorte en la tasa de política monetaria (TPM): fue de 50 puntos básicos y pasó de 8% a 7,5%. Esa cifra, informaron, es cercana al “entorno de la neutralidad”, instancia en la que no contrae ni expande a la economía, de acuerdo al criterio técnico de los integrantes del comité.
Debe tenerse presente que uno de los insumos que el BCU utiliza para modificar la TPM es el comportamiento de la inflación, con una meta que se definió en 4,5%. En una charla con periodistas, el presidente del BCU, Guillermo Tolosa, señaló que “está algo por debajo de lo que esperábamos y se prevé que siga bajando en los próximos meses”, por lo que surgió una situación “bastante inédita”: “por primera vez existe el riesgo de subcumplirla” (quedar por debajo de la meta o undershooting).
El jerarca evaluó que “una inflación más baja del 4,5% es buena para el país, y yo dije que nuestra aspiración durante el mandato era bajar esa meta. Todo eso sigue siendo cierto, pero hoy estamos mandatados a una meta del 4,5%, esa sigue siendo la meta. Por primera vez vemos riesgos de ‘errarle por debajo’”.
De cara a este escenario, el BCU prevé avanzar con nuevas reducciones a la TPM, dado que “la realidad macroeconómica actual y las proyecciones de inflación” llevan a que las autoridades crean necesario “progresar hacia una instancia expansiva de la política monetaria”. Con una TPM que se colocaría por debajo de la neutralidad, lo anterior implicaría que el BCU “está, en efecto, haciendo un esfuerzo de expandir la economía para que la inflación converja hacia la meta”.
Una dificultad, sin embargo, radica en determinar cuál es exactamente la tasa de neutralidad, dentro de la relatividad del término, porque en la economía hay factores que se interrelacionan, inciden las expectativas, y no siempre dos más dos son cuatro. Así, Tolosa explicó que, a pesar de “estar claro el concepto”, es un “inobservable” e implica “ciertos niveles de incertidumbre”.
Sobre la posibilidad de ir hacia una meta de inflación más baja, dijo que continúan “convencidos de que es un objetivo importante para el país”, pero también lo es “no tener cambios en las reglas de juego”, porque hay “una serie de agentes económicos que toman decisiones con base en esa meta”.
Pero por más vueltas que se le dé, un punto clave es el precio del dinero, es decir las tasas de interés, y con una inflación en descenso es evidente que las ya muy altas tasas de interés que se cobran por créditos en el sistema bancario –y aún más las casas de crédito– encarecen el dinero y a la vez dejan a los actores económicos con pocas ganas de emprender ante la brecha entre la inflación y el interés que se cobra en el mercado, solo por apuntar un parámetro que debe tenerse siempre presente.
En cuanto a los factores que explican el comportamiento descendente de la inflación, en primer lugar el jerarca se refirió al tipo de cambio como “un factor importante” y dijo que “no se esperaba el tipo de cambio cayendo por debajo de 40”; y que por primera vez la apreciación cambiaria “representa un desafío para el BCU” en el cumplimiento de la meta.
Es que aunque el titular del Central no lo señala específicamente, desde hace varios lustros los respectivos gobiernos están utilizando el tipo de cambio como ancla para la inflación, en un país además donde el valor del dólar es determinante para la relación de precios, y esta revalorización de nuestra moneda ha generado que nuestro país cada vez resulte más caro en el concierto internacional.
Otro elemento a considerar es que a partir de la asunción del cargo de presidente del Banco Central del Uruguay por el Ec. Guillermo Tolosa, el jerarca ha mantenido una postura en sintonía con su visión de “desdolarizar” la economía, en el sentido de reducir sustancialmente los ahorros que tienen en dólares los uruguayos, sosteniendo que quienes se han mantenido en la divisa norteamericana todos estos años han perdido mucho dinero por desvalorización, por cuanto la cotización se ha mantenido estable e incluso ha bajado, en tanto si se hubieran pasado a unidades indexadas hubieran tenido una renta significativa de este dinero.
Y no le falta razón, pues los datos así lo demuestran y quienes ahorran en dólares, a la cotización de hoy, tienen menos valor en sus ahorros que si lo hubieran hecho en unidades indexadas, y esta postura, ha sido reafirmada por Tolosa en entrevista con medios de prensa. Tolosa sostuvo que a partir de 2026, comenzarían a regir algunas de las políticas para fomentar la desdolarización del Uruguay, y entre otros aspectos mencionó aplicar mayores cargos de capital a bancos para préstamos en dólares a empresas no transables (aquellas que no comercian con el exterior): “así vamos a reducir el interés de los bancos por recoger depósitos en dólares e incentivarlos a que tomen más depósitos en pesos”, dijo.
En otra parte de sus conceptos analizó que en Uruguay casi el 70 por ciento de los depósitos bancarios son en dólares, lo que lo convierte en el segundo país del mundo con mayor proporción de moneda estadounidense. “El tipo de cambio introduce ruido y volatilidad en mi capacidad de consumo local”, señaló Tolosa y agregó que por ese motivo, durante 30 años los uruguayos perdieron casi la mitad de su poder adquisitivo: “así de dramático es lo que estamos dejando arriba de la mesa los uruguayos por no confiar en nuestra propia moneda”, destacó.
Como contrapartida, debe tenerse presente que los préstamos en pesos en el circuito bancario son caros, con intereses que multiplican la inflación, y que por ende hay elementos distorsivos en el sistema financiero que es necesario evaluar en su globalidad. El tema radica en que estos valores de inflación bajos no están sólidamente sustentados en una economía saludable y con equilibrio fiscal, por ejemplo, sino que se ha venido utilizando el dólar subvaluado como variable de ajuste, como un ancla para mantener los precios en determinado nivel, con un tipo de cambio atrasado que nos ha convertido y reafirmado que somos un país caro a la hora de las transacciones internacionales, con una pérdida de competitividad y valor agregado encarecido, lo que conspira contra el empleo y la dotación de valor agregado dentro de fronteras.
Está de por medio el factor cultural, porque tanto en Uruguay como en otras partes del mundo, se utiliza el dólar, como así también el oro, como una moneda de refugio ante el riesgo de quedarse en moneda nacional, y por ende, hay un eventual sacrificio de intereses inmediatos para pensar en el largo plazo, como justificación de esa elección.
Por fuerza de los hechos y por costumbre el ciudadano medio, los empresarios, los inversores, el consumidor, cuando maneja moneda nacional, lo hace con la conversión mental a dólares como moneda constante y comparativa de valores reales. Es impensable que el uruguayo medio “desdolarice” su mente, se aísle del contexto de relación de valores, para supuestamente sumergirse en la realidad regional de las monedas locales, como si el dólar no marcara la real relación con el mundo que nos rodea, sobre todo en un país de economía tan dependiente y vulnerable como el nuestro. De ahí la relatividad de las medidas de “neutralidad” para no influir en la economía, porque las expectativas de los operadores no siempre van alineadas con los cálculos para regular la expansión monetaria.