El próximo viernes se cumplirán 100 años del nacimiento de Humberto Megget, poeta sanducero cuyo nombre continúa creciendo en la literatura uruguaya. Nacido en Puntas del Gualeguay el 1º de mayo de 1926, falleció en Montevideo el 5 de abril de 1951, víctima de tuberculosis, poco antes de cumplir 25 años y siendo casi un desconocido. Su obra –breve, intensa y profundamente original– tardó décadas en encontrar a sus lectores. Considerado “el poeta olvidado” de la llamada Generación del ‘45, durante su vida apenas llegó a publicar un libro, Nuevo sol partido (1949).
Criado en parte en Paysandú y luego en Montevideo, por su tía Victoria Megget, su vida estuvo marcada por zonas de silencio, con una historia familiar compleja, una relación distante con sus padres y una personalidad reservada. Sin embargo, en el plano intelectual se movió en un círculo fértil, junto a amigos como el pintor Manuel Aguiar, el filósofo Juan Fló o el poeta Carlos Brandy. Frecuentó además el taller de Joaquín Torres García, donde entró en contacto con ideas de estructura, síntesis y vanguardia que marcarían su escritura. También estuvo influido por José Parrilla, en un proceso de rápida asimilación que derivó en una poesía de sorprendente madurez.
Su obra, atravesada por el ritmo y una búsqueda constante del “canto”, se apartaba de las líneas dominantes de su generación. Como señalaría más tarde Mario Benedetti, Megget trabajaba con palabras cotidianas que, gracias al impulso rítmico, adquirían una nueva resonancia. Sus poemas, muchas veces breves y sin título, parecen escritos para ser dichos en voz alta. En sus últimos meses escribió algunos de sus textos más intensos, atravesados por una creciente conciencia de la muerte.
Una voz que se hizo canción
Si en vida pasó casi desapercibido, tras su muerte comenzó un lento proceso de reconocimiento. Una figura decisiva en ese camino fue Idea Vilariño, quien primero se acercó a su obra como lectora y más tarde asumió el trabajo de edición y resguardo de sus textos. Gracias a su impulso, en 1952 apareció una nueva edición ampliada de “Nuevo sol partido”, que incorporaba materiales inéditos. En más de una ocasión, Vilariño sostuvo que, de haber vivido, Megget habría sido “uno de nuestros primeros poetas, si no el primero”. Mario Benedetti, por su parte, lo incluyó entre “lo mejor de nuestra poesía”, aunque señaló el injusto olvido que lo rodeó durante años. Ese olvido fue, en buena medida, el destino inicial de su obra. Ajeno a la dinámica literaria de su tiempo, Megget no buscó insertarse activamente en el medio: su escritura parecía responder a otra urgencia.
Uno de los rasgos más singulares de la obra de Megget es su dimensión sonora. Por eso no es casual que, décadas después, sus textos encontraran una nueva vida en la canción popular, musicalizados por artistas como Eduardo Darnauchans, Gastón Ciarlo, Numa Moraes, Washington Carrasco, Luis Trochón, Omar Romano, Andrés Stagnaro o Rossana Taddei, entre otros.
Rescates desde Paysandú
Desde la década pasada, en Paysandú se han desarrollado diversas iniciativas orientadas a recordar y poner en valor la obra de Megget, devolviendo su poesía al ámbito comunitario. Las investigaciones del docente y ensayista Pablo Rocca habían permitido reconstruir su biografía y reunir su obra completa, publicada en distintas ediciones desde 1991. Pero en el caso sanducero, el rescate fue más allá de lo académico. En el Espacio Cultural Cíclopes, desde 2015 y durante varios años, cada 1º de mayo se organizaron actividades para compartir su poesía y reflexionar sobre su vida y su obra. La poeta sanducera Ana Rocha, fundadora y referente de Cíclopes, destaca especialmente algunos aspectos de la obra de Megget. “Su poesía es música. Es rítmica, juguetona, luminosa; tiene algo muy lúdico”, dice. Uno de los aspectos que más sorprendía en aquellas lecturas era el impacto en jóvenes y niños. “Siempre nos llamaba la atención cómo reaccionaban los niños. Sus imágenes nos llevan a la infancia, a ese descubrimiento de lo natural, a la simpleza de observar lo cotidiano desde el asombro”. Rocha subraya además que esa aparente sencillez convive con una dimensión más profunda: “Es un buen poeta para trabajar con niños, pero también invita a los adultos a otros niveles de lectura. Tiene una profundidad que te permite entrar en un viaje más existencial”.
En 2016, un proyecto de lectura en el Centro Juvenil Estrella del Sur acercó la poesía de Megget a jóvenes de la ciudad y dio lugar al audiovisual “Ahora que todo gira”, realizado con apoyo de la Usina Cultural Paysandú y con la participación de colectivos culturales, músicos y vecinos. Todos esos procesos dieron forma a un movimiento que impulsó la reedición de la obra completa de Megget, en 2019, con apoyo de la Intendencia de Paysandú. Esa edición incorporó nuevos datos sobre el origen del poeta y motivó la reescritura del prólogo, profundizando el conocimiento sobre su vida. Un aporte fundamental en ese sentido fue el de Ana Rocha, quien logró acceder, en registros locales, a la partida de nacimiento de Megget, hasta entonces desconocida.
El año pasado, la editorial Estuario publicó una nueva edición de “Nuevo sol partido”, que abarca la obra completa del poeta, nuevamente al cuidado de Pablo Rocca. Cien años después de su nacimiento, la poesía de Megget sigue expandiéndose. Tal vez, como escribió Mario Benedetti, su destino era ese: sobrevivir al tiempo, hasta que otras generaciones devuelvan su obra al lugar que merece.


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