Cuando Rodrigo Romano era el relator oficial del fútbol uruguayo y hacía dupla con el comentarista Juan Carlos Scelza, entre varios dichos que aportaron al habla popular está el de la amarilla con pecas. Cuando el árbitro de turno sacaba una amarilla, Romano anunciaba “¡Limón!”, y cuando la indisciplina se penaba con la expulsión, el relator cantaba “¡Frutilla!” Pero cuando el analista evaluaba que la sanción se había quedado corta, indicaba que era una amarilla “con pecas”.
Basta ver las páginas de la sección Policiales de EL TELEGRAFO para comprobar que este Mayo Amarillo 2026, en Paysandú, está salpicado de pecas. La más grande de ellas el siniestro en el que falleció un niño que circulaba sin el sistema de retención infantil obligatorio en un vehículo que conducía su progenitor bajo los efectos del consumo de alcohol.
El Movimiento Mayo Amarillo nació en 2014, en Brasil, como una iniciativa para “llamar la atención de la sociedad sobre la alta tasa de muertes y lesiones en el tránsito en todo el mundo”, pero en especial en ese vecino país, el de mayor población de la región, donde la accidentalidad es un problema acorde a esta proporcionalidad. “En Uruguay, una persona pierde la vida en el tránsito a cada día; en Brasil, una persona pierde la vida en el tránsito cada 15 minutos”; además de ser un comparativo, ese comentario ilustra la dramática situación que motivó en Brasil el surgimiento de esta iniciativa global “que busca sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de un tránsito seguro, promoviendo comportamientos responsables y la prevención de accidentes viales”, como indicó Paulo Guimarães Jr., el director ejecutivo del Observatorio Nacional de Seguridad Vial de Brasil, quien estuvo en Montevideo en el lanzamiento internacional del Mayo Amarillo 2026.
La elección del mes de mayo se debe a que la propuesta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuando decretó la Primera Década de Acción para la Seguridad Vial, se formuló el 11 de mayo, en el año 2011. El amarillo, a su vez, “simboliza atención y también la señalización y advertencia en el tránsito”. El lazo, amarillo en este caso, es símbolo del Movimiento, es un signo reconocido mundialmente como un llamado a comprometerse, representando numerosos movimientos, lo que los diferencia es el color, pero siempre sirve para alertar a la sociedad y llamarla a comprometerse con un tema que requiere toda la atención.
La idea está muy bien, y en los primeros años dio muy buenos resultados, tanto en Brasil, con cifras de mucho impacto, como en Uruguay. De hecho, si se aprecian las gráficas empleadas en las presentaciones tanto de Guimarães Jr. como de Marcelo Metediera, el presidente de la Unidad Nacional de Seguridad Vial, las curvas son prácticamente idénticas, con un descenso de inmediato al inicio de la Primera Década de Acción para la seguridad vial, con un piso en 2019 –en Uruguay fue en 2020; aunque en ese año también estuvo la pandemia, que redujo el movimiento vehicular– y desde entonces un repunte tanto en la cantidad de siniestros como en la de lesionados.
En Uruguay, el Movimiento Mayo Amarillo “cobra vida a través de cientos de actividades y propuestas de concientización que las Unidades Locales de Seguridad Vial, centros educativos, organizaciones, organizaciones sociales, empresas y entidades gubernamentales”, que en su conjunto llevarán adelante más de 140 actividades.
Ahora bien, ¿es lo mismo el Movimiento Mayo Amarillo en Uruguay que en Brasil? En principio parece bastante evidente que las metodologías son diferentes. En Brasil está definido por actividades que se basan en tres ejes de actuación; Investigación, Desarrollo e Innovación.
La lógica es desarrollar conocimiento técnico sobre el problema de la siniestralidad, a partir de la investigación científica, “generando datos y evidencias para la fundamentación de políticas de seguridad vial”. Luego viene una instancia de generar impacto social, en la que a partir del conocimiento generado en la etapa de Investigación, Desarrollo e Innovación “se promueve el compromiso y la concienciación de la sociedad mediante campañas, publicaciones, capacitaciones y eventos de movilización”. Y luego viene una fase de llamado a la acción, que supone la utilización “del conocimiento y del compromiso social para influir en decisiones públicas en favor de la promoción de la seguridad vial”.
Por más que las cifras sean abrumadoras en ambos países en estos momentos, las de Brasil mucho más por una razón de escala, ni que hablar, con un incremento, por ejemplo, del 91% en la cantidad de automóviles y casi una paridad en la relación autos motos –en Uruguay son más del doble de autos que motos–. Nos cuesta dimensionar el tamaño de Brasil, enorme en territorio y en cantidad de población. En los últimos 14 años la cantidad de motos creció en 135 millones. No estaban preparados. Para el observatorio brasileño que dirige Guimarães Jr. hay un dato significativo que muchas veces se pasa por alto y es el de la relación entre los fallecimientos en el tránsito y la cantidad de vehículos del parque automotor. Si tomamos este dato como referencia, la caída en la cantidad de fallecidos en relación con el crecimiento del parque automotor, la reducción fue del 50%. Pero claro, nunca lo medimos de esa manera sino en función de la cantidad total de siniestros, lesionados y fallecidos. Ahora bien, siempre terminamos en lo mismo, para la familia que pierde uno de sus miembros, padre, madre, hijo, hermano, estos porcentajes son relativos, por no decir despreciables, porque para ellos esa pérdida será del 100%.
Tal vez las acciones con los niños en las escuelas, que se hacen desde hace más de 30 años, hayan dado resultado en prevenir un mal mayor, aunque es incomprobable. Hemos tenido además mano dura y mano blanda en diferentes períodos y no da la impresión de que la aguja se haya movido demasiado. Para colmo de males, de un tiempo a esta parte parece haberse instalado una lógica político partidaria en cuanto a la actitud frente al problema del tránsito, y aunque celebramos que el tema esté en la agenda de los partidos, no parece que fuese esa la mejor forma de buscar soluciones. El asunto requiere de un gran acuerdo multipartidario y tomar las acciones que se requieran en forma sostenida y sin hacernos trampas al solitario.