En Plaza Constitución, Paysandú renovó el ritual del 2 de enero con memoria y un mensaje hacia el presente

Plaza Constitución volvió a llenarse de voces, música y memoria anoche, en un acto organizado por la Intendencia para conmemorar la Defensa de Paysandú. La escena, a la vez solemne y cotidiana, tuvo algo que solo pasa en estas tardes de conmemoración, con la historia en primer plano, pero con la vida de todos los días alrededor.

Había familias sanduceras ocupando los bancos de la plaza, algunas con sillas plegables, otras paradas en ronda, con niños pedaleando en bicicleta y la fuente central funcionando a pleno, con sus chorros rodeando la estatua del general Leandro Gómez. La imagen resumía el espíritu del encuentro, ese homenaje comunitario, de cercanía, en el mismo punto donde la ciudad ha aprendido a mirar el pasado sin dejar de ser presente.

La actividad comenzó con la actuación de la Banda Municipal José Debali, que aportó el primer clima de ceremonia. Más adelante, una intervención artística recreó el momento culminante de los combates finales, que desembocaron en la captura del general Leandro Gómez. Ese pasaje, llevado a escena, hizo que por un instante la plaza cambiara de ritmo, el tronar de las bombas dominó, y la atención se volvió unánime.

OBERTI: “TIERRA HEROICA” COMO IDENTIDAD Y COMO TAREA

El historiador Andrés Oberti abrió la parte oratoria con una intervención titulada “Claro que Tierra Heroica”. Desde el inicio, puso el acento en el valor simbólico del lugar, la plaza como un espacio “sagrado” para la memoria sanducera, y el 2 de enero como fecha que condensa el sentido del episodio de 1864–1865 y, a la vez, de otras defensas anteriores.
Oberti recordó que aquel 2 de enero de 1865 dejó también una marca oscura, el asesinato de prisioneros indefensos “fuera de toda ley de guerra”, aun cuando la lucha ya había terminado. Señaló, sin embargo, que hubo gestos que evitaron una tragedia mayor, aludiendo a figuras que se interpusieron ante la violencia desatada.

Pero el giro más llamativo llegó cuando aclaró que, para pensar la Defensa, él no se quedaba únicamente con el 2 de enero. “No elegí el 2 de enero, sino el 31 de diciembre”, dijo, para situar allí el comienzo de la batalla más larga y desigual. En ese marco recuperó la consigna que atravesó aquellos días, la de “independencia o muerte”, no como frase decorativa, sino como decisión concreta ante lo inevitable.
Hacia el final, Oberti llevó la conmemoración al presente. Sostuvo que Paysandú ya tiene una marca identitaria reconocible, “Tierra Heroica”, y defendió la continuidad de una consigna que, a su entender, ordena esa identidad. “No la cambiemos más”, planteó, y propuso sostenerla por encima de administraciones y coyunturas.

En esa misma línea, enumeró desafíos actuales que, según su mirada, ponen a prueba a la ciudad, como la desocupación y el centralismo. En un pasaje especialmente cercano para el público local, citó una frase reciente del intendente como consigna cotidiana de resistencia económica, cuando dijo que “acá no se resiste que cierre un kiosco más”.

Y mencionó, de forma explícita, a EL TELEGRAFO, al recordar su papel histórico en la discusión pública sanducera. Afirmó que este diario lleva más de un siglo insistiendo contra el centralismo, entendido no solo como distancia, sino como una “mentalidad” que condiciona oportunidades.
Como cierre de ese razonamiento, Oberti recurrió a una anécdota para mostrar que el centralismo no siempre se expresa como distancia física, sino como una forma de mirar el país. La ubicó en 1895, cuando Juan Idiarte Borda presidía la República, y relató un hecho sucedido en relación a María Escolástica, mujer vinculada a la historia artiguista y a la Defensa de Paysandú, donde perdieron la vida dos de sus hijos. Ya mayor y “encorvada por los años, pero más por la vida”, vivía en las afueras de Montevideo. Al enterarse de su presencia allí, contó Oberti, el presidente quiso conocerla y le envió un emisario en coche para llevarla a Casa de Gobierno. El mensajero le explicó el motivo. Ella respondió con una frase que todavía funciona como síntesis, expresando que estaba “encantada, pero dígale que mejor venga él, porque estamos a la misma distancia”. “¡Viva Paysandú, tierra heroica!”, dijo al final.

OLIVERA: “NO SOLO VENIMOS A RECORDAR; VENIMOS A VIVIRLO”

Luego tomó la palabra el intendente Nicolás Olivera, quien dijo que el 2 de enero es una oportunidad para recuperar perspectiva.
Olivera dijo que el desafío, año tras año, es que la repetición no “insensibilice”, que la historia, por conocida, no pierda dimensión. Y propuso un puente emocional directo, la imagen de una madre o un padre que se interpone ante el peligro para salvar a un hijo. Desde ahí, elevó la idea hacia la causa colectiva, haciendo hincapié en “cuánto amor se necesita para ofrecer la vida por la patria, por la libertad de todos”.

En el centro de su mensaje dejó una definición clara, pues “la forma de honrar la historia es estar a la altura de sus exigencias”. Para el intendente, hoy no hay cañones ni bombardeos, pero “sí existe el riesgo de descuidar valores que sostienen la convivencia: pertenencia, compromiso, comunidad”.
En ese tono, convocó especialmente a que la fecha sea pedagógica “para los más jóvenes”, y lo dijo con una frase que funcionó como síntesis del acto, sosteniendo que “un 2 de enero no solo venimos a recordar; venimos a vivirlo y venimos a aprenderlo”. “¡Viva la defensa!”, dijo al final, entre aplausos.
Y cuando el acto se disolvió en la tarde, la fuente siguió encendida, los niños volvieron a girar en bicicleta y la plaza retomó su pulso habitual, con esa sensación particular que dejan estas fechas; la historia no queda lejos, camina entre la gente.

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